miércoles, 17 de diciembre de 2014

EL ESPIRITU DE LA NAVIDAD PRESENTE


Hoy de nuevo os iba a hablar del dichoso tema de la conciliación laboral inexistente. Iba a entrar otra vez a ese trapo que tanto me cabrea porque leí que el Gobierno, de cara a 2015, ha decidido “premiar” a las familias numerosas con una deducción adicional de 1.200€.
De nuevo, iba a soltaros mi discurso cabreado de que, las mujeres no queremos peces, queremos que nos dejen pescar. Que viene muy bien toda ayuda pero que sería mucho mejor si implementaran, y obligaran a las empresas a cumplir, unas medidas que no imposibilitaran o dificultaran el deseo de muchas mujeres de trabajar fuera de casa y criar nosotras mismas a nuestros hijos.
Pero no. No porque esta mañana, en un semáforo, un chaval de unos veintitantos años, me ha demostrado que existe el espíritu navideño y que, seguramente a él, le dure todo el año.
En ese semáforo, siempre hay gente pidiendo limosna. De repente, este chico se ha bajado de su coche, ha abierto el maletero y ha sacado una caja alargada, parecida a las que daban las empresas como cestas de Navidad, y se la ha entregado al señor que pedía limosna.
Tal cual.
Se ha vuelto a subir a su coche. El mendigo le ha dado la mano y las gracias y él ha seguido su camino, satisfecho de haber mitigado por un tiempo el hambre y la necesidad de esta persona y su familia.
¡Ay! ¡Qué mundo más bonito si fuéramos todos iguales!
No se puede juzgar a una persona, ni para bien ni para mal, por una sola acción pero, hoy yo, a este chico, le pongo un monumento. Porque sí. Porque le ha devuelto la esperanza a esa persona harta de pedir limosna y de que todos se la neguemos.
Me gustaría pensar que las nuevas generaciones serán mucho más humanas que las anteriores. Me gustaría pensar que serán ellas las que acaben con las injusticias y la pobreza en el mundo. Me encantaría pensar que incluso ellos, serán capaces de implantar esta dichosa conciliación laboral que me tiene a mal traer.
Hace poco, un niño me devolvió la confianza en el ser humano cuando ayudó a cruzar la calle a un invidente (podéis leerlo aquí) y hoy, este chaval, me ha ratificado que ellos serán los que consigan que la tierra gire hacia el lado contrario.
Ellos, los buenos, los generosos, los pacíficos, los humanistas, son la mayoría. Ellos serán los rebeldes del futuro. Una rebeldía bien direccionada, sin artificios, que acabará con tanta gilipollez, corrupción, violencia, pobreza, injusticia, desequilibrio, y hará que este mundo de locos vuelva a funcionar como debería. No estará exento de tocapelotas porque acabar con esos será complicado. Pero, estos inútiles de la vida, serán los menos. Serán minoría.
Y, nuestros nuevos héroes anónimos, tendrán otras causas por las que luchar pero seguro que esas causas no te miraran con ojos de hambre y tristeza mientras te cebas o te calientas con mantas de mil euros. 

Y lo digo con el corazón encogido tras la barbarie de Pakistán en la que, esa panda de asesinados talibanes, ha matado a sangre fría a unos 130 niños.  Esos, que serían los rebeldes de su país han muerto porque una panda de borregos asesinos no ve más allá de sus narices y confunden la velocidad con el tocino. Porque matando la savia nueva que haría de Pakistan un nuevo país, ellos, los asesinos, podrán continuar en esa lucha vana y sin sentido. Porque lo único que saben hacer es matar. 

Hoy, el fantasma de la Navidad presente, se ha materializado delante de mí y me ha enseñado que todavía existen personas que, aunque cueste creerlo y al menos, en nuestro país, valen la pena.

viernes, 12 de diciembre de 2014

REMANTANDO EL FINDE EN SALAMANCA CON LOS NIÑOS


Pues vamos a por la segunda parte de este estupendo viaje que os animo a todos a realizar pero en fechas más primaverales para aquellos a los que no les guste el frío. Para lo que sean amigos aférrimos de los plumas y ni la lluvia, el frío o la nieve, les desanime, Salamanca es un lugar con mucho encanto en invierno porque parte de su atractivo es, ese frío increíble.

A la mañana siguiente nos levantamos felices de contemplar, desde las ventanas de nuestra habitación, el río Tormes con su magnífico Puente Romano. Desayunamos como si no hubieramso comido en cien años, que no hay nada que le guste más a los niños (y a los mayores) que el desayuno-buffet de un hotel, y de allí caminito andandito a nuestra primera parada: el Museo Lis de Art Nouveau y Art Deco.
Es un museo en el que, para mi gusto, lo más bonito tiene es el edificio en sí con sus estupendas cristaleras. Era, en su origen, un palacete privado construído a principios del siglo XX por iniciativa de D. Miguel de Lis. Es por esto que se conoce más como La Casa Lis.  Y en él se exponen todas las piezas que coleccionó un enamorado de estas artes decorativas llamado D. Manuel Ramos Andrade.

Se pueden contemplar infinidad de objetos: abanicos, muebles, juguetes, pintura, frascos de perfumes… Pero sin duda, lo que más llamó nuestra atención fue una colección de muñecas antiguas. De esas que ni por todo el oro del mundo yo tendría en mi casa porque me dan un cague que me muero. Con sus caritas de porcelana, esos ojos asesinos y los bucles en el pelo que me las imagino corriendo con un cuchillo en la mano detrás de mí… ¡Qué horror!

Sin embargo y, tras superar el trance, volvimos a desayunar en la estupenda cafetería del museo, admirando esa cristalera tan divina que adorna el corredor antiguo. Una maravilla que, aun sin mucha hambre, merece la pena disfrutar durante un ratito.
De allí, nos fuimos al Archivo General de la Guerra Cívil Española, donde los niños preguntaron y se informaron de aquella etapa tan oscura de nuestra historia. Es bueno conocerla para no repetirla aunque, cada día más, parece que los españoles vamos encaminados a golpear dos veces en la misma piedra con tanto politiqueo machacón al que nos tienen sometidos últimamente…

Seguimos los pasos del guía y volvimos a contemplar la fachada antigua de la Catedral de Salamanca y siguiendo por una callecita a la derecha llamada calle El Arcediano, de frente, dimos con el Huerto de Calisto y Melibea que no es más que un pequeño jardín que “se halla en el lugar en que se cree que Fernando de Rojas ubicó el lugar de encuentro de los protagonistas y escenario del trágico desenlace de la novela "La Celestina".

De esta manera, ya nos dio pie a comentar con churumbelandia el libro de "La Celestina" que no recuerdo en qué curso lo leímos y que me imagino estará incluido en el plan de estudios (aunque eso es mucho imaginar teniendo en cuenta la de veces que han cambiado los diferentes gobiernos los planes de estudio)  En fin, nosotros se lo contamos y le hablamos del libro de "La Celestina" y por descontado, del "Lazarillo de Tormes" para que al menos, les vaya sonando.

Seguimos camino y entramos en la Catedral de Salamanca. Nos dieron uno de esos auriculares para escuchar las explicaciones pero realmente, tanto para los niños como para nosotros, se hace un poco pesado tanta explicación. Llega un momento que no ya no recuerdas mucho más. Ahora que, el pequeño, se lo pasó bomba y ponía toda la atención de este mundo y más. Y no se movía del sitio hasta que no había terminado de escuchar la grabación. No tuvimos más remedio que quitárselo o todavía seguiríamos en la Catedral. 

Si no recuerdo mal, después de esta visita, decidimos parar para comer. La noche anterior habíamos cenado en el Mesón Cervantes que es un mesón típico de Salamanca y que se encuentra en la Plaza Mayor de la que ya de paso disfrutamos. Se come bien. Tampoco para tirar petardos pero es parte de la visita a Salamanca y queríamos que los niños lo probaran. Así que, para comer, nos decantamos por uno que nos habían recomendado, también de tapas como el Museo Cervantes y que se llama, Bambú.

De allí y con un padre un poco renqueante por la falta de la siesta, seguimos visitando la ciudad. La Casa de las Conchas por dentro que tiene un patio muy bonito y en frente, la Universidad Pontificia donde subimos por la Scala Coeli a las Torres de la Clerecía desde las que se pueden disfrutar de unas magníficas vistas de toda la ciudad. 

Volvimos a ver a la rana y al astronauta unas trescientas veces más. Merendamos en la Plaza Mayor un crep de Nutella, que les vuelve locos, a la intemperie. Compramos algunos recuerdos. Y ya, cuando se iba haciendo de noche y después de habernos pateado Salamanca por arriba, por abajo y por el centro, nos volvimos al hotel, cansaditos. 

De hecho, la cena la hicimos allí mismo. En la misma habitación con unos bocatas espectaculares de jamón que les compramos de vuela. ¡Qué ricos!

A la mañana siguiente, nos volvimos para Madrid no sin antes, desabastecer de bollos, lomo y panes al Parador como venganza por haberme sulfurado con sus “inexactas” promociones.

Espero que hayáis disfrutado del viaje tanto como nosotros y os espero la semana que viene con más aventuras. 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

UN FIN DE SEMANA EN SALAMANCA CON LOS NIÑOS



Ya sabéis lo mucho que nos gusta viajar con los niños. Nos da igual que sea cerca o lejos. Coger el coche, el tren o un avión, ¡nos da lo mismo! Cogemos las maletas (que hago yo…) y caminito donde nos quieran llevar que nosotros nos dejamos.
El viaje elegido para este otoño ha sido, Salamanca. Ciudad universitaria, histórica y bonita donde las haya. ¡A los niños desde luego, les encantó! Tiene muchas cosas para ver y para un fin de semana es perfecta.
Comenzamos por el principio (como tiene que ser).
Una vez elegida la ciudad, miramos los hoteles. Con este tema me pongo reivindicativa y protestona. Perdonarme pero es que, es así de duro, me encabrono. Os cuento por qué y enseguida lo entenderéis, sobre todo, los que seáis familia numerosa.
Tras intentar conseguir habitaciones en un NH muy céntrico y no conseguirlo porque estaba hasta la bandera (béndita crisis), nos decidimos por el Parador Nacional. Total, que me meto en su página web y me veo un “Especial Cuarentañeros”. E ilusa de mí, ¡me pongo tan contenta!. Pincho en el link, y me encuentro con el siguiente mensaje:    Y RECUERDA... ¡niños menores de 12 años gratis!”
Mi alegría va en aumento. ¡Os podréis imaginar! Tengo una niña de doce, otro de once y el pequeño de seis así que, ya me veía pagando sólo nuestra habitación o como mucho y por ser escrupulosos, pagando también la cama de la niña. ¡Pero ni una cama más! Y, ¡nada más lejos de la realidad!
Cuando llamo y consulto, una simpática señorita a mi pregunta de “La habitación de los niños será gratis, ¿no?. Son dos menores de doce años”, me contesta con una voz de “¡pero qué dice esta loca!”,  “no, no, eso no podemos hacerlo. La oferta es UN NIÑO MENOR DE DOCE AÑOS GRATIS EN CAMA SUPLETORIA. Y además, esa oferta sólo se la podemos aplicar el domingo porque el sábado ya está completo.” (La oferta estaría completa porque la habitación fue la misma las dos noches)
¿Sabéis esa emoticono del WhatsApp de la carita redonda con los ojos muy abiertos? Pues esa era mi cara. ¿Es o no es publicidad engañosa? Si en la promoción sólo entra un niño menor de doce años en cama supletoria, ¿por qué ponen “niños” en plural?
Y luego, voy más allá, ¡qué pasa! ¿qué sólo podemos tener un hijo? ¿Todo está pensando para familias de hijos únicos?
Total, que en pro del viaje familiar, medio discutí con la amable señorita y le recomendé que hablara con su departamento de marketing para que corrigieran semejante cagada pero, me tragué el orgullo y contraté el “Especial Cuarentañeros”.
Por otro lado, las habitaciones comunicadas sólo pueden ser de un nivel superior. Vamos, que si quieres domir con tu marido y no, cada adulto con un grupo de niños, también pagas más… ¡Todo pensado para las familias numerosas! ¡Di que sí!
Pero tragué y disfrutamos del Parador que, para ser honesta, está estupendo. Aunque el edificio es moderno, tiene unas vistas espectaculares.
Siguiendo con el viaje y olvidándonos de estos sinsabores, la misma tarde que llegamos, contratamos con el Parador una visita guiada a Salamanca que fue ¡todo un acierto! Los niños (y los mayores) disfrutamos muchísimos de este recorrido que además, nos sirvió para, al día siguiente, ir a tiro hecho a todo aquello que más nos interesaba: el Museo Art Nouveau y Art Deco LIS, la Catedral de Salamanca y su parte nueva con su astronauta, la Casa de las Conchas, la Universidad con su rana, el Huerto de Calisto y Melibea, la Plaza Mayor, la Universidad Pontificea, el Convento de San Esteban, el Archivo Histórico Nacional, la Cueva de Salamanca, y todo Salamanca en general con su río Tormes y su frío que, a primero de noviembre, no era muy fuerte pero que, en estas fechas, tiene que ser impresionante.
Fue un viaje maravilloso, con nuestros niños y ahora, cuando el mediano estudia el Tormes es Sociales, ¡ya sabe por dónde pasa y lo ha visto con sus propios ojos! Que de eso se trata, de que vayan aprendiendo cosas por medio de la experimentación.
Y por eso, ahora me callo yo, y vosotr@s experimentáis con las fotos tan bonitas que hicimos. ¡Qué no tengo abuela!







La segunda parte de la visita con más detalle de cada una de los edificios y monumentos que disfrutamos, la dejo para el viernes que ya os he pegado, por hoy, suficiente matraca.

jueves, 4 de diciembre de 2014

LA RADIO


Para mí, escuchar la radio es algo que han hecho siempre mis padres. En mi casa siempre está encendida mientras mis padres desayunan o mientras se arregla la casa. Pero siempre, siempre, la radio está puesta.
Recuerdo de pequeña aquella emisora, Radio Hora de Radio España, que daba noticas y la hora cada minuto. Mi madre la ponía para levantarnos y para que supiéramos al minuto, la hora que era para no perder el autobús del colegio. El locutor era un hombre muy serio, con una voz profunda y muy características. Una voz que no se olvida.
Cuando digo radio no me refiero a una emisora musical que esas las he escuchado siempre. Me refiero a programas serios, con debates serios, noticias serias y de vez en cuando, notas de humor.
Así que , y sin que se enfade ningún adicto a las ondas (empezando por mi marido) escuchar la radio, para mí, va relacionando íntimamente con la edad. Esto es, eres mayor, escuchas la radio.
Total que, una evidencia más de que voy cumpliendo años y sobrevolando cada vez más los cuarenta es, que llevo unos días escuchando Onda Cero. A Carlos Herrera por las mañanas y a Julia Otero por las tardes. Siempre en el coche cuando voy a llevar o a recoger a los niños del cole y siempre, cuando voy sola. O casi siempre, porque esta mañana les he castigado (por plastas) sin música (de gente joven) pero con programa serio (de padres) para cabreo de churumbelandia.
El caso es que, esta nueva afición, me ha permitido escuchar dos noticias impactantes.
La primera la escuché en "Julia en la Onda" mientras hablaban de un nuevo movimiento social reconocido en Estados Unidos (pero patente en nuestra sociedad también) conocido como las "RetroWives" que son aquellas mujeres madres que, tras correr como locas salvando toda las pruebas de la gymkana que supone una carrera profesional, deciden, hartas de sentirse siempre frustradas, que prefieren quedarse en casa cuidando de los hijos. Se reconocen mujeres feministas pero que han terminado por "escapar de las cadenas" que supone un trabajo fueran de casa para "atarse" a la maternidad. Han preferido renunciar a un trabajo remunerado por otro que "ni agradecido ni pagado" en pro de su descendencia. (Os suena, ¿no?)
Hablaron también de los “RetroHusbands” que son aquellos maridos que se ocupan de los hijos y la casa mientras sus mujeres trabajan.
Sin embargo, a mi modo de ver, el "RetroHusband" es que, él decide dejar de trabajar no porque esté desesperado de no llegar a ningún sitio, sino porque a él le despiden, y puesto que su mujer gana bien para mantener a la familia, en el mientras tanto encuentra otra cosa se queda en casa cuidando de los hijos. No existe en él esa sensación de "ya estoy hasta los ovarios de tener que demostrarle a todo el mundo lo mucho que valgo para que nadie lo valore y encima mis hijos estén desatendidos cosa que me frustra y bastante"
Pues eso. ¡Qué os voy a contar que no sepáis ya! Mi decisión de quedarme en casa cuidando hijos vino empujada por el ERE que hicieron en mi empresa. Probablemente, mi caso es más parecido al del "RetroHusband" aunque estuviera también hasta los pelos de pasarme la vida corriendo por un trabajo que no me satisfacía en absoluto.
Lo único positivo de este nuevo movimiento es que se van reconociendo estos sacrificios femeninos aunque no creo que se esté tomando ninguna medida para que, mujeres madres y trabajadoras como pudiera ser mi caso, decidamos no dar ese paso tan “retro” y nos veamos obligadas a elegir entre los hijos y la carrera profesional. 
Bueno, hay otro punto positivo... Le diré a la niña que, cuando rellene la encuesta en el cole, esa en la que se empeña en ponerme como ocupación ama de casa en vez de bloguera, ahora podrá poner que soy "RetroWife". Así, ¡tal cual! (¡veréis que pedorreta me hace cuando se lo diga!)
Y la otra noticia fue en el programa de "Herrera en la Onda", en el que, una colaboradora contaba la nueva afición de algunas blogueras norteamericanas primero, por no depilarse la axila y segundo, por teñirse ese bello de colores impactantes. Para muestra un botón...
@cassssid
Tranquilos, todos tranquilos porque, "RetroWife" puede, pero lo de dejarme los pelos del sobaco largos va a ser que no  y mucho menos tengo la intención de teñírmelos de ningún color.
Lo que queda patente en estas dos noticias es que, como siempre, vamos por detrás de los norteamericanos tanto a nivel social como a nivel estético. Ahora sólo sería conveniente que en vez de copiarlo todo como los chinos, supiéramos discriminar y dejáramos las axilas como nos gustan a nosotras las españolas, limpitas, limpitas. ¿No os parece?
Por otro lado y para terminar que hoy estoy pelín pesada, seguiré escuchando la radio seria. Sólo me abandonaré al placer de la música de mi Spotify cuando tanta seriedad (y la edad que conlleva) me puedan. Con vuestro permiso, claro.

martes, 2 de diciembre de 2014

RECOMENDACIÓN LITERARIA: "SE PROHÍBE MANTENER AFECTOS DESMEDIDOS EN LA PUERTA DE LA PENSIÓN"


Un título ciertamente un poco largo pero un libro muy fácil y agradable de leer.
Después de leerme este verano el otro libro de Mamen Sánchez, “La felicidad es un té contigo” y disfrutarlo tanto, he decidido continuar con toda la bibliografía de esta autora. De ahí que cuando vi el otro día en un centro comercial su último libro, éste del que os hablo, no dudé ni un minuto en comprármelo.
Y, se lee tan bien y es tan tranquila y amena su lectura, que en cuatro días ¡me lo terminé!
Pero, vamos por partes, conozcamos primero a la autora.
Mamen Sánchez es una madre de cinco hijos, subdirectora de la revista ¡HOLA! y directora de la revista ¡HOLA!MEXICO, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense y autora de varias novelas, entre ellas, estas dos que os comento y “Agua para el limonero” que es la próxima que me voy a leer.
Una mujer muy completa que también sobrevuela los cuarenta y que, entiendo y sin conocerla, tendrá las mismas o parecidas inquietudes que nosotras en cuanto a conciliación laboral, preocupaciones derivadas de ser madre de cinco (¡no me las quiero ni imaginar!), tutorías, fiestas navideñas, arrugas, botox sí o no, pilates, pancetas y chichas varias… ¡Lo típico!
En cuanto a la trama del libro, versa sobre una mujer que tiene mi misma edad, cuarenta y tres añitos como cuarenta y tres soles, que se encuentra en pleno divorcio de un marido más preocupado por las “inmaduras” de veinte que por las “maduras y con experiencia sobrada” de cuarenta y, que decide dar un cambio radical a su vida y abandonar un ático en pleno Retiro (por el que yo habría matado) para montar una pensión en la antigua casa de sus abuelos en la Rivera del Manzanares (a la que tampoco le haría ningún asco).
A partir del momento en el que decide reformar la casa y luego, a partir del momento en el que comienzan a llegar las tres jovencitas moradoras de la “pensión más bonita del mundo”, comienzan un juego de historias e intrigas, que te mantendrán dentro de la lectura sin que quieras dejar de leer ni un minuto.  
Es un libro que rezuma amor, empatía, solidaridad, humor, buenrollismo y algo de misterio sencillo sin necesidad de que intervenga el CSI ni el “Pequeño Nicolás”
Un libro, en definitiva, muy recomendable que os animo a que disfrutéis o que regaléis de cara a las próximas Navidades que se nos echan encima.