miércoles, 6 de julio de 2016

PASARELA DE VERANO

Así es como he titulado esta foto en Instagram. Pasarela de Verano. Pero podría haberla titulado de mil maneras diferentes. 



El lugar de mi infancia.
Adoro las dunas.
Camino hacia delante.
Con la vista puesta en el infinito. Y más allá.
Carrera de escarabajos.
Recuerdos.
...
Recuerdos y más recuerdos. 

Ahora que estoy en un momento de relax y después de este año tan, no sé cómo denominarlo, ¿ajetreado?. Ahora que estoy en mi momento de felicidad. En mi paraíso. En el lugar al que vuelvo año tras año, desde que nací, para recomponer mi cabeza. Para equilibrar mi mente. Mi vida. En el lugar en el que soy feliz. Plenamente feliz. Ahora de nuevo decido escribiros. Para deciros que no me olvido del blog. Que no me olvido de daros la tabarra. 

Pero que voy a trompicones. Un poco más lenta. Menos inspirada. 

Porque la vida es eso que fluye independientemente de lo que a ti te pase. Es esa pasarela que estará allí. Independientemente de lo que a ti te pase. Esas dunas por las que he corrido descalza como una loca cuando era pequeña. Por las que me he tirado haciendo la croqueta. En las que he ganado (y perdido) las mejores y más emocionantes carreras de escarabajos que podáis imaginar. 

Las dunas, seguirán allí independientemente de lo que me pase.

¡Cómo es la vida! Me dan un asco tremendo cualquier tipo de insecto. Hasta las moscas y los mosquitos. Pero veo uno de esos escarabajos con los que tanto jugué en mi infancia, en esas dunas, y lo cojo sin problema. Y no lo beso ¡de puritito churro!

Que la vida sigue y el blog también. Pero como la vida, el blog tiene sus picos y sus valles. Y ahora, estoy en un valle.

Y no, no me he tomado más mojitos de la cuenta. De hecho, no me he tomado ninguno. Aunque no me importaría. Pero me he sentado a ver el mar. A escucharle. Y me he puesto metafísica. Que casi es peor que estar un poco chispa porque me falta ese puntito alegre que proporciona el alcohol y que, a mi normalmente me sobra, pero hoy no.

Ahora sólo pido que la vida fluya. Y que venga y vaya igual que las olas. Pero que moje la orilla. Que me moje los pies. Y que me mantenga siempre viva. 

Y si puede ser, al blog, también.

viernes, 3 de junio de 2016

LA JEFA.


No, no estoy hablando de mí. Ni de mi madre tampoco...
La Jefa es un restaurante de Madrid situado en la calle Recoletos, 14 donde disfruté el otro día de una comida con unos amigos a los que quiero mucho.

La Jefa es un local muy bonito. Con una decoración increíble. De estos locales en los que, no sólo la comida es importante si no que, se pone empeño hasta en que el cuarto de baño sea un lugar al que te apetece ir. Y que no sólo sea por necesidad… ;D
La comida también estaba muy rica. Cosa importante porque íbamos a comer y no a hacer pis (aunque mi querido amigo tenía esa necesidad imperiosa según llegaba… ¡Me va a matar por contarlo pero así le hago rabiar un rato!) Y eso que no pude comer lo que quería porque, al muy plasta del meón, se le puso que teníamos que comer los tres “lo que quiera la Jefa” que es, ni más ni menos, que unos seis mini platos más el postre para que pruebes las distintas exquisiteces que preparan.
Estuvo muy rico todo pero, tendré que “sacrificarme” y volver otro día para probar la ensalada de quinoa cevichada que, a fin de cuentas, era lo que quería comer.
Con todo y con eso, es un sitio para probar en Madrid. Además la zona no puede ser mejor y eso que, al lado, están construyendo-rehabilitando un edificio que, el día de mañana, albergará unos estupendos “pisitos” por los que los mortales babearemos y sólo los ricos podrán disfrutar. ¡Lo de siempre, vamos! Pero que, por ahora, lo que generan además de envidia es polvo, camiones corta-calles y ruido.
Aunque ya veis que voy siempre retrasada contándooslo que sepáis que sigo sacrificándome por vosotros y no dejaré de visitar Casa Decor o la Feria del Libro con el Movimiento Maruja (al que tendremos que cambiarle de nombre por el Movimiento Autónoma) o más restaurantes chulos de comida rica. Luego ya si eso, os lo voy contando. En huequitos como el de hoy en el que, además de este restaurantes, os iba a escribir sobre un musical que fuimos a ver en familia y que resulta que ya no está en cartelera en Madrid. ¡Qué fuerte! ¡Sí que voy retrasada!
Pero la vida de mierdiautónoma es lo que tiene. Los lujos y placeres están destinados para otros… Entre la maternidad y el ganarme el pan, los “gustirrinines” como escribir el blog todas las semanas al menos tres veces, está reservado para marujas felices como yo anteriormente.
¡Ains! ¡No se puede tener todo!

miércoles, 18 de mayo de 2016

RETOMAR LAS BUENAS COSTUMBRES.


Como es el daros la tabarra, por ejemplo. Siento haber tardado tanto en escribiros pero ahora soy autónoma y me gano el pan con el sudor de mi frente. Y no se si gano mucho pan pero, sudar, lo que se dice, sudar, ¡sudo un rato!
Así que, es verdad que ahora no dispongo de tanto tiempo para escribiros. Lo que no quita para que tenga un montón de cosas que contaros. Y voy a empezar por los dos libros que me he leído últimamente.
Los que me sigáis por Instagram (@sobrevolando_los_40) sí que estáis al tanto, más o menos, de mis últimas lecturas y correrías pero el resto, vivís en la más absoluta “cuarentañera ignorancia”.  Pero, no os preocupéis, no sufráis, no os rasguéis las vestiduras que ahora mismo os lo cuento.
Los dos libros que me he leído han sido: “La flor y nata” de Mamen Sánchez y  El desorden que dejas” de Carlos Montero. Dos libros muy distintos. Dos libros que se leen en un fin de semana. Uno escrito por mujer. El otro escrito por hombre. Los dos buenos. Los dos entretenidos. Los dos, diferentes.


“La flor y nata” de Mamen Sánchez es una comedia romántica en la que no falta la buena vida, una chica guapa, profesional y con suerte y, un chico guapo, soltero y rico. Este libro es como esas películas que pones un sábado por la tarde para no pensar y que te mantiene con una sonrisa en la cara la hora y media que dura. Es de esos libros (o películas) de vidas que son irreales al menos para el 90% de la población mundial y que, seguramente, no soportaríamos por empalagosas y perfectas pero que nos alegran durante el tiempo que dura la película y el libro. 
Me faltan dos libros de esta autora por leerme, “Gafas de sol para días de lluvia” y “Juegos de Damas” que sin duda, estarán en mi lista de los libros que voy a leer este verano. 

“El desorden que dejas” de Carlos Montero por el contrario, es un libro más inquietante. La trama se desarrolla en Galicia. Entre La Coruña y un pequeño pueblo de Orense. Allí una profesora de instituto sustituta intenta resolver el suicidio de su antecesora pero se topará con la cruda realidad de una sociedad que oculta sus debilidades y que, aunque moderna en muchos aspectos, todavía sigue anclada al antiguo servilismo de los pueblos. Esta novela recibió un merecido Premio Primavera de Novela 2016.
De momento, os dejo con estas dos “perlitas” para que empecéis de nuevo a cogerle el gustillo a mi tabarrita. Espero no dejaros solos y desamparados tanto tiempo. Retomaré las buenas costumbres y seré más organizada. Porque para mí, escribiros, contaros lo que hago, lo que leo, lo que visito, lo que disfruto, es un auténtico placer y, desde luego, una estupenda válvula de escape. Y no es que necesite yo salir corriendo de nada pero, ¡ya sabéis! Protestar es de humanos y escapar, ¡lo mismo!

lunes, 25 de abril de 2016

NUESTRO PARTICULAR HOMENAJE A DON QUIJOTE DE LA MANCHA


Ya sabéis que a mi marido le ha dado por el buceo. Os lo he dicho chorrocientas veces. Y eso hace que nos movamos cual titiriteros por los diferentes sitios donde él o los niños, bucean.

El último ha sido el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera “un espacio natural protegido y uno de los grandes humedales de importancia” situado en Ciudad Real, Castilla-La Mancha. Donde nace el río Guadiana. Y donde se encuentra la Cueva de Montesinos, “donde se da cuenta de la grande aventura de la cueva de Montesino, que está en el corazón de La Mancha, a quien dio felice cima el valeroso don Quijote de la Mancha.”

La verdad es que no llevábamos muchas expectativas puestas en este viaje. De hecho, estuvimos a punto los niños y yo de quedarnos en Madrid. Pero, al final nos animamos y fue ¡todo un acierto!
Fue un viaje rápido. Sólo nos quedamos a dormir la noche del viernes y, ¡menos mal! porque el hostal no es que fuera malo, era horrible. No por sucio pero sí por feo y viejo. Lo único digno de mención fue el desayuno del que no tengo foto. Pero vamos, que estuvo bien pero tampoco para tirar cohetes y mucho menos, fotografiarlo. Así que, al hostal ni lo nombro.
Sin embargo, fue una gran sorpresa la Cueva de Montesinos, situada en Ossa de Montiel (Albacete) en la que se desarrollan los capítulos del XXII al XXIV de la segunda parte del famoso libro Don Quijote de la Mancha del que ahora se celebra el IV Centenario del fallecimiento de su autor, Don Miguel de Cervantes.
Allí llegamos los niños y yo y nos apuntamos, como no podía ser de otra manera, a la visita guiada. El precio de la visita es de 6€ los adultos y 4€ los niños y dura, alrededor de una hora.
Primero te enseñan la vegetación autóctona que rodea la entrada a la cueva, "llena de cambroneras y cabrahigos" y que, según nos explicaron, no es una cueva si no, una sima, "cavidad natural producida por un hundimiento del terreno".
El guía fue estupendo y nos mostró, con mucha cordialidad y un trato exquisito hacia los niños, tanto los murciélagos que habitan la cueva, como las lágrimas que mencionaba el Quijote e incluso, la figura de Dulcinea, el río que circula más abajo y que te impide ver "el palacio de cristal" que también vio el famoso hidalgo mientras estuvo en la cueva. ¡Un gran placer que sí os recomiendo!
 «Luengos tiempos ha, valeroso caballero don Quijote de la Mancha, que los que estamos en estas soledades encantados esperamos verte, para que des noticia al mundo de lo que encierra y cubre la profunda cueva por donde has entrado, llamada la cueva de Montesinos: hazaña solo guardada para ser acometida de tu invencible corazón y de tu ánimo estupendo. Ven conmigo, señor clarísimo, que te quiero mostrar las maravillas que este transparente alcázar solapa, de quien yo soy alcaide y guarda mayor perpetua, porque soy el mismo Montesinos, de quien la cueva toma nombre»
Al salir de allí, nos dirigimos directamente a conocer las Lagunas, no sin antes tomarnos un aperitivito contemplando ese maravilloso paisaje. 
"Solamente faltan Ruidera y sus hijas y sobrinas, las cuales llorando, por compasión que debió de tener Merlín dellas, las convirtió en otras tantas lagunas, que ahora en el mundo de los vivos y en la provincia de la Mancha las llaman las lagunas de Ruidera; las siete son de los reyes de España, y las dos sobrinas, de los caballeros de una orden santísima que llaman de San Juan. Guadiana, vuestro escudero, plañendo asimesmo vuestra desgracia, fue convertido en un río llamado de su mesmo nombre, el cual cuando llegó a la superficie de la tierra y vio el sol del otro cielo, fue tanto el pesar que sintió de ver que os dejaba, que se sumergió en las entrañas de la tierra; pero, como no es posible dejar de acudir a su natural corriente, de cuando en cuando sale y se muestra donde el sol y las gentes le vean."
Sin duda, una excursión muy, muy recomendable a dos horas y media de Madrid. Y más ahora que estamos en plena repercusión mediática del Quijote y en plena conmemoración. Por todos lados se habla de Cervantes y Shakespeare. ¡Y Sobrevolando no iba a ser menos!
Volvimos a Ruidera y decidimos comer en el Mesón de Juan. Mesón de comida típica manchega. Este sí, totalmente recomendable. Comemos rico y a muy buen precio. Y probamos las gachas manchegas que estaban riquísimas.
Y ¡se acabó el viaje con niños! Pero no nuestro particular homenaje al hidalgo porque me gustaría visitar el Toboso a ver si nos encontramos con Dulcinea. Y Campo de Criptana para disfrutar de los molinos de viento… Y ¡tantas cosas por ver y conocer que no nos da la vida!

domingo, 17 de abril de 2016

III CARRERA CONTRA EL CÁNCER


Y, ¡ahí estaba yo! Cumpliendo otro objetivo. Asumiendo otro reto. Correr diez kilómetros y cruzar la meta en la lucha contra el cáncer.
La verdad es que, si hace un año, alguien me dice que voy a correr diez kilómetros, me rio a carcajadas. Vamos, incluso me parto si alguien me dice que voy a correr para coger el autobús.
Nunca me gustó correr. Era un complejo adolescente. Por aquello de que dos partes de mi cuerpo muy específicas, votaban más de lo que a mi me gustaba. Claro, no llevaba el sujetador-coraza que llevo ahora y que me ha costado ¡un huevo! Bien pagado por otro lado. Porque ahora no me preocupa que voten. Ahora me preocupa que se descuelguen más de lo que ya lo están...
Bueno, que me lio. Que he corrido por primera vez diez kilómetros en una hora y tres minutos. No es que sea un tiempo increíble pero para mi, la leche. Más que suficiente. Incluso, nunca pensé en tardar eso. Y en el caso de que hubiera tardado más, igualmente hubiera entrado como el de la película Carros de Fuego. Porque para mi el logro no es correrlos que también. Es siquiera, intentarlo. Estar ahí. Animarme a levantarme un domingo a las siete y cuarto de la mañana, ponerme unas mallas y unas zapatillas y salir a correr por plena Castellana en Madrid.
Con chorrocientas mil personas más.

Ha sido la pera. Estoy muy orgullosa de mi misma por haberlo conseguido. Pero también ha sido increíble correr y pisar un asfalto que, con el coche, habré pisado un millón de veces pero que, en cuarenta y tantos años de vida, no había pisado nunca con mis propios pezuños.

La causa era buena. Luchar contra el cáncer. Más que luchar, apoyar a aquellas personas que sí luchan contra él. Con entereza. Con valentía. Con ganas. Sin venirse abajo. Con coraje. Todas esas personas son ejemplo de superación para todos. Para aquellos que nos quejamos de la vida por quejarnos pero sin razones de peso. Por flojos y cobardes. Mientras que otros luchan con fuerza. Sin quejarse. Calladitos. Día a día. Contra esa asquerosa enfermedad y contra todas sus “consecuencias”.  
Ahora me duele el trasero. Mañana seguro me dolerá todo el cuerpo. Pero es un dolor bueno. Es el dolor de cumplir un objetivo.
Dice mi horóscopo que “el cambio está ya en marcha.” Y lo acepto. Lo asumo. Y no me pienso resistir. Y si ese cambio comienza corriendo. ¡Bendito cambio! Y espero que continúe.
No me quejo de mi vida. No tengo razón ninguna. Llevo la vida que quiero. Feliz. Pero, al igual que corres, la vida se mueve y si no te metes en la rueda, si sólo estás por fuera mirando como rueda, como en los “caballitos”, mientras el resto te saluda, no llevas una vida plena.
Hay que montarse en los “caballitos”. Y correr con ellos. Y subirte a la rueda. Y creo que ese es el cambio que estoy haciendo yo ahora. Y es un cambio que, en todos los sentidos, está siendo para bien.
Y comienza decidiéndome un día por correr y ¡vete tú a saber cómo terminará!