viernes, 12 de febrero de 2016

"LA ISLA DE ALICE"


Probablemente uno de los mejores libros que he leído últimamente.

Ya sabéis que me gusta leer en verano. Pero, este libro, desde que recibió el premio, Finalista del Premio Planeta 2015, y vi su portada, me tenía enganchada. Hipnotizada, diría yo. Un día de paseo con los niños por la FNAC definitivamente no pude aguantar más y me lo compré. Y por supuesto, lo empecé… Y, por supuesto, lo acabé con mucha pena.
El libro trata sobre una mujer embarazada, madre de una niña pequeña, con una vida idílica, o lo que algunos entendemos por idílica: casa grande + marido guapo + amor a raudales + hijos + familia que te quiere + trabajo que te gusta. Cuando, por desgracia, el marido sufre un accidente y muere.
A partir de ahí, comienza una nueva vida guiada por una X, en esa perfecta ecuación que era su vida y que, intenta despejar como es de suponer, con éxito.
El autor del libro es David Sánchez Arévalo conocido por todos como director y guionista de películas tan buenas como “Primos” y/o “La Gran Familia Española” entre otros títulos aunque yo, sin lugar a dudas, me quedo con “Primos” de la que escribí un post cuando la vi hace tiempo y que podéis leer aquí.
Es un libro escrito de manera cercana. No me refiero con esto a que su vocabulario sea el nuestro habitual sino que, además, te sientes totalmente identificada con el personaje. No ya tanto por la desgracia que sufre o con su vida en particular que discurre en una maravillosa isla del este norteamericano, si no por su forma de actuar, de comportarse. Sin artificios. Sin imposturas. Con defectos. Con cagadas. Con intentonas. Con prisas. Con un día a día habitual. Sobre todo, con el día a día habitual de una madre de dos niñas pequeñas. 

Yo, al menos, me he sentido muy identificada con ella. Con la protagonista. La madre de dos niñas con inseguridades que "sacrifica su sueño" por  el bien familiar; que antepone el bienestar de sus hijas a cualquier cosa; que lucha y patalea pero que se equivoca; que corrige; que se cabrea; que se ríe; que siente... 

Sientes que Alice podría ser perfectamente una amiga tuya e incluso, tú misma.
Claro está ocurren cosas que te hacen interesante el libro y que no son las habituales. Para leer nuestra “aburrida” vida ya tenemos nuestra vida,  ¿no?
Es un libro de esos que te mantienen en vilo. Que quieres seguir leyendo. Que te cuesta parar y que te sienta mal que sea demasiado tarde o tengas otras cosas que hacer y tengas que dejar de leer.
Además, tiene un final que cierra el círculo. Al menos, uno de ellos. El principal, esa X que necesita ser despejada, se despeja. Conoces qué ocurre y te quedas satisfecha. Yo odio cuando dejan los finales a medias. Cuando dejan que el lector decida el final, la cuadratura del círculo. Me gusta que el escritor me diga lo que ocurre al final porque es su historia y no la mía.
Sin embargo, hay otra parte de la historia que no se cierra. Que te deja dudas. Preguntas. Porque no sólo no se cierra si no que se amplía. Se hace más grande esa parte de la historia. Y no entiendo bien el por qué porque no ayuda para despejar la X. No sirve realmente para nada que tenga que ver con la historia principal. He llegado incluso a pensar, que puede haber una segunda parte. Aunque, honestamente, no lo creo. Pero sí me encantaría.
Me encantaría tanto como comentar esa duda con el escritor o con alguien que se haya leído el libro. Así que, ya sabéis. NO esperéis más. Leeros el libro si todavía no lo habéis hecho y así, podremos hablar de él tranquilamente sin tener miedo a hacerle “spoiler” a alguien. 

“Spoiler” esa palabreja que tanto gusta ahora y que se une a la moda de las palabras que describen lo que se ha hecho toda la vida: jorobarle el final a alguien.

miércoles, 10 de febrero de 2016

ENTRE TÍTERES Y PAJARITAS ANDA EL JUEGO... O EL PODER, SEGÚN SE MIRE.


Lo siento. Me aburre soberanamente todo lo que ésta ocurriendo a nivel político nacional y, a nivel madrileño en particular.

Todos se hartan en decirnos que lo hacen por respeto a los votantes de unos y otros partidos pero a todos se la soplan lo que piensen, sientan, sufran los votantes de unos y otros partidos.
Los nuevos que no se parecen en nada a la vieja casta y a mi se me parecen cada vez más. Con ganas de aguantar en la silla y cobrando pero sin ganas de soltar el poder. Por mucho que la caguen.
¿Qué tendrá el poder que tanto corrompe? ¿Qué tanto atrae? ¿Qué tantos errores hace cometer a los hombres y mujeres (seremos políticamente correctos) que se encuentran poseídos por él?
Anoche veía con mi marido un capítulo de la serie “House of Cards”. Reconozco que es una serie que me gusta pero que me cuesta seguir. Mi nivel de inteligencia y de manipulación no da para tanto.
Yo soy mucho más básica. Tanta vuelta. Tanto ir y venir. Tanta negociación. Tanto tejemaneje me espanta.
Viendo la serie me produce desazón. Viendo nuestra política, me produce hartazgo. Incluso risa.
Ver como Pablo Iglesias y Alberto Garzón, que visitan al Rey en mangas de camisa, se ponían sus esmóquines para bailarle el agua a los actores, me produjo cierta sonrisa. Casi un poco de sonrojo.
Ver como unos títeres chorras representaban una obra absurda y desagradable para niños menores de seis años, me flipa. ¿Qué pretendían conseguir? ¿Querían escandalizar? ¿Querían expresar sus asquerosas opiniones a través de unos títeres? ¿Para qué? ¿Para manipular a niños de seis años? ¡Semejante logro! (con tono irónico)
Ver como ninguno de los jefes de los principales partidos políticos tiene altura de miras y sí mucha falta de sentido común y sentido de estado, me entristece.
Ver como la “Tetas”, sí esta persona portavoz de nuestro Ayuntamiento que para conseguir sus objetivos y para reivindicar sus derechos enseña las tetas y se llama Rita Maestre, justifica las incongruencias, cagadas, estupideces de la concejal de cultura Celia Mayer diciendo que no son pefectos y que, como humanos que son, se equivocan, me cabrea. ¿Ellos si pueden equivocarse y los demás no? ¿Tienen no sólo el monopolio de la razón si no que también tienen el monopolio de la equivocación?
Y mientras tanto, los ciudadanos de a pie seguimos aguantando. Seguimos hacia delante mientras ellos zigzaguean, reculan, hacen quiebros, se esconden, se solapan, se justifican, se divierten…
¡Un asco, vamos!

miércoles, 3 de febrero de 2016

"REJUVENECIMIENTO ZONA ÍNTIMA FEMENINA"


Ésta es la propaganda que me encontré en el parabrisas de mi coche ayer. Menos mal que no sólo tenía esta propaganda mi coche, que eran todos, que si no, empiezo a preocuparme por si alguien con visión laser me miró y decidió que mis partes íntimas están algo “aviejadas” y necesitaba este tipo de información.
vía Shutterstock
Y encima, salía de Hacienda cuando la encontré. Vamos, que entre una cosa y la otra casi me arrastré hasta la tutoría del pequeño.
Pues sí chicas. Ahora no sólo tenemos que estar pendientes de la cara, el culo, la barriga, la arrugas de los ojos, la celulitis, los niños, el trabajo, la casa, correr, depilarte, los padres, los amigos, el marido, el WhatsApp… Ahora también tenemos que cuidarnos el chirritruqui porque puede sufrir “atrofia vaginal”.
Supuestamente y para que sepamos todos y todas de qué estamos hablando, según este folleto, la atrofia vaginal consiste en “la falta de lubricación, sequedad e infecciones, disminución de los labios mayores, descolgamiento de los labios menores y problemas de relaciones sexuales.”
¡La leche! ¡Y yo sin enterarme! ¡Ahí abajo todo para el arrastre y yo sin hacerle ni caso! ¡Pobre mío!
La solución es la misma que para todo los problemas estéticos de la mujer, el ácido hialurónico, que lo mismo te lo inyectan en los labios de la cara que en los genitales. ¡Vaya lumbrera el/la que dio con el dichoso ácido ese!
Ahora que no puedo parar de imaginarme la zona vaginal tratada con ácido hialurónico como la cara de la Carmen de Mairena  aquella. Toda estiradita y todos los labios gorditos, gorditos.
Pero así son las cosas y así es el mundo en el que vivimos. Nos cuidamos tanto, tanto por fuera que se nos olvida cuidarnos por dentro. Y como mucho, si decidimos cuidarnos algo por dentro, nos hacemos un lavado de colon para tenerlo bien limpito. No sea que cultivemos el alma y entonces, nos demos cuenta de que todos los labios de nuestro cuerpo están bien mulliditos pero el resto está transparente, translúcido.
Es verdad que a mi me encanta cuidarme como a la que más. Y corro para que mi cuerpo esté atlético. Y paso hambre para que mi cuerpo esté delgado. Y como mucha fruta y verdura para que mi cuerpo esté sano. Y me doy masajes y cremas para que luzca bonito. Pero también sonrío a todo el mundo y doy los buenos días. Y pido perdón cuando me equivoco. He intento ser empática. Y alegrarle la vida a los que me rodean aunque mi adolescente no piense lo mismo. Y busco cada día ser feliz.
También es bien cierto que me caracteriza cierta mala leche sobre todo cuando me levanto. Pero eso son habladurías malintencionadas de gente que no me quiere bien como mi madre. Sólo ladro un poco de vez en cuando… ¡¡¡Guau!!!
Lo dicho. Que, de momento, he decidido que el ácido hialurónico no toque ninguna parte de mi cuerpo. Ni las altas ni la bajas. Que lo mismo lo necesitan otros que sí que tienen más descolgadas otras partes de su cerebro* que una mujer que sobrevuela los cuarenta su vagina. 
*léase, los políticos.

miércoles, 27 de enero de 2016

¡DISFRUTANDO DE LA VIDA!


Ayer fue un día de esos felices, agradables, divertidos… De esos días en los que te acuestas con una sonrisa.
Ayer disfruté del día con dos grandes amigos. Y eso que, para llegar hasta donde habíamos quedado, me topé con una manifestación en frente de la sede del PP que me obligó a dejar el coche aparcado por allí y llegar corriendo hasta el sitio dónde nos habíamos citado para hacernos la “manipedi”.
Pero una vez allí, ya me relajé, metí mis pies en el agua calentita y me dejé hacer.
Allí estábamos los tres con los pies metidos en agua y dándole al palique como locos. Que si de qué color te vas a pintar las uñas. Qué si yo he estado en Rumanía y conozco Transilvania. Que si que calentita que está la parafina. Que si que tiricia me da que me limen las uñas. Que si dónde comemos. Que si que pena de peces esos que te comen las durezas. Que si los niños. Que si el trabajo. Que si los amigos. Que si los padres...
Y así todo el rato que estuvimos disfrutando de la manipedi. 

Sobre todo, lo pasamos estupendamente mientras le pintaban en negro las uñas de los pies al chico de la panda.  No se dejó pintar las de las manos del mismo color pero sí se atrevió con las de los pies y le quedaron chulísimas y muy atrevidas, ¿no os parece?

Ahora ya sólo le queda conseguir juntas los dedos de los pies y ya, ¡la pera! ;D
El sitio que elegimos es un sitio muy cuqui de Madrid. Se llama Mi calle de Nueva York y está en la calle Barquillo, 39. Las chicas que te atienden son encantadoras aunque, también es bien cierto que no es un sitio barato y el resultado final no fue tan bueno como el ratito que pasamos allí. 
Pero, con todo y con eso, seguimos disfrutando del día y nos fuimos a comer a Petit Appetit que está en la calle Argensola, 24. ¡Calle que adoro! Y sus alrededores igual. Me gusta todo lo que allí se cocina y se propone. Y vivir allí ¡tiene que ser la leche! Pero me temo que para otra vida o para la mía cuando tenga noventa y vaya en la vespa…

La comida estuvo excelente. Un trato agradabilísimo y un entorno muy cuidado y especial. Un único pero, que hoy estoy pejiguera, es que pedimos tarta de zanahoria (como no podía ser de otra manera) y no estuvo a la altura de las circunstancias. Sí es cierto que una es experta en la catadura de tartas de zanahoria y he probado muchas que rellenan mi michelín, por tanto, soy más exigente pero, con todo y con eso, estoy segura que son capaces de hacerla mucho mejor.
Total, que aunque luego tenía una reunión de padres de esas que ya sabéis que “adoro”, ni siquiera eso pudo borrarme la sonrisa de la cara.
Sonrisa que pienso mantener todo el tiempo que pueda y las circunstancias me lo permitan. Porque ya lo dice Facebook, Instagram y todos los blogs del mundo mundial: una sonrisa en la cara te alegra el día a ti y también a los que te miran. ¡Y falta nos hace! ¡Qué menudo panorama que tenemos en general!
Y por último, prometo volver antes a daros la tabarra por aquí que os tenía un poco abandonados. ¡Muacs!

miércoles, 20 de enero de 2016

NUEVA MODA: SELFIE "AFTERSEX"


No, no. No voy a poner ningún selfie “aftersex”. 

Si leéis el post pensando que vais a encontrar este tipo de foto, podéis volver a vuestros otros quehaceres porque ¡nada más lejos de la realidad! Que una es tan pudorosa que, cuando tenía ocho años, casi me ahogo porque mi madre (que siempre ha sido muy poco pudorosa la verdad) tuvo la “desfachatez” de olvidarse la parte de arriba de mi biquini y, como me obligó a bañarme y me despojé bastante cabreada de la toalla que tapaba mis vergüenzas inexistentes, me tiré corriendo a la piscina sin darme cuenta que estaba en lo hondo.
Entre el disgusto de haber enseñado las “chinchetas” y el numerito, me puse nerviosa y no atinaba ni a nadar. Así que, tuvo que sacarme del agua mi hermano de los pelos. Y ya no hubo más piscina ni más top less.
Hasta que cumpla los noventa que, como ya he dicho otras veces, iré en top less hasta en la vespa porque, por supuesto, viviré en una comuna hippie en un lugar con buen tiempo y no habrá mosquitos que me piquen pero sí mucho sol que las dore.
Total, que me voy del asunto, que buscando tema para hablaros, que una es muy profesional y se documenta, me he encontrado con un artículo en el que contaban que se ha puesto de moda en Instagram subir fotos con el hagstag #aftersex entre los jóvenes de entre 35 y 40 años.
Que ya sabemos que, a partir de los cuarenta, se nos quita la tontería y comienza una época prolífica en sentido común y buenas maneras... A las pruebas me remito...
Es decir, que terminas la faena y en vez de echarte un cigarrito, o lavarte, o beber agua, o darte otro besito más, o arroparte y pegarte a tu pareja para dormir acurrucaditos en bolas, o vestirte y punto, decides que lo mejor es hacerte una foto para que todos aquellos amigos y no amigos, sepan que has echado un kiki (¿se escribe así o así, quiqui?
Ni corta ni perezosa y sí con mucha curiosidad me he metido en Instagram a cotillear.
Decepción total.
Allí poco kiki/quiqui y sí mucho chorra, mucho guarrete, otros que ni kiki/quiqui ni nada y otras, que se llaman #tettecontest y que entiendo que si quieres subes una foto sólo de tus pechugas. Única y exclusivamente tus pechugas. Ni cara, ni brazos ni cuello si me apuras. Tus tetas tapadas o sin tapar. Pero eso, tetas. Algunas se equivocan y suben también culos pero esas es que tienen más ganas de exhibirse que el resto y ya que se ponen, lo dan todo.
Hay también mucho piercing pezonero; algún que otro postureo; uno sentado en el vater (carita ojiplática), mucha broma y sentido del humor, adolescentes con granos y cara de primera vez, alguno que no le ha ido tan bien… Vamos, que las fotos no valen nada.
Pero, ¿qué nos pasa? ¿qué es lo que te lleva a subir una foto así? ¿Tan mal estamos? Porque necesario, lo que se dice necesario, no es. ¿No queda ni un leve resquicio a la intimidad? ¿No existe nada que nos queramos guardar para nosotros mismos y que no conozca el resto del mundo mundial? ¿Dónde quedó el buen gusto?
Debe ser mi mente algo churruscada por los años que no me deja ver, ni entrever, la gracia al asunto. 
Tanto nos estamos exhibiendo en las Redes Sociales que cualquier día, nos sorprenden con un hagstag de alguien haciendo caca al estilo #plantandounpino… Por cierto, lo voy a investigar… ¡¿Mira que si existe?!