miércoles, 1 de junio de 2011

PUERTA DEL SOL SEGUNDA PARTE

Os cuento lo que allí vi, siempre desde el respeto y la admiración pues son personas que, ante la situación tan desastrosa en la que se encuentra el país, han tenido el valor y la osadía de rebelarse. Cosa que algunos nos cuesta hacer y bastante. Pero teniendo en cuenta también, que parte del espíritu de ese movimiento se perdió justo en el momento en que aquello se convirtió en espectáculo y lugar para que muchos, exhibieran un comportamiento bastante cuestionable.
Dicho esto, al grano.
Al llegar te encuentras con la Puerta del Sol totalmente cubierta por pancartas, papeles, letreros, dibujos… Vamos como el tablero-corcho de la habitación de un adolescente. Por todas partes, tiendas de campaña de las de Decathlon que por cierto, se he hecho de oro con este movimiento. ¡Siempre hay alguien beneficiado!
Cartón y más cartón dando vida a las famosas carpas. Cada una con una obligación diferente: feminismo, biblioteca, centro de salud, comida, información… Estás como en un parque temático del “vagabundismo”.
La asamblea con todos los asistentes sentados en el suelo a pleno sol y con un calor asfixiante. Venga manitas levantadas y cada vez que se levantaban las manitas un olor tremendo ¡a sobaco! A eso que huele de esa manera, de ninguna forma posible se le puede llamar axila. ¡Eso es sobaco!
La carpa que me quedo clara que no existía era la de “salón de belleza” porque, en esos sobacos femeninos, no había pisado la cera, ni la cuchilla, ni la crema depilatoria en su vida. ¡Qué greñas!
Y lo del termino “perro-flauta” que no había oído en mi vida ¿qué me decís? Ahora sale hasta en los periódicos.
O el abuelete-jubileta votando con sus manitas levantadas por el aborto libre. ¡Anda que no les han entretenido! Ellos aburridos en sus casas y de golpe y porrazo, votando por cosas tan trascendentales y junto con la juventud más progresista… ¡Su segunda mayo rebelde! 
Todos demostrando su hartazgo por esta sociedad tan consumista, sin valores y ¡sin trabajo! sin percatarse que, de tanto estirar la acampada y las manitas, hemos terminado todos de ellos ¡hasta el cogote!

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