miércoles, 14 de septiembre de 2011

EL GOLFO

Hemos pasado con los niños cuatro días en Lanzarote. Ha sido nuestro primer viaje todos juntos y, excepto que estos microviajes hay que realizarlos al principio de las vacaciones y no al final, por aquello de lo hartos que estamos unos de otros, ha sido una experiencia muy bonita.

El primer viaje en avión, su primera estancia en un hotel, conocer sitios nuevos, el jamón a tutiplén del buffet del desayuno… Todas esas cosas que, para la primera experiencia del niño, son tan mágicas.

Además, Lanzarote es un sitio precioso y fácil de visitar con gente menuda: La Cueva de los Verdes, Los Jameos del Agua, el Parque Nacional de Timanfaya, el correspondiente paseo en camello, El Golfo…
Y es, este último, mi lugar preferido. Es una auténtica maravilla. Tiene un “nosequé”, una energía especial. Como una fuerza interior que te transmite muchos sentimientos a la vez: alegría, nostalgia, ganas de estar sólo pero acompañado… En definitiva, me encanta.

Y para darle emoción a los niños les conté la historia de Los Abrazos Rotos de Pedro Almodovar versionada por yo misma. Esto es:

Pedro Almodovar, en uno de sus frecuentes viajes a Lanzarote, hizo una foto en El Golfo en la que aparecía una pareja besándose. Esa pareja, y la curiosidad propia del director, le inspiró la película Los Abrazos Rotos.

Total que a los niños les conté que esa pareja éramos su padre y yo la primera vez que visitamos Lanzarote sin ellos.  Que habíamos terminado de comer y nos habíamos dado un paseíto por la playa negra cogidos de la mano. Hablando de cosas sin importancia. Hablando de ellos seguramente. Hablando pausado.  

Era un día de noviembre algo lluvioso y fresquito sorprendentemente para Lanzarote. La brisa y la humedad del mar aumentaban la sensación de frio. Y yo aproveché las circunstancias para robarle un beso con abrazo a su padre. Un beso relajado. Un beso en soledad. No había nadie más en la playa. Sólo nosotros y la laguna verde.

O eso pensábamos porque, desde el mirador en lo alto, la cámara del director nos inmortalizaba para la posteridad. 

Los niños fliparon y de hecho, se lo han creído a pies juntillas
.
A mí, ahora ya sólo me queda ver la película y a vosotros, visitar Lanzarote el que no lo conozca.  O ver la película. O las dos cosas… ¡Qué me lio!

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