miércoles, 19 de octubre de 2011

DE HOSPITALES, INCIDENTES Y OTRAS TONTERIAS

Ayer fue un día pelín tonto por llamarle de alguna manera. Como todas las mañanas llevé a los niños al colegio. Cuando volvía a casa, decidí suicidarme.

Sí, como lo leéis. Prefiero decir eso a lo que realmente sucedió. Tremendo. Pero para no asustaros contaré la verdad.

Esperando en un semáforo en rojo, conduciendo mi coche. En el cruce entre Concha Espina con Serrano. Para los que no sois de Madrid, un cruce bastante, bastante concurrido a las nueve de la mañana. Y, de repente, se pone el muñequito en verde para los peatones y ni corta ni perezosa, yo conductora, me lanzo en plancha al cruce. 

Por supuesto, se abre el semáforo de Serrano y yo que salgo desde el de Concha Espina pienso “uy, se están saltando el semáforo” hasta que me doy cuenta que no es sólo uno el que se salta el semáforo si no que son muchos. Y además, el de detrás de mí ¡parado en el semáforo! no hace más que pitarme. Y la del sentido contrario me mira con cara de “¿pero qué coño estás haciendo?”

Y me doy cuenta que la que se está saltando el semáforo ¡soy yo! 

Mi cara era todo un poema. Cuando el semáforo se puso verdaderamente en verde, el chico que me había estado pitando como un loco para avisarme de mi cagada, tenía medio cuerpo fuera de la ventanilla para poder verle la cara a la loca que se había lanzado en plancha al suicidio. ¡Qué vergüenza!

Luego, todo el mundo me preguntaba, “pero ¿en qué estabas pensando?”

Pues lo cierto es que no pensaba. Encefalograma plano que es lo que más me fastidia.

Después, me fui al hospital en el que estaban operando a mi hermano de una hernia inguinal. Lo que realmente era un parida se convirtió en toda una tarde descubriendo lo que significa ser badricárdico. 

Como le habían puesto epidural y los hombres son tan flojos, le empezó a sentar mal y a estar todo el tiempo mareado. 

Pies para arriba. Pies para abajo. Un poco de azúcar. “Mire enfermera perdone pero es que soy badricárdico”. Y la enfermera, “¡Ah! Claro” Y yo, con cara de pocker… ¡otra vez!

Al final todo se le pasó cuando le sondaron y consiguió expulsar la epidural. 

Y ¿qué es ser badricárdico? Pues que tienes las pulsaciones más lentas. Vamos que si las del resto de los mortales van a sesenta, las suyas estaban por cuarenta. Así que, además de mareado, estaba medio muerto.

¡Qué horror! ¡Qué mañana!

Y para que la tarde no fuera mejor, el pequeño con una descomposición de las de morirse. Corriendo por el colegio de los mayores en busca de un servicio porque el niño se iba de vareta. ¡Y qué olor!

Vamos, que si no me hubiera levantado de la cama, habría sido mucho mejor ¡para todos!

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