lunes, 28 de noviembre de 2011

LA EDUCACION SEXISTA


El niño con la ametralladora
En este post iba a hablaros sobre mi opinión al respecto de que la señora Soraya Saez de Santamaría esté trabajando cual posesa sin que, ni siquiera, se haya cumplido un mes del nacimiento de su hijo. O de la opinión que me merece Mariano Rajoy al tener a una mujer en su equipo casi con los puntos en el chisme porque se ha incorporado a trabajar con tanta celeridad. Seguro que el próximo presidente del gobierno tendrá muchas y bonitas teorías sobre la conciliación laboral. Y nos las venderá. Pero me temo que serán poco creíbles teniendo en cuenta lo que predica con el ejemplo. Pero bueno, como he dicho, eso lo dejo para otro post.

En este quería hablaros de las cosas que se dicen con la boca grande y luego te tienes que tragar con la boca chiquitita, chiquitita.

Cuando era joven, inexperta y sin hijos, dije que nunca les regalaría pistolas a mis hijos. No quería una educación sexista para ellos. Pues mi hijo mediano hoy cumple ocho años y de regalo entre amigos y familia, ha recibido ¡seis pistolas en total! Para ser más exactos, dos pistolas, una metralleta normal y otra con mira telescópica. Y otras dos pistolas de un juego que se llama el Cazafantasmas. Vamos, ¡seis!

Él está como loco de contento. Se dedica a disparar a todo aquel que llama al timbre. Se coloca en mitad del pasillo y al abrir la puerta, ¡cacharrazo que te crió!

Lo más fuerte es que no sólo el niño juega con las dichosas pistolitas. Anoche me encontré tirado en el suelo a mi marido con la metralleta telescópica. Mirando a través de ella. Y cuando asomé la nariz por el pasillo me lanzó toda una ráfaga de proyectiles.

Los niños se lo pasan pipa con las dos pistolitas disparándote al culo. Y si lo llevas con pantalones, no hace daño pero como te pillen en paños menores ¡ni te cuento! 

No han pasado ni dos días y la niña y yo ya estamos hasta el moño de las pistolitas mientras que los varones de la casa se lo pasan en grande disparando a todo bicho viviente. 

Vamos que aquello de “si me hubiera metido la lengua en el culo” o “al que escupe al cielo le cae en la cara” ¡son grandes verdades! 

Ciertamente y, aunque creo en la igualdad, somos diferentes. Es indiscutible. Porque, sin quererlo ni beberlo, te encuentras educando a tu hijo de una manera sexista. O más que educando, regalando. Y eso que a la niña nunca le gustaron las muñecas…

Pero qué guapa estoy calladita.

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