lunes, 14 de noviembre de 2011

LAS HORMONAS REVOLUCIONADAS

Me he puesto las pilas porque una amiga me ha mandado un “guasa” y me ha dicho: “Lola, actualiza el blog que si no pierdo el hilo” Y una, que es muy obediente, se ha puesto manos a la obra una vez que ha “empaquetado” a los niños como corresponde.

Y ¿qué os voy a contar hoy? Pues algo que es parte de nuestra naturaleza: las hormonas revolucionadas. 

Hoy he ido a comer con una amiga y cuando bajaba hacia el restaurante por las callejuelas del El Viso me he encontrado a una joven parejita pegándose el lote apoyados en un coche. 

Para los que no seáis de Madrid, El Viso es una zona muy pija y tranquila en la que existen unas casas maravillosas en las que habitan gente de alto nivel económico. 

Esta parejita debía estar haciendo unas pellas de las de antes de alguno de los muchos colegios que hay por la zona. De unos quince o dieciséis años. Pijines. 

Y ¿qué era lo raro de todo esto? Pues que la niña llevaba la falda por debajo de las axilas mientras el chaval le sobaba el mismísimo.

A mí me ha dado tanta vergüenza que he tenido que mirar para otro lado. Y rápidamente se me han venido a la cabeza sus padres. 

Y seguidamente he pensado: “¡Madre mía que vieja soy!”

Y os explico cada uno de los dos pensamientos.

He pensado en sus padres porque me he imaginado a mi hija en esa situación y casi me desmayo. No se trata de que tenga las hormonas revolucionadas y se quiera pegar unos cuantos achuchones con algún chaval revolucionado. El problema es que no eran “cuatro achuchones” y eran muy, muy jóvenes. ¿Han podido hacer algo mal sus padres?  O ¿es simplemente un tema de evolución?  Es decir, seguro que mi madre comparada con mi abuela fue más adelantada. Y yo comparada con mi madre, pues imagino que también. Y dentro de muchos, muchos años, pues mi hija también será más adelantada que yo. Es ley de vida. Pero tan, tan adelantada. No sé.  Sólo espero tener que preocuparte sobre estos asuntos dentro de mucho tiempo.

Y esto enlaza con lo vieja que me he sentido. ¡Preocupándome ya por los achuchones de la niña! Si yo sólo quiero preocuparme por los míos.

¡Madre mía! Me temo que tendré que prepararme para lo que se nos viene encima. ¡La pre-adolescencia! Sólo me queda superar mi pavo para poder enfrentarme al de mi hija.  

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