miércoles, 2 de noviembre de 2011

PERO ¿QUÉ NOS PASA?

Estaba poniendo la mesa y escuchando a Mariló Montero que contaba que han realizado un estudio que revela que el ser amable te hace más feliz. Que amable viene de la palabra “amar” y que todas aquellas personas que son más amables, son a la vez también, las más felices.

Dándole vueltas a este tema e intentando ligarlo con la conversación que he tenido con una amiga en la que yo le recriminaba o criticaba constructivamente (o al menos lo he intentado) que estaba muy protestona, comienzan las noticias locales y cuentan que ha empezado el juicio a una madre y su pareja por maltratar a su bebé de seis meses.

La niña tenía rotos huesos de la cabeza, de las piernas, de los brazos. Sangraba por un ojo y por la boca y tenía anemia severa pues no la alimentaban.  Y es el padre biológico, el que al visitar a la niña y darse cuenta de su estado, la lleva al hospital. La madre alega que el hospital estaba muy lejos. (¿??¡¡¡¡¡)

Ante semejante noticia, se me ponen los pelos como escarpias, me llevo las manos a la cabeza, se me descompone el alma… ¡qué horror!

Por supuesto la niña tendrá secuelas de por vida. Y no sólo las físicas, claro. Las psíquicas serán terribles. 

Y ¿cómo se sigue el día a día ante semejante barbaridad? ¿Qué se puede hacer? ¿Cómo se pueden evitar estos casos en los que los niños, los más indefensos, son maltratados, vejados, asesinados tan cruelmente?

Lógicamente, estas personas tienen que tener un problema síquico grave. Nadie en su sano juicio comete tantas barbaridades pero entonces, ¿por qué tienen hijos? ¿Deberíamos pasar todos un examen antes de ser padres?

Por supuesto, esto es inviable y seguro que ¡hasta yo misma lo hubiera suspendido! pero me desespero intentado buscar alguna solución que, claramente, no está en mi mano. 

Creo que la educación es clave. Sin educación estamos perdidos. 

Pero no quiero volver a entrar en ese barro que me lío otra vez con el video de Rubalcaba ¡y me pierdo!

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