miércoles, 14 de diciembre de 2011

LA FELICIDAD DE LOS NIÑOS



¡Los niños son felices con cualquier cosa! Saltando las olas. Como tantos  niños, en tantos sitios y desde hace tanto tiempo. Muchas veces, por no decir casi siempre, somos los padres los que lo complicamos todo.

Esta foto me parece preciosa y me produce una sensación de bienestar incomparable.

Y, es que yo también soy feliz en la playa. Me da igual que sea invierno o verano. En bikini o con abrigo, en la playa estoy contenta y relajada. Mirar al mar me resulta uno de los mayores placeres que tiene la vida. Independientemente del mar o del océano que sea. Puedo mirarlo durante horas y no cansarme.

Pero no me quiero despistar de lo que os quería contar. 

El otro día por la noche. El sábado a eso de las 10 volvíamos del puente. Llevábamos ya alrededor de cinco horas y media de viaje. Ya cansaditos. Llegando a Madrid con la radio puesta para que el mediano escuchara el partido del Real Madrid vs. Barça que comenzaba a esa hora.

Un inciso para comentaros que no entiendo a quién le puede gustar escuchar los partidos de futbol por la radio. ¡Qué estrés! ¡Qué gritos! 

Total, justo en el segundo en el que, al dichoso Benzemá se le ocurrió meter un gol y la radio a todo trapo con el locutor gritando como si estuviese pariendo. El pequeño que, al oír los gritos se anima y se pone también a gritar. Os recuerdo que llovía y era de noche. 

Justo en ese segundo, al entrar en una curva de la M-11, un accidente recién ocurrido de un taxista que estaba con el coche boca abajo. Un señor intentando que los coches que llegábamos no nos comiéramos al accidentado. Otros tantos coches parados con los warnings en la cuneta…

Vamos, todo un momentazo. 

El caso es que, justo en ese instante, a mi marido le da el tabardillo y suelta un improperio por su boca a lo que el mediano, en su felicidad y desde la última fila del coche, reacciona preguntando: “Oye, papá, eso que has dicho que empieza por “o” y no se puede decir, ¿lleva “h” o no lleva “h”?”

A mí en ese momento sólo se me ocurrió mandarle al pedo pero luego, cuando lo recuerdo me parto de la risa.

¡Qué felices son los niños!  ¿Sí o no? Y qué alegría tan grande cuando les ves saltar las olas con tanta despreocupación, o poder estar tan relajados mientras su entorno está totalmente crispado. Y por supuesto, que sea siempre así. 

Ya podríamos los adultos aprender de los niños para variar.

3 comentarios:

  1. Que foto mas bonita! Plasma la belleza del instante y la ternura de los hermanos mayores pendientes del pequeño...

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