martes, 25 de octubre de 2011

¡QUE HARTAZGO!

Ya os lo dije en un post pasado, me cabrea enormemente el tema de los bandos en la política española. Y me cabrean a un más los estereotipos. ¡Y cuando se mezclan las dos cosas, el cabreo es monumental!

No. No tengo un mal día, es que he visto el telediario. ¿Y qué ponían en el telediario? Pues además de todas las desgracias de este mundo, los videos electorales tanto del PSOE como del PP. 

Y el cabreo me ha llegado cuando he visto el del PSOE. No sé si entero o un pequeño tráiler. Me da igual. Con lo que he visto tengo más que suficiente. Y no, no os confundáis. No se trata de que soy del PP y miro por los míos. Para dejarlo cristalino: paso de la política como de la mierda. Lo puedo decir más finamente pero no más claro.

El caso es que en el vídeo del PSOE se ve a un niño vestido de  uniforme que lo lleva la cuidadora con uniforme también al colegio y le pregunta: “Juanita, ¿tú tienes hijos?” Y contesta Juanita: “Sí , una niña y es de tu edad” A lo que el niño repeinado y repelente responde: “¡Qué bien! Así podrá cuidar de mis hijos cuando sea mayor” Luego se ve a la cuidadora como lleva a su hija a un colegio público  y le dice “corre, hija, corre” o algo parecido.

Pero, ¿de qué coño van esta gente? 

Primero, he estudiado en colegio y universidad privada toda mi vida. Nunca en mi casa he tenido cuidadora. Al colegio me ha llevado siempre el autobús escolar. Y para pagar tanto el colegio como la universidad, mis padres trabajaban como cabrones. Y no gastaban. Y cuidaban de sus hijos.

Segundo, mis hijos van a colegio privado y su madre les lleva y les recoge todos los días. Y puedo asegurar que no soy la única madre y el resto son todo cuidadoras. Hay mucho padre y mucha madre. Para poder hacer esto, he sacrificado mi vida profesional y mi marido trabaja como un capullo cada día. 

Tercero, estoy muy segura que tanto en  colegios públicos como en colegios privados existen hijos de gente de izquierdas y gente de derechas porque cada uno quiere el mejor centro para sus hijos y eso es independiente de su voto electoral.

Cuarto, mi abuelo paterno era de izquierdas y mi abuelo materno de derechas y os puedo asegurar que no podían quererse más ni ser más amigos. Y su ejemplo me enseñó que ese tema existió durante una mala época de nuestra historia y que luego había que borrarlo. Ellos ya lo habían hecho a los pocos años de haberse terminado. 

Quinto, creerme de verdad que votaría a alguien que pensase en dirigir el país como una empresa y tuviese la capacidad de contratar a su equipo sin pensar en ideologías si no, en la validez profesional. Validez que en muchos políticos es altamente discutible.

Sexto, pero ¿por qué hay tanto progre retorcido en los departamentos de marketing de los partidos políticos?

Así seguiría hasta un número infinito. No puedo con  ese rollo. Que dejan ya de poner etiquetas.  ¿Habrá alguien que se lo crea?

lunes, 24 de octubre de 2011

GENTE SABIA


El otro día mi marido me enseñó un video que circula por YouTube sobre Steve Jobs. Os lo paso para que podáis verlo. Es más antiguo que la tos pero nosotros lo hemos descubierto ahora. Quizás lo conozcáis.

En él, Steve Jobs da un discurso durante una graduación en la universidad de Standford en San Francisco. Un discurso en el que anima a los recién graduados a vivir con pasión. A amar lo que hagan cada día de su vida. A no tener miedo. A dejarse llevar por su instinto. A no temer  al cambio si lo que hacen no les apasiona. 

Stay hungry. Stay foolish

Ciertamente, dice muchas verdades y es interesante verlo.

Sin embargo, cuando escucho estas cosas, y no es la primera vez, además siempre coincide que el que las dice, ha tenido mucho éxito profesional y personal en su vida. Siempre. El caso es que, cuando las escucho, no puedo evitar preguntarme: “¿este hombre no tuvo nunca un mal día?”. O “¿este hombre no sabe que es la monotonía?”.

Me explico. Yo puedo decidir que lo que hago ahora mismo es lo que más me gusta. Y me refiero a escribir el blog. Pero, cuando me levanto todos los días a las siete de la mañana y me miro al espejo no pienso “¡Cuánto amo esto!”. Lo que pienso es “¡que sueño tengo y que ganas de volver a meterme en la cama!”

Y puede ser que tenga un día muy interesante por delante, pero no siento esa pasión exacerbada que me pueda llevar a cambiar el mundo como ocurrió en su caso.

Y de verdad que me da rabia no sentirla. Me encantaría poder encontrar un tema, por supuesto aparte de mis hijos que se da por hecho, pero algo profesional que me gustara tanto que consiguiera no sólo el reconocimiento personal sino también el profesional. Ese que te sube la autoestima y te hace sentir bien. Y si además ganara dinero con ello, ¡la leche!

Conozco a gente que sí siente esa pasión por lo que hacen, empezando por mi marido. Muchas veces le echo en cara que no tenga el mismo arranque en su vida personal como en su vida profesional. Si fuera así, ¡ya tendría casa nueva y no que llevo cinco años para encontrar una que nos cuadre!

O mi amiga la Reina del Facebook, del Twitter y ahora también conocida como Sindi y bloguera reconocida (La Clase de Laura). Ella vive con auténtica pasión su amor por la enseñanza. Y no fue lo primero a lo que se dedicó en la vida. Fue un descubrimiento tardío. 

Ella también me ha enviado un video de otro sabio. Sugata Mitra. Os lo paso. Este señor está revolucionando la enseñanza. El método. Es sabio y también vive con pasión su oficio.

Verlos los dos. Siempre es bueno escuchar a la gente sabia. Nos abren la mente, el corazón y hasta en algunos casos  ¡los ojos!

miércoles, 19 de octubre de 2011

DE HOSPITALES, INCIDENTES Y OTRAS TONTERIAS

Ayer fue un día pelín tonto por llamarle de alguna manera. Como todas las mañanas llevé a los niños al colegio. Cuando volvía a casa, decidí suicidarme.

Sí, como lo leéis. Prefiero decir eso a lo que realmente sucedió. Tremendo. Pero para no asustaros contaré la verdad.

Esperando en un semáforo en rojo, conduciendo mi coche. En el cruce entre Concha Espina con Serrano. Para los que no sois de Madrid, un cruce bastante, bastante concurrido a las nueve de la mañana. Y, de repente, se pone el muñequito en verde para los peatones y ni corta ni perezosa, yo conductora, me lanzo en plancha al cruce. 

Por supuesto, se abre el semáforo de Serrano y yo que salgo desde el de Concha Espina pienso “uy, se están saltando el semáforo” hasta que me doy cuenta que no es sólo uno el que se salta el semáforo si no que son muchos. Y además, el de detrás de mí ¡parado en el semáforo! no hace más que pitarme. Y la del sentido contrario me mira con cara de “¿pero qué coño estás haciendo?”

Y me doy cuenta que la que se está saltando el semáforo ¡soy yo! 

Mi cara era todo un poema. Cuando el semáforo se puso verdaderamente en verde, el chico que me había estado pitando como un loco para avisarme de mi cagada, tenía medio cuerpo fuera de la ventanilla para poder verle la cara a la loca que se había lanzado en plancha al suicidio. ¡Qué vergüenza!

Luego, todo el mundo me preguntaba, “pero ¿en qué estabas pensando?”

Pues lo cierto es que no pensaba. Encefalograma plano que es lo que más me fastidia.

Después, me fui al hospital en el que estaban operando a mi hermano de una hernia inguinal. Lo que realmente era un parida se convirtió en toda una tarde descubriendo lo que significa ser badricárdico. 

Como le habían puesto epidural y los hombres son tan flojos, le empezó a sentar mal y a estar todo el tiempo mareado. 

Pies para arriba. Pies para abajo. Un poco de azúcar. “Mire enfermera perdone pero es que soy badricárdico”. Y la enfermera, “¡Ah! Claro” Y yo, con cara de pocker… ¡otra vez!

Al final todo se le pasó cuando le sondaron y consiguió expulsar la epidural. 

Y ¿qué es ser badricárdico? Pues que tienes las pulsaciones más lentas. Vamos que si las del resto de los mortales van a sesenta, las suyas estaban por cuarenta. Así que, además de mareado, estaba medio muerto.

¡Qué horror! ¡Qué mañana!

Y para que la tarde no fuera mejor, el pequeño con una descomposición de las de morirse. Corriendo por el colegio de los mayores en busca de un servicio porque el niño se iba de vareta. ¡Y qué olor!

Vamos, que si no me hubiera levantado de la cama, habría sido mucho mejor ¡para todos!

lunes, 17 de octubre de 2011

DIA DE FIESTA, DIA DE NIÑOS


El pasado 12 de octubre teníamos a los niños en casa como casi todas vosotras. Y esos días tienes que buscar plan para entretenerles. Sí o sí.

Nosotros hemos decidido que es el momento de hacer turismo por Madrid. Sí, tal y como lo leéis, madrileños haciendo turismo en Madrid.

Y es que, aunque parezca mentira, en 40 años viviendo aquí no había entrado nunca al Templo de Debod. 

Así que, dicho y hecho. Encaminamos nuestros pasos hacia el Paseo de Pintor Rosales. Allí aparcamos el coche, no sin antes ver al candidato Alfredo Pérez Rubalcaba que se metía en un coche dirección supongo que al Palacio Real para la recepción de ese día. ¡Toda una anécdota!

Templo de Debod con la Plaza de España al fondo
Una vez allí, intentemos montar primero en el Teleférico pero había una cola enorme. Decidimos por tanto, visitar primero el Templo de Debod. También había cola, pero menos. 

Es un templo que tiene unos 2.200 años, que lleva instalado en Madrid desde 1972 y es el único del Antiguo Egipto que puede encontrarse en España.  ¡Y yo 40 años sin verlo! Es precioso y muy recomendable.

Luego, comimos en uno de los restaurantes de la zona. Esta vez elegimos La Creperie. Teniendo en cuenta que vamos con niños siempre escogemos uno facilito y familiar. No comimos mal pero fueron pelín lentos y su excusa era que “sólo tienen dos planchas”. No es por ser borde, pero ese no es problema del cliente. Si tienes 20 mesas y con dos planchas no das abasto, o pones menos mesas o pones más planchas ¿no?

El caso es que yo, en un restaurante, siempre soy super educada y pido las cosas con “las palabras mágicas” intentando tener muy contento al camarero. Y os preguntaréis el por qué. Pues porque tuve una compañera que había trabajado de camarera en un Vips y me confesó las guarrerías-putadas que le hacían al cliente puñetero. ¡A mí sólo de pensarlo me dan arcadas!

Después, a una hora en la que el resto sí estaba comiendo, retomamos el Teleférico. En este sí que había montado pero hacía tantos años que ni me acordaba.

Es otra actividad que recomiendo a todo aquel que visite Madrid o a todo madrileño que no haya montado porque las vistas son ¡magníficas! Puedes divisar desde San Francisco el Grande, la Almudena junto al Palacio Real y los edificios de Plaza España hasta las Torres Kio y las cuatro Torres de Plaza Castilla aunque sólo ves tres porque la cuarta la tapa una de ellas. No hace falta que te bajes en la Casa de Campo si no quieres. Puedes volver directamente que es lo que hicimos nosotros de cara a evitarnos otra cola de vuelta y/o todo el calorazo de Madrid a las cuatro de la tarde.
 
Lo cierto es que pasamos un día muy agradable. Hemos pensado que la próxima visita cultural será al Palacio Real. ¡Este no lo conocemos ninguno! ¡Tiene delito!

 Y, por último y no por ello menos importante ¡bienvenida número 14!

jueves, 13 de octubre de 2011

A VUELTAS CON LA VIDA

Sí, sigo dándole vueltas al mismo tema. Y es que ahora me hablan de “vida convencional”.  Como os lo explico…

Por lo visto, si estás casado, con hijos e hipoteca, llevas una vida convencional y además eres de derechas (y pelín retrograda).

Si estás emparejado o soltero, tienes o no tienes hijos e hipoteca o alquiler, llevas una vida no convencional o progre y por tanto, eres de izquierdas y progresista. (¡Ah! Y fumas porros)

Y todo esto depende de quién te mire. Y lo vivo en mis propias carnes. 

Mis compañeros de oficina me llamaban “Rogelia”. Debí hacer algún comentario que ellos decidieron que era de izquierdas. Siempre teniendo en cuenta que para ellos, ¡hasta Blas Piñar era un “rojo de mierda”!

Sin embargo, para mis compañeros de colegio con los que cené recientemente como recordaréis, resulta que soy de derechas y llevo una vida convencional. Ellos son casi todos pelín progres pero todos venimos de un colegio privado y alguno hasta con apellido famoso.

A mí, esto de que me juzguen y califiquen en un lado o en otro me toca las narices. Principalmente porque llevo la vida que me da la gana sin pensar en que lo que hago es más de un bando que de otro.

¡No me gustan los bandos! Hace ya muchos años que lo de los rojos y los azules se fue a hacer puñetas como para que, personas de mi generación, sigamos calificándonos de esta manera.

Creo que en la vida de toda persona debe imperar principalmente y por encima de todo, el sentido común. Intento que mi vida y la de mi familia se rija por ese sentido más que por ningún otro. Luego, sólo pretendo alcanzar la felicidad. Cada uno la alcanza de una manera u otra. Cada uno debe saber lo que le hace feliz o le alegra la vida. Para unos, son los hijos. Para otros, sus trabajos. O una casa más grande. O viajar. O las drogas. O todo a la vez ¡Yo que sé! ¡Y ni lo sé ni me importa!

Pero por favor, no seamos tan básicos como para calificar las vidas de los demás de un color u otro, de convencional o experimental, por el mero hecho de cómo y de qué manera ha decidido vivirla.

¡Hay tantos matices! ¡Tantos colores! ¡Y la política es tan, tan aburrida!

lunes, 10 de octubre de 2011

EL MOVIMIENTO MARUJA VISITA EL MUSEO SOROLLA

Fue el único momento agradable de la semana pasada. ¡Qué horror!

Bueno, para ser sincera, no fue el único. Como ya os contaba en el anterior post, el viernes cené con mis compañeros de colegio. A uno de ellos hacía ¡20 años! que no le veía.

Pero vamos por partes.

El jueves, durante una hora perdida que tenía entre la comida y recoger a los niños en el colegio, decidí acercarme al Museo Sorolla con una amiga. Sorolla es un pintor que siempre me ha encantado. Principalmente, me gustan sus pinturas de playa porque reflejan a la perfección la luz del Mediterráneo. Ese lugar en el que yo disfruto con gran intensidad de “Arena, mar y buena música.” Contemplar esos cuadros me relaja enormemente. Y teniendo en cuenta que no me había tomado la tila…

Fuente el el jardín del Museo Sorolla. Foto hecha por mi
Por otro lado, desconocía la afición de Sorolla por la jardinería y la verdad, poder tocar un árbol que ha sido plantado por el pintor, me hizo mucha ilusión.

Y luego el viernes, la cena del recuerdo. Estamos todos igual de estupendos y divinos que hace 20 años ¡pero como cabras! ¡Qué barbaridad! ¡Qué falta nos hace un buen sicólogo! Pero lo pasamos divino. Eso sí. El trasnochar terminó por rematarme y quedé afónica para el resto del fin de semana y lo que llevamos de esta.

¡Para alegría de mi marido! Cuando llegó y me oyó, miró a los niños y les dijo: “¡Qué bien chicos. Mami está mudita!”

Sin comentarios.

Esta semana se plantea más tranquila, de momento. Tengo pendiente rematar la Ruta de los Mercados con el Mercado de San Pascual y alguna que otra visita cultural a otra exposición en el Museo del Prado esta vez.

Además, creo que voy a comenzar la serie Los Partos que también tiene su miga. 

Espero que os vayan gustando los temas y os vayáis animando esas vergonzosillas que no se hacen seguidoras, ¡hacerlo puñetas!