martes, 11 de diciembre de 2012

MIENTRAS HACEMOS PILATES, SOLUCIONAMOS LA CRISIS



Todos los lunes a las 10 de la mañana y desde hace cuatro años, lucho contra la panceta en las clases de Pilates. Como ya os imagináis, me tiene ganada la batalla, ¡pero no la guerra!

Para poneros en antecedentes, he de deciros, que soy cemento “armao”. Esto significa que mi nivel de elasticidad es el mismo que el del  cemento “armao”. Que no armado. No. Mi nivel de elasticidad es también, vasto.

Y hoy, aunque martes, estaba yo recuperando la clase de las Navidades junto con una señora de la que ya hablé en otro post (“Vivir el presente sin empujar el futuro”), y dos chicas algo más jóvenes que yo (pero no mucho…) Además de la profesora que es de Lugo y muy, muy directa.

El caso es que mientras estirábamos el cuello, el brazo, las muñecas y la pierna, la profe le ha preguntado a una de las chicas que es azafata de Iberia que si iban a hacer huelga. A lo que ella ha contestado un lacónico “pero si no nos dejan.  A los ocho que la hicieron la otra vez, los han puesto de patitas en la calle”

La profe, con la fuerza y la rebeldía de la juventud y su acento gallego, ha sentenciado “en esta país nos quejamos poco. Tendríamos que salir todos como locos, todos los autónomos (hablaba por ella y su colectivo) echarnos a la calle a protestar”

Y yo, dulcemente y con la voz entrecortada por el dolor en la entrepierna al estirar la pata, le he dicho “pero ¿de qué sirve quejarse? Yo me paso el día quejándome por los niños y no sirve de nada hasta que no busco una solución y grito, o suelto la mano de paseo o les explico cómo deben hacerlo y cómo no deben hacerlo.”

Y he seguido en mi discurso mientras juntábamos las escápulas y doblábamos el cuerpo a la mitad que parece muy tonto pero duele de lo lindo. “Quejarse no es la solución. Es también parte de los errores de nuestra modelo de sociedad que debemos cambiar. No hay que quejarse. Hay que proponer soluciones y desde tu pequeña parcela, intentar implantarlas”

Que duda cabe que si nos quitáramos de en medio a muchos de la clase política, a unos cuantos empresarios avariciosos y sindicalistas carroñeros, pasáramos de las tonterías y banalidades de otros tantos periodistas, pues ciertamente lo tendríamos más fácil.

No quería ni quiero ponerme en contra a nadie pero como siempre dice mi maridín, él en su sabiduría, el símbolo por el cual los chinos expresan la palabra “Crisis” está compuesto por otros dos símbolos que significan “peligro” y “oportunidad”.

Ahora mismo, vivimos tiempos peligrosos pero son el momento, la oportunidad, de cambiar aquello que nos está haciendo recular y mejorarlo para tirar para adelante todavía con más fuerza, si cabe. 

Sacudirnos el polvo del “chorizo” ( de los “chorizos”) y con ganas y entusiasmo, retomar nuestro camino.

Porque ya creo habéroslo dicho más de una vez, para atrás, ni para coger carrerilla.

4 comentarios:

  1. Yo también soy de las que creo que protestar no aporta nada ni sirve de nada.

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    1. Ahora acabo de escuchar en las noticias regionales que los sindicatos sanitarios van a proponer al gobierno nuevas medidas que podrán ahorrar lo mismo que quieren ellos y no serán tan negativas.
      Eso es lo que hay que hacer: proponer, escuchar, dialogar y aplicar.

      Por lo menos, desde mi punto de vista...

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  2. Lola, estoy contigo!
    Para María y muchos/as que piensan como ella. Es comprensible. Pero si no te gusta lo que está pasando, la pasividad no creo que deba ser una opción.
    Como dice la famosa frase "para que triunfe el mal, solo es necesario que los hombres buenos no hagan nada"
    Un beso a las dos

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    1. La frase es muy buena y muy cierta. Yo creo que protestar o quejarse no sirve pero eso no significa que no hagas nada. Hay mucha gente haciendo mucho y nunca se les oye. Y otros hacen mucho ruido, pero no consiguen nada. O esa impresión dan, al menos. Besos.

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