lunes, 22 de abril de 2013

DIAS GYMKANA

El otro día fue uno de esos “días gymkana” en los que vas cumpliendo etapas  y todo el día con la lengua fuera.

Primero, tenía alergólogo con la niña porque cada vez que hace Educación Física se pone roja como un tomate y le pica todo el cuerpo. Excusa inigualable para pasarse la clase en Botiquín y no correr un poquito.

Antes de acudir a la cita y tras dejar a los varones en sus respectivos colegios, desayunamos en un sitio muy bonito que han abierto cerca del cole y del que os enseño algunas fotos. Se llama Lombay y está situado en el Paseo de la Habana, 13. Es muy tranquilo y agradable y a la niña le encantó conocerlo (y zamparse el donut y el cola-cao… por segunda vez)

Luego, ya en el hospital, nos tocó esperar en una sala pequeña repleta de gente y de niños. Los niños es normal que hagan ruido y no paren quietos por eso, porque son niños pero, a todas esas personas adultas que se lían a hablar a voz en grito por el móvil les pediría un poquito de educación, consideración… De verdad, ¡qué estrés!

Después, me fui a mi tratamiento para seguir reduciendo la chichota. Allí me relajé un poquito para ponerme de nuevo en marcha e irme a comer con unas amigas al restaurante Zen Central de la calle Puigcerdá, 6. Comimos estupendamente y le dimos a la charleta de lo lindo. Que de eso se trataba. 

De allí directamente a por los niños al cole. Al mediano le  dejé en futbol y a la mayor y al pequeño los llevé a casa.

Preparé la cena, bañé al pequeño y dejé todo preparado y listo para que mi marido sólo se preocupara de darles la cena y meterles en la cama. 

Me puse los tacones y me volví a ir… Esta vez a cenar con las madres de la clase del mediano. Cenamos en el Café Shaigón que está en la calle María de Molina, 4 y que además es de otra madre del colegio. Vamos, que todo queda en casa.

También lo pasé fenomenal. Y eso que éramos un grupo que no nos conocíamos pero al final, el buen rollo y las risas imperaron y la noche salió redonda.

Llegaba a la una y media de la mañana a casa arrastrando el tacón pero dando gracias siempre por días gymkana como estos.  Porque se y soy consciente que, en estos tiempos que corren y aunque soy hija de un ERE, tengo la suerte de poder acabar agotada por haber disfrutado de la maternidad y de diferentes mujeres. Todas tan dispares pero tan parecidas a la vez. Todas luchando por lo mismo. Por salir adelante de un modo u otro. 

Mujeres que cada día me enseñan y me demuestran que el que quiere puede. Que da igual las vueltas que de la vida, los sinsabores, las volteretas. Siempre habrá momentos para poner en marcha un negocio, criar hijos, trabajar fuera y dentro de casa, disfrutar de la compañía de otros, pelear por lo que quieres o los que quieres… Y sin borrar la sonrisa de la cara. Sin un mal gesto. Sin malas palabras.

Todo mi agradecimiento y mi admiración.



4 comentarios:

  1. Muy bonico el post.
    Yo voy tomando nota de los sitios por que este verano me voy a dejar caer unos días por Madrid.

    besos

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  2. Respuestas
    1. Otro para tí y muchas gracias por la visita y el comentario.

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