miércoles, 17 de abril de 2013

ENTRE PROPINAS Y REGATEOS

No me gustan las propinas. Al igual que no me gusta regatear.

Me gusta que me cobren lo que me tengan que cobrar y que paguen a la persona que me atienda lo que se merezca. No que su sueldo dependa de las propinas que le dan los clientes. 

Me gusta que me cobren lo que marca lo que compro. No me gusta regatear porque, al final, siempre pienso que me lo he llevado caro.

No sé si son comparables ambos conceptos pero a mí, me desagradan por igual.

Bajo mi punto de vista, la propina está anticuada. Obsoleta. Rancia. Ahora existe un trato más cercano con la persona que te corta el pelo o te depila. Un trato más de tú a tú. De tal manera, que darle la propina a mí, me violenta. 

Probablemente es una chorrada que sólo me pasa a mí.

Igualmente tener que regatear, me incomoda muchísimo y además, no se hacerlo. 

¿Por qué se siguen manteniendo estos conceptos? No son culturales. La propina no es algo español. Es del mundo entero e incluso, en algunos sitios está totalmente establecida y es obligatoria como en Estados Unidos. 

Y regatear lo mismo. España, Turquía, Tailandia… En todos estos países, puedes y debes regatear al comprar según qué cosas y en qué sitios. ¿Por qué? ¿Por qué no ponen un precio y, si me interesa el producto, lo pago y punto?

¿Por qué el dueño de una cafetería, de un garaje o de una peluquería no paga a su empleado lo que se merece por su trabajo? ¿Por qué además de pagar por el servicio tengo que dejar una propina? ¿Por qué se acepta sin discusión en algunos sectores y en otros, ni te lo planteas? 

La propina induce a pensar que si la dejas, la próxima vez lo harán igual de bien y si no la dejas, lo harán normal. Sin mucha más dedicación.

Regatear induce a pensar que siempre podrías haber sacado un precio mejor. 

Seguramente, estos conceptos que llevan siglos con nosotros son muy difíciles de erradicar. 

Me tendré que aguantar y seguir pasando el mal rato cada vez que voy a pagar. Siempre estoy mirando qué hacen los demás. Esta ha dejado propina, aquel no… Llevo suelto. No lo llevo. Cuánto le doy. Le doy a los tres que me han atendido. No le doy a ninguno. Le doy al que mejor me cae. En fin, ¡un horror!

¿Qué hacéis vosotr@s? ¿Alguna idea o solución?

12 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo, regatear me resulta odioso, y al propina me suena a limosna.
    Besos

    Raquel

    http://raqueljimenezbisuteria.blogspot.com.es/

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    1. Menos mal que cada vez se regatea menos pero lo de la propina ¡es horrible! Besos.

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  2. Yo también estoy de acuerdo, no sirvo para regatear, siempre me quedo en el primer precio, seré tonto. Y lo de propina, me da mucha rabia cuando la esperan como si fuese obligatoria. Siempre que discuto sobre ese tema digo que a mí en mi trabajo nunca me han dado propinas, por qué en otros sectores es lo normal, incluso se habla de propinas cuando negocias el sueldo? Es absurdo, Spain is different. Besos fuertes! http://universovarietes.blogspot.com.es/2013/04/hormigos-y-pantoja-que-se-busquen-otra.html

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    1. Eso es lo que realmente me molesta, que negocien dentro del sueldo las propinas. Si pago por un servicio, ¿por qué tengo que darte propina? Es super violento e incomodo. Besotes.

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  3. Pues me sucede lo mismo. Recuerdo cuando iba con mi madre a comprarme ropa y SIEMPRE pedía un descuento. Yo creo que lo hacía para hacerme pasar vergüenza...Odio el regateo y me incomoda la propina, las cosas tiene su precio.

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    1. Antes era más normal regatear. Ahora, por lo menos en eso, vamos mejorando y cada vez es más inusual regatear. Espero que pase lo mismo con la propina y vaya desapareciendo progresivamente. Besote.

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  4. Totalmente de acuerdo

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    1. Gracias por la visita y por el comentario. Besos.

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  5. Hola, tengo un comercio de equipamiento motorista y más de la mitad de mi clientela regatea los precios o me pide que le regale algo, porque es práctica habitual en el sector inflar los precios para luego tener un "detalle" con el cliente, así nos va!! Sobre las propinas yo tengo el síndrome de la bandeja vacía, me explico, nunca dejo propina, ni taxis, ni peluquerías, pedicuras ni na de na, pero ¡ay de mi! si el camarero me trae las vueltas en una bandeja, peor si es de aluminio brillante, y cojo la calderilla y el recibo, y queda sola, brillante, con reflejos, es entonces cuando soy débil, sucumbo, y dejo una propina, :-(

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    1. El Síndrome de la Bandeja Vacía es ¡malísimo! A ese síndrome sucumbimos todos. Besos anónimos.

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  6. a mi me pasa igual, me parece que no soy capaz de regatear en nada, jeje

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Me hace mucha ilusión conocer vuestra opinión. Por favor, déjame un mensaje. Gracias.