lunes, 31 de marzo de 2014

EDUCACIÓN EN SENTIMIENTOS


El pasado martes estuve en una conferencia que dio el colegio para padres sobre Inteligencia Emocional y su aplicación en las aulas y en la educación de nuestros hijos.
Me gustó mucho la conferencia y me pareció interesantísimo comprobar cómo han cambiando las cosas para bien. Como ahora es tan importante las matemáticas, la historia y la lengua (Habilidades Intelectuales) como la autoconciencia, la empatía o el control emocional (Habilidades Emocionales). En definitiva, la educación de los sentimientos que les permitirá enfrentarse con éxito en la vida a muchas situaciones para las que antes, no estábamos enseñados ni preparados.
“La Inteligencia Emocional es un tipo de inteligencia social que incluye la habilidad de supervisar y entender las emociones propias y las de los demás, discriminar entre ellas y usar la información para guiar el pensamiento y las acciones de uno”
¡Ay, si nos hubieran enseñado esto en el colegio que de disgustos que me hubiera ahorrado! Y que me seguiría ahorrando.  Porque, sí soy capaz de reconocer mis sentimientos y mis emociones pero, guiarlas y saber encauzarlas en muchos casos, ¡no tengo ni idea!
Y pongo un claro ejemplo: me supera hablar en público. Y no me refiero frente a una audiencia de 100 personas, no. Me refiero a un público de veinte niños de seis años. Me supera. No se controlar mis nervios ni mi vergüenza. Llevaba el pequeño pidiéndome que fuera a su cole a leerle un cuento a él y a sus compañeros un montón de tiempo y, cada día le ponía la excusa más peregrina. Y este era el segundo año que me lo pedía. Hasta que ya le dije que me daba vergüenza y él, que no la tiene, me miró con cara de “peroquédicemimadre”
Sí. Es así. Empiezo a ponerme roja como un tomate. Literalmente. Sin exageraciones. Rojo bermellón. Como si mi careto fuera a explotar de repente. ¡Boom!
Sin embargo, mis hijos mayores en el cole tienen clase de oratoria. Y una actividad que se conoce como Proyecto Hara que es “educación de la interioridad”. Y durante algunos recreos están “obligados” a jugar todos con todos. A preocuparse de todos. Y aprenden experimentando. Practicando. Viviendo, en definitiva.
Durante las tutorías, siempre quiero saber qué tal van en los estudios pero, en lo que realmente estoy interesada, es en trabajar con su profesor/a sus habilidades emocionales o más concretamente, sus no habilidades emocionales. Todo aquello que quiero y creo que se puede corregir de su comportamiento para que el día de mañana sean más felices.
Creo que es muy importante que saquen buenas notas y que adquieran cultura pero, sin lugar a dudas, quiero que aprendan a saber comportarse en todos los ámbitos, a saber enfrentarse a problemas y situaciones y hacerlo con éxito. Que aprendan a relacionarse con personas que no sean de su agrado y eso no les amargue ni les frustre. Quiero que toda aquella situación negativa, y hay tantas en la vida, que les toque vivir sepan llevarla lo mejor posible. No se trata de no sufrir sino de sufrir “en positivo”. Que tengan capacidad para motivarse a sí mismos. Capacidad para reconocer sus metas y llegar hasta ellas mostrando una actitud positiva ante los contratiempos.
Quiero en definitiva que sean personas cultas pero sobre todo quiero que sean personas maduras, equilibradas, positivas, responsables y sobre todo, sobre todo, felices.

4 comentarios:

  1. No existe un manual para ser madre perfecta… Por tu nota estás haciendo un gran trabajo con o sin hablar en puplico.
    iela

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    1. ¡Muchas gracias! Fíjate que he pensado ir a leerles el cuento para marcarme un reto. Ya os contaré si soy capaz. Besos.

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  2. Lola, seguro que fue muy interesante. A mi me pasa lo mismo, siempre que hablo con los profes me gusta saber como van académicamente, pero sobre todo me gusta saber como van el clase y en el patio con el resto de niños importántisimo equilibrar todo en la vida no sólo las notas.

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    1. Al final, la cultura la adquieres sí o sí. Es bueno tener una base, claro está pero gestionar los sentimientos tuyos y los ajenos me parece imprescindible. Y mucho más dificil que memorizar las guerras carlistas. Besos gordos.

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