miércoles, 30 de abril de 2014

OLOR... ¡A COMIDA!


El otro día os hablaba de los olores que nos traen recuerdos. Era una entrada bonita (para mi gusto), nostálgica. Incluso, tenía su punto glamuroso con el tema de las glicinias.
www.recetasderechupete.com
Sin embargo, hoy voy a ser más básica. Más de los instintos en vez de los sentimientos. Porque el olor del que os voy a hablar hoy es, del olor a comida.
Ese que sale de una cocina al mediodía. Y de ese que se huele en los patios de luces. ¡Ay esos patios de luces! ¡Cómo me han gustado toda la vida!
Pero otro día hablaremos de los patios de luces, ¡qué me desvío!. Hoy quiero a hablar de ese olor a comidita rica que sale de las cocinas a la hora de comer. O que debería salir de nuestras cocinas a la hora de comer.
Y digo debería porque, ¿qué mujer está en su casa al mediodía para hacer la comida? Normalmente, estamos todas trabajando. Y si está, como es mi caso, ¿qué mujer de ahora hace comidita rica? ¿Para qué niños si normalmente están todos en el cole? ¿para qué marido si, con suerte, está trabajando? Y yo, para mí, pues me preparo lo primero que pillo o las sobras de la cena pero, desde luego, ¡no me cocino!
Aunque, creo que me estoy equivocando… Alucino de mis palabras según lo escribo. Por varias razones: por machista porque en las cocinas también cocinan los hombres. Y desde luego, en la mía, el que cocina es mi marido (y si no, la thermomix)  Y, por pensar que todo el mundo es tan desastre como yo que ni me preparo comida ni se cocinar. Porque, a la vez que lo escribía, pensaba en una íntima amiga y “maruja de movimiento” que prepara todos los días comida para seis y estoy segura de que está rica, rica.
Y me vino todo esto a la cabeza porque el otro día salía yo de mi casa al mediodía, a la hora de la comida y, aunque no tenemos patio de luces, sí tenemos jardín y me vino un olor a comida de las de antes que me abrió el apetito de ese día y ¡de toda la semana!
Fue como si me retrotrajera unos cuantos años. Cuando vivía en esa casa con patio de luces y los sábado y los domingos, que claro está no comía en el cole, olía a comidita rica. A comida de madre. De madre de las de antes. O por lo menos, de madre de las que no se parecen a mí. Y aquí, creo que no soy machista. Porque antes, hace treinta años, sí que cocinaban las madres. Los padres que cocinaban eran un raro espécimen. Desde luego, en mi casa, mi padre lo único que ha preparado y prepara son las ensaladas (que le salen muy ricas, por cierto) pero encender un fuego, ¡ni de coña! ¡qué salíamos ardiendo!
Y ahora que son las dos de la tarde y de mi cocina no sale ningún olor, os dejo que me está entrando un hambre tremendo y voy a prepararme la ensalada de turno ¡que anoche no sobró nada de nada!
Y además me callo porque pensaba hablar de comidas ricas y he terminado hablando de ¡machistas varias! Señor, señor… Si ya lo dice mi marido (otra machistada, ¡cómo estoy!) “¡Qué guapa estás calladita!”

4 comentarios:

  1. Tú lo has dicho, las madres de antes... Qué maravillosos recuerdos de la hora de comer!!! Lo de los patios de luces tienen un post aparte... Yo podría aportar información muy comprometida y poco agradable... Ni las corralas son lo que eran ya!!
    Disfruta mucho del día, un besazo!!
    http://universovarietes.blogspot.com.es/

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    1. ¡Qué alegría Álvaro! Estabas perdido. Se te echaba de menos. Me ha entrado el gusanillo de la curiosidad con lo de la "información comprometida y poco agradable". ¡Ya lo estás contando! Besos.

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  2. Muy buen post. A mi me encanta la comida, y cocinar, es para lo que saco tiempo hasta de debajo de las piedras, me gusta tanto ese momento que en casa, como los niños tiene horario partido en el colegio, salen a las 12 para volver a las 3 , nunca se han quedado al comedor y han venido a casa a comer, eso sí, aun a sabiendas de que mi salud mental ha empeorado por tanto ajetreo y por que su padre echa una mano, pero, creo que el momento de comer juntos y sin la tele encendida , es uno de los mejores del día por eso creo que mis esfuerzos son para algo bueno para todos.
    Besos

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    1. ¡Qué mérito! Creo que, aunque viviese cerca del colegio de los niños, no se si los traería a casa a comer. ¡Me mataría tener que hacer la comida todos los días! Ahora que, comer me rechifla. ¡Qué hambre a estas horas! Besotes.

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