domingo, 20 de abril de 2014

OLORES QUE TRAEN RECUERDOS


Buenos recuerdos…
Estaréis extrañados de que escriba en domingo pero mañana volvemos de viaje, con todo lo que eso conlleva de maletas, cierra casa, pon lavadoras, abre casa…, y prefería estar con vosotros esta tarde. Tarde tranquilita, de recogimiento, nublada y fresca pero de sensaciones agradables. Mientras los niños juegan y  les oigo gritar, correr, reír y como no, también pelearse.
Tan agradables como los recuerdos que me traen a la memoria el olor de las glicinias. Glicinias que me encantan y que quise poner adornando la entrada de la casa para evocar ese recuerdo.
Y cuando os diga a lo que me recuerdan os vais a extrañar porque, no se por qué razón, casi todos tenemos un recuerdo agridulce del colegio. De nuestra etapa escolar. De esa en la que creces a marchas forzadas; en la que los zapatos te aprietan y tu madre protesta por lo rápido que creces; en la que aprendes cosas que luego ni recuerdas; en la que tus amigos son lo más importante y los que más alegrías y disgustos te dan; en la que todo tiene una importancia desmesurada y en la que, lo que más te divierte es jugar al balón prisionero y a Drácula.
Sí. A mi el olor intenso de las glicinias me recuerdan a mi colegio. Ese del que ya os hablé en otro post y del que me siento orgullosa. Fui feliz en el colegio. No durante toda la etapa escolar. También tuve mi momento agridulce pero pasó. Y yo siempre intento quedarme con lo bueno de las cosas y las malas, las borro.
Y ahora, muchas veces, cuando vengo y las glicinias están en flor, me sorprendo oliéndolas porque quiero evocar todo eso.
Cierro los ojos y las huelo. Y veo las caras de mis compañeros. De mis profesores. Oigo el juego de los niños. El retumbar de la pelota de baloncesto contra el tablero. La campana que suena para que volvamos a clase. Veo esas clases por dentro. Todas y cada una de ellas. Y veo el despacho del director. Y los baños. Recorro el colegio palmo a palmo.  Bebo agua de su fuente fresquita. Veo al churrero que venía a la valla del colegio a vendernos churros, porras y chucherías. Y saboreo el bocata de mortadela. Y paso por debajo de la pérgola de las glicinias. Una y otra vez.
Me gustan los recuerdos. Y todo aquello que me produce el evocarlos. E intento rodearme de todas esas cosas que resucitan esos recuerdos. Tengo muchos. No sólo las glicinias.
Mientras escribo el post, voy a la puerta y vuelvo a oler las glicinias. ¡Qué gusto! ¡Qué olor tan rico!
Y vosotr@s, ¿tenéis ese objeto al que acudís para invocar esos momentos importantes?

4 comentarios:

  1. Es verdad a mi también hay olores que me evocan de forma inmediata recuerdos de mi infancia o juventud! Un besazo.
    http://www.solaanteelespejo.blogspot.com.es/

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  2. Pasear cerca de un jazminero, uhmm, recuerdos de veranos interminables... me encanta! Bonito post, Lola.

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    1. ¡Gracias! Los veranos interminables... ¡Y sin preocupaciones! ¡quién los pillara!

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