miércoles, 28 de mayo de 2014

¡¡¡MÁS PARÍS!!! - SEGUNDA PARTE


Este primer día completo en París, les metimos a los niños una paliza tremenda. ¡Os vais a cansar sólo con leerla! Ya veréis.
Empezamos el día visitando Notre Dame. El pequeño estaba contentísimo porque, para irle poniendo en situación, unos días antes había visto “El Jorobado de Notre Dame” y andaba como loco por echarle el ojo.
Las Gárgolas
Tuvimos que hacer cola para subir a la torre como es normal pero tampoco fue mucho. Nos subimos los tropecientos mil escalones y disfrutamos de lo lindo de las vistas y de las gárgolas que, especialmente a mi, me encantan. Al Jorobado no le vimos porque estaba arreglando la campana que estaba en restauración. Una pena…
Sainte Chapelle
Visitamos también la catedral por dentro y sin más dilación nos dirigimos a una pequeña iglesia maravillosa que está muy cerca de Notre Dame y que me sorprendió enormemente por su belleza y sus cristaleras. Se llama Sainte Chapelle y es súper recomendable.
De allí, estuvimos indecisos por volver un rato al hotel a descansar pero muy al contrario, nos acercamos a la parada del BatóBus del Ayuntamiento donde compramos los billetes para dos días.
Es una opción cómoda para seguir disfrutando del paisaje sin necesidad de meterte en el metro aunque en cierta medida te restringe un poco a todo lo que está alrededor del Sena que es, casi casi, todo lo más importante.
La Torre Eiffel
Sacamos los billetes y nos dimos un paseíto por el Sena desde el Ayuntamiento hasta la Torre Eiffel donde comimos unos bocatas tirados en el césped.
Los relojes del Museo d'Orsay
Lo de las comidas no nos ha salido muy bien, la verdad. Hemos terminado de bocatas hasta las narices…
De allí y después de descansar un poquito y darnos un mini paseo por el Campo de Marte, nos cogimos de nuevo el BatoBus para ver el Museo d’Orsay. ¡Mi preferido! ¡Qué maravilla de museo! No sólo por sus obras que me chiflan sino también, por el edificio en sí. Esa última planta con los relojes es maravillosa. Y ¡qué decir de mi Pequeña Bailarina de catorce años de Degas! Y una exposición de “Van Gogh/Artaud Le Suicidé de la société” que era impresionante.
Claro ésta y teniendo en cuenta que vamos con niños, no te detienes igual antes las obras como si fuera yo sola o con El Movimiento Maruja pero sólo el mero hecho de disfrutarlas, aunque sea de refilón, ya me maravilla y me llena el alma.
Volvimos a coger el BatoBus y ahora sí que nos volvimos al hotel dando un gran paseo por toda la Rue de Rivoli con la intención de descansar un poquito para ponernos en marcha de nuevo y cenar en Montmartre habiendo visto previamente el Sacré Coeur.
Sacré Couer
Hasta allí sí que fuimos en metro y al llegar, ¡menuda marcha había en las escalinatas del Sacré Coeur! Gente a patadas y un buen hombre cantando y otros vendiendo cervezas. ¡Y qué vistas de todo París!
No había entrado a la catedral del Sacré Coeur y he de decir que por fuera me chifla pero por dentro es un poco fría como la Catedral de la Almudena de Madrid.
Salimos y pusimos rumbo a Montmartre donde pudimos comprobar como las terrazas de los restaurantes han echado literalmente a los pintores de la famosa Place du Tertre. Una pena. Les han dejado un lateral de la plaza y te asaltan mientras andas. Y por supuesto, hasta allí también han llegado los chinos. El pintor que más clientela tenía era un chino extravagante que retrataba a brochazos con mucha parafernalia.
Mini-mejillones
Vamos, que le habíamos contado a los niños que era la plaza donde Tintín, en la peli de “Tintín y el Secreto del Unicornio”,  compra el barco metido en la botella, y  fliparon en lo poco que se parecía.
Nos quedamos a cenar allí. Sabíamos que nos iban a meter clavada igual que si cenas en la Plaza Mayor de Madrid pero nunca supuse que tanto y por una comida tan regulina. Yo pedí lo típico que son los mejillones con patatas fritas. Y los mejillones son los bisnietos de los mejillones nuestros. De hecho, a los grandes, les llaman “mejillones españoles” ¡No digo más! Los niños se pidieron unos espaguetis con roquefort pensando que serían como los espaguetis al cabrales pero con la gran diferencia que el roquefort sólo había rozado la salsa y estaban bastante sosos.  Pero la gran clavada fue en la bebida, sorprendentemente.
No. No os penséis que pedimos vino ni champan. Lamentablemente, no nos gusta. Somos de refrescos y agua. Por el agua nos cobraron 7.30€ y por cada refresco (Fanta y Coca-Cola), 6.90€. ¡La bomba!
El restaurante se llama Chez Eugene y merece la pena únicamente por dónde se encuentra.
Esta vez, ya definitivamente nos volvíamos al hotel a descansar pero no pudimos resistirnos a esperar a la hora en punto que se ilumina la Torre Eiffel con chiribitas maravillosas. Y ¡desde allí teníamos unas vistas espectaculares!
Ciertamente, París es una belleza. ¡Y todavía nos queda otro día entero tan intenso como éste! ¡El viernes, la tercera y última parte del viaje a París!

4 comentarios:

  1. Un día bien completo, no os habéis dejado nada de lo típico por ver, si es que en mejillones que os van a contar los franceses..., bueno en mejillones y muchas mas cosas por mucho que se hagan los interesantes jajaja.
    Besos

    Raquel

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    1. Totalmente de acuerdo. No sabes que mini mejillones. Vamos, que allí en Galicia, los echan de nuevo al mar. Por muy bonito que sea París, como aquí, nanaina. Besos.

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  2. Cuando fui a París hace años, la Place du Tertre era muy bonita y cenamos muy bien en un restaurante cercano. Qué pena que haya cambiado.
    Y la Sainte Chapelle es una de las cosas que merece la pena ver, lo mismo que el Museo D'Orsay. Qué suerte disfrutar de todo eso.
    Me están entrando ganas de volver a París.

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    1. ¡Pues ánimo! Da igual las veces que vuelvas a París, siempre hay algo que te vuelve a asombrar. Es una maravilla. Besos.

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