domingo, 1 de junio de 2014

"LA FELICIDAD NACIONAL BRUTA"


Es lo que el rey de Bután instauró en su momento para medir la prosperidad de sus súbditos. Y el resto del mundo que somos unos copiotas, intentamos conocer y medir nuestra felicidad. Y ahora resulta que los más felices son los daneses. Y eso que no tienen todo a su favor. Sin embargo, son felices y viven felices tal y como refleja el último Informe Mundial sobre la Felicidad realizado por el ONU en 156 países.
Y ¿sabéis qué puesto ocupa España? El 38. Nosotros, tan orgullosos siempre de que vivimos en el país de la felicidad. Donde reimos a carcajadas. Donde siempre estamos bailando y cantando. Donde las personas se tocan y se abrazan. Donde trabajamos para vivir y no vivimos para trabajar… ¡Ja! Nada más lejos de la realidad.
¡Todo estereotipos!
Somos tan tontos que copiamos lo malo de los países que creemos por encima de nosotros y nos olvidamos de lo nuestro. De nuestra alegría. De nuestras ganas de vivir.
Y encima, tanto esfuerzo y tanto trabajo, no nos sirve para nada porque, me da la impresión que, para el resto de Europa, seguimos teniendo la imagen de los españolitos vagos y fiesteros que se pasan el día durmiendo la siesta sin pegar un palo al agua.
¡Más estereotipos!
Y lo que más rabia y envidia me dio de todo el reportaje que leí en XL Semanal “Dinamarca: Un Mundo Féliz” escrito por Carlos Manuel Sanchez y que podéis leer aquí, es cuando dice que “A las cuatro no queda nadie en la oficina. Recogen a los niños de la escuela y cenan en familia.”
¡Ahí es cuando me cagué en todo aunque esté fea la expresión!
¡Qué envidia y de la mala!
No se si habéis trabajado en oficinas pero si las respuesta es positiva, sabréis entonces a que me refiero con “el calentamiento de silla”. Todas esas horas perdidas que la gente pasa calentando la silla para salir más tarde que el jefe/a de turno. No sea que vayamos a salir antes que él/ella y piense que tenemos vida personal y unos hijos o un gimnasio a los que atender o al que asisitr. ¡O que quiera rascarme la barriga en el sofá de mi casa! No. Nosotros somos muy profesionales y nos pasamos chorrocientas horas trabajando. ¡Hasta las diez de la noche! Que así se demuestra que soy más profesional y por supuesto, imprescindible.
Y si alguien se va a su hora, "¡menudo vago/a!” que a juzgarnos no nos gana nadie.
¡Ay, ilusos! Y así nos va. El paro por las nubes. Mujeres profesionales convertidas en madres a jornada completa porque sus horarios son incompatibles. ¿Incompatibles? ¿Con qué? ¿Frente a qué? ¿Por qué?
Porque tenemos una mentalidad que debe cambiar desde la base hasta la cúspide. Porque nos faltan muchos de los ingredientes de la felicidad “a la danesa” que son confianza, riqueza, solidaridad, transparencia, libertad, equilibrio, sencillez y socidad civil.  
Se me caían unas lágrimas como melones cuando leía testimonios tales como “aquí que no tengas dinero no significa que renuncies a tus sueños” o “ sabemos combinar la vida familiar y la profesional” ¡Igualito que nosotros!
Y ¡así nos va! Y lo peor, no aprendemos. Nos hemos metido un batacazo de la leche pero nos lo volveremos a meter una y otra vez.
Porque en lo profundo, en la base,  no tenemos ninguna intención de cambiar. O por lo menos, yo no las veo. Seguimos preocupados por la misma mierda de siempre. 
¿Algún día cambiaremos? ¿Algún día seremos el número 1 en este ranking?

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