viernes, 17 de octubre de 2014

MIENTRAS NUESTROS HIJOS SON PEQUEÑOS


Mientras nuestros hijos son pequeños hay muchas cosas diferentes en nuestras vidas. Y las vivimos de otra forma.
Mientras nuestros hijos son pequeños dormimos menos y estamos más cansados físicamente.
Mientras nuestros hijos son pequeños visitamos más el parque y entran nuevas personas en nuestra vida, madres y padres de los amiguitos de nuestros hijos.
Mientras nuestros hijos son pequeños se acaban las visitas al cine o, al menos, al cine de adultos.
Mientras nuestros hijos son pequeños la rutina se instala en tu hogar.
Mientras nuestros hijos son pequeños las noches son para los padres y ¡la televisión también!
Mientras nuestros hijos son pequeños salir a la calle supone empezar a prepararse dos horas antes y salir siempre con una maleta como único bolso.
Mientras nuestros hijos son pequeños, las Navidades son mágicas y el gordito aquel con la barba blanca medio caída es el mejor Papá Noel.
Mientras nuestros hijos son pequeños, nosotros los padres somos héroes que les salvan de cualquier pesadilla.
Mientras nuestros hijos son pequeños, el hablar con voz de memo y cantar canciones absurdas para que se acuesten, es el pan nuestro de cada día.
Mientras nuestros hijos son pequeños, tu casa ya no está decorada. Tu casa se convierte en un cuarto de batalla donde, hasta la figurita que te regaló aquel hortera el día de tu boda y tienes puesta por compromiso, se convierte en un arma de destrucción masiva.
Mientras nuestros hijos son pequeños, no son conscientes de los defectos de sus padres y si se percatan, lo disimulas con cualquier excusa chorra.
Pero ¡ay cuando crecen nuestros hijos!
Cuando crecen nuestros hijos, ya no somos los héroes que les salvan de sus pesadillas. ¡Somos su pesadilla!
Cuando crecen nuestros hijos, te recalcan tus defectos y por más que los disimulas, más se notan y resaltan.
Cuando crecen nuestros hijos, ya no cantas ni pones vocecitas. Ahora pegas unos gritos cual histérica para poder conseguir que su mente reaccione y ¡ni por esas!
Cuando crecen nuestros hijos, las Navidades siguen siendo mágicas aunque ahora al gordo, le ven gordo y con la barba caída.
Cuando crecen nuestros hijos, sigues tardando dos horas en salir de casa porque no te obedecen cuando dices que se vistan y además tienes que pegarte con la niña para que se vista bien y no con un vestido de tirantes en pleno invierno. ¡Ah! Y tampoco tienes bolso de marca porque con pagarles el colegio y la extraescolares ¡ya tienes suficiente!
Cuando crecen nuestros hijos, el cansancio es totalmente psíquico. No hay nada peor y que churrasque más la neurona que pegarte con el pavo de la niña.
Cuando crecen nuestros hijos, sigues yendo al cine a ver películas más o menos infantiles para no tener que responder a preguntas incómodas.
Cuando crecen nuestros hijos, entiendes aquello que te recordaban siempre las abuelas de “pero ¡si estás en la mejor etapa!”
Ya imaginaba yo que lo que venía no sería muy fácil cuando todas coincidían en lo mismo…
¡Bendita maternidad! Bendita maternidad.

6 comentarios:

  1. Cuanta razón, pero ten en cuenta que después siguen creciendo y empiezas a ver que todos las noches en vela, y todos los gritos luchando contra las hormonas adolescentes, no han sido en vano, se van convirtiendo en personas adultas y responsables que te siguen queriendo a pesar de tus defectos, no hay mas que dejar que pase el tiempo...
    Besos
    Raquel

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    1. Sí es verdad Raquel. Es una trabajo arduo y cansino pero es verdad que a la larga tiene sus resultados. ¡Grandes resultados! Como para todo en la vida, paciencia y mucho ánimo. Besos grandes.

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  2. Bravo!!!!!!!!!!!. Qué post más bonico. Aún nos queda mucha batalla, pero seguro que es la mejor de nuestra vida.

    Besos

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    1. Eso, sin dudarlo, Encarni. No existe batalla más trabajosa pero también más fructífera. Miles de besos para tí también.

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  3. Respuestas
    1. ¡Muchas gracias por todo! Por la visita, por el comentario y por el piropo. Besos grandes.

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