miércoles, 19 de noviembre de 2014

TODO NUESTRO AGRADECIMIENTO A NUESTROS MARIDOS


La inteligente Mafalda de Quino
El pasado sábado, leyendo la revista “Mujer Hoy” me encuentro con un reportaje titulado “Hoy por ti, mañana por mí” escrito por Ángela Adánez en el que explica fenomenalmente bien, todo el cambio que se está produciendo en el seno de las familias.
Ahora, y gracias a un gran cambio de mentalidad, se acepta y se entiende que la carrera profesional de la mujer es tan, o igual, de importante que la carrera profesional del hombre y que, ambas son susceptibles de verse afectadas por la llegada de hijos al hogar.
Ya no está tan extendida y aceptada la idea de que es la mujer la que debe renunciar a su carrera profesional para cuidar de los hijos sino que, se va materializando el hecho de que, el que debe renunciar es el que menos gane independientemente del sexo de ese profesional. Es decir, que si la que gana más es la mujer, la que sigue con su carrera es ella y el que cuida de los niños es él.
Y es así. Cada vez conozco a más matrimonios en los que, el encargado del cuidado y educación de los hijos, es el marido.
Luego, siempre pueden turnarse, de hay el título del artículo, “Hoy por ti, mañana por mí” que hace hincapié en que, ya a día de hoy, “las decisiones se toman a medias y los roles se intercambian.”
Hasta ahí, todo perfecto. Totalmente de acuerdo con el artículo y además, ya era hora de que fuera así.
Termina dicho artículo con  el ejemplo práctico de una de las mujeres que recalca que “lo he conseguido gracias a él (su marido). Ha sido un apoyo fantástico, generoso, trabajador y con mucho sentido del humor. “
Sin embargo, ¿qué es lo que me choca de este comentario?
Cuidado, me parece estupendo que se lo agradezca y es de bien nacidos, ser agradecidos.
Pero, ¿habéis oído a algún alto directivo, como es el caso de esta mujer, agradeciéndole el sacrificio a su mujer y  otorgándole parte del mérito de que él esté donde está?
Yo, nunca diré nunca, pero sí, pocas veces.

Rara es la vez que un hombre le agradece a su mujer, el sacrifico de haber abandonado y/o ralentizado su carrera profesional y que gracias a eso, la suya haya seguido el camino ascendente. Y además lo reconozca públicamente.

Y ¡qué decir de la sociedad!, a la mujer que se queda en casa al cuidado de los hijos, sacrificando su carrera profesional porque quiere o por la falta de oportunidades de conciliación, se la considera una mujer “ama de casa” (termino que ya sabéis que odio), casi “mujer florero” que ha elegido el camino fácil y que no quiere trabajar.

Cierto es también y para ser objetiva y honesta que, a aquel padre que decide quedarse en casa cuidando a sus hijos se le tacha de falta de ambición profesional y en términos más "coloquiales" se le denomina, calzonazos. 

Vamos, ¡qué existen mejoras! pero todavía queda mucho por hacer y muchas mentalidades por cambiar.

Que duda cabe que no se puede generalizar. Que habrá mujeres y hombres para los que, quedarse en casa cuidando los niños sea la mejor opción; mujeres y hombres que prefieran trabajar y que los hijos los cuide la filipina de turno; mujeres y hombres que se turnen en sus carreras profesionales, mujeres y hombres que no tienen más opción que trabajar los dos para poder mantener a su familia aunque les gustaría turnarse o quedarse en casa cuidando a los niños... 

Pero, volviendo al tema de los agradecimientos, ¿será un tema de géneros? Esto es, las mujeres siempre somos más detallistas y más empáticas que los hombres y por eso, tenemos la capacidad de agradecer con palabras lo que para ellos queda implícito en un beso.

Será eso...

2 comentarios:

  1. Muy buen post. Da mucho para pensar.
    Si yo le agradeciera a mi marido "su" ayuda en casa estaría dando por hecho que las cosas de casa son mías y él generosamente me ayuda a llevar esa faena y a los críos con lo cual, nunca le voy a dar las gracias por que cumpla con la misma obligación que tengo yo ni voy a aplaudir a ningún hombre por que lo vea fregando la escalera de mi edificio. Esa es mi manera de pensar que no quita que lo trate cariñosamente todos los días o casi todos, pero nunca por que friegue los platos o por que le tome la lección a los chiquillos , eso debería ser igual de normal para hombre como para mujeres, como respirar. Seguiremos en la lucha.

    Besos

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    1. Totalmente de acuerdo. Es una cosa de dos y más todavía, si trabajas también fuera de casa. Si hay igualdad para levantarme por las mañanas e irte a currar, hay igualdad para levantarte de la cena y meter los platos en el fregaplatos. No puede ser de otra manera. Nuestra lucha es que, sobre todo, nuestros hijos crezcan ya con eso afianzado en la mente y no vean raro el que el padre friega o cocine. Besos Encarni.

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