viernes, 12 de diciembre de 2014

REMANTANDO EL FINDE EN SALAMANCA CON LOS NIÑOS


Pues vamos a por la segunda parte de este estupendo viaje que os animo a todos a realizar pero en fechas más primaverales para aquellos a los que no les guste el frío. Para lo que sean amigos aférrimos de los plumas y ni la lluvia, el frío o la nieve, les desanime, Salamanca es un lugar con mucho encanto en invierno porque parte de su atractivo es, ese frío increíble.

A la mañana siguiente nos levantamos felices de contemplar, desde las ventanas de nuestra habitación, el río Tormes con su magnífico Puente Romano. Desayunamos como si no hubieramso comido en cien años, que no hay nada que le guste más a los niños (y a los mayores) que el desayuno-buffet de un hotel, y de allí caminito andandito a nuestra primera parada: el Museo Lis de Art Nouveau y Art Deco.
Es un museo en el que, para mi gusto, lo más bonito tiene es el edificio en sí con sus estupendas cristaleras. Era, en su origen, un palacete privado construído a principios del siglo XX por iniciativa de D. Miguel de Lis. Es por esto que se conoce más como La Casa Lis.  Y en él se exponen todas las piezas que coleccionó un enamorado de estas artes decorativas llamado D. Manuel Ramos Andrade.

Se pueden contemplar infinidad de objetos: abanicos, muebles, juguetes, pintura, frascos de perfumes… Pero sin duda, lo que más llamó nuestra atención fue una colección de muñecas antiguas. De esas que ni por todo el oro del mundo yo tendría en mi casa porque me dan un cague que me muero. Con sus caritas de porcelana, esos ojos asesinos y los bucles en el pelo que me las imagino corriendo con un cuchillo en la mano detrás de mí… ¡Qué horror!

Sin embargo y, tras superar el trance, volvimos a desayunar en la estupenda cafetería del museo, admirando esa cristalera tan divina que adorna el corredor antiguo. Una maravilla que, aun sin mucha hambre, merece la pena disfrutar durante un ratito.
De allí, nos fuimos al Archivo General de la Guerra Cívil Española, donde los niños preguntaron y se informaron de aquella etapa tan oscura de nuestra historia. Es bueno conocerla para no repetirla aunque, cada día más, parece que los españoles vamos encaminados a golpear dos veces en la misma piedra con tanto politiqueo machacón al que nos tienen sometidos últimamente…

Seguimos los pasos del guía y volvimos a contemplar la fachada antigua de la Catedral de Salamanca y siguiendo por una callecita a la derecha llamada calle El Arcediano, de frente, dimos con el Huerto de Calisto y Melibea que no es más que un pequeño jardín que “se halla en el lugar en que se cree que Fernando de Rojas ubicó el lugar de encuentro de los protagonistas y escenario del trágico desenlace de la novela "La Celestina".

De esta manera, ya nos dio pie a comentar con churumbelandia el libro de "La Celestina" que no recuerdo en qué curso lo leímos y que me imagino estará incluido en el plan de estudios (aunque eso es mucho imaginar teniendo en cuenta la de veces que han cambiado los diferentes gobiernos los planes de estudio)  En fin, nosotros se lo contamos y le hablamos del libro de "La Celestina" y por descontado, del "Lazarillo de Tormes" para que al menos, les vaya sonando.

Seguimos camino y entramos en la Catedral de Salamanca. Nos dieron uno de esos auriculares para escuchar las explicaciones pero realmente, tanto para los niños como para nosotros, se hace un poco pesado tanta explicación. Llega un momento que no ya no recuerdas mucho más. Ahora que, el pequeño, se lo pasó bomba y ponía toda la atención de este mundo y más. Y no se movía del sitio hasta que no había terminado de escuchar la grabación. No tuvimos más remedio que quitárselo o todavía seguiríamos en la Catedral. 

Si no recuerdo mal, después de esta visita, decidimos parar para comer. La noche anterior habíamos cenado en el Mesón Cervantes que es un mesón típico de Salamanca y que se encuentra en la Plaza Mayor de la que ya de paso disfrutamos. Se come bien. Tampoco para tirar petardos pero es parte de la visita a Salamanca y queríamos que los niños lo probaran. Así que, para comer, nos decantamos por uno que nos habían recomendado, también de tapas como el Museo Cervantes y que se llama, Bambú.

De allí y con un padre un poco renqueante por la falta de la siesta, seguimos visitando la ciudad. La Casa de las Conchas por dentro que tiene un patio muy bonito y en frente, la Universidad Pontificia donde subimos por la Scala Coeli a las Torres de la Clerecía desde las que se pueden disfrutar de unas magníficas vistas de toda la ciudad. 

Volvimos a ver a la rana y al astronauta unas trescientas veces más. Merendamos en la Plaza Mayor un crep de Nutella, que les vuelve locos, a la intemperie. Compramos algunos recuerdos. Y ya, cuando se iba haciendo de noche y después de habernos pateado Salamanca por arriba, por abajo y por el centro, nos volvimos al hotel, cansaditos. 

De hecho, la cena la hicimos allí mismo. En la misma habitación con unos bocatas espectaculares de jamón que les compramos de vuela. ¡Qué ricos!

A la mañana siguiente, nos volvimos para Madrid no sin antes, desabastecer de bollos, lomo y panes al Parador como venganza por haberme sulfurado con sus “inexactas” promociones.

Espero que hayáis disfrutado del viaje tanto como nosotros y os espero la semana que viene con más aventuras. 

2 comentarios:

  1. Últimamente estás empeñada en recordarme mi época de estudiante, cuando era más joven que ahora si que eso es posible jajaja ;) , un añito de universitaria novata y guardo unos grandes recuerdos, y el frio no es para tanto... será por que provengo de un lugar aún más frío...
    Besos

    . Raquel

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    1. Tuvo que ser la bomba estudiar allí la carrera y lo del frío lo dices porque, por aquella época eras más joven y lo aguantabas mejor. ;D. Besos grandes.

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