miércoles, 20 de mayo de 2015

ESA MOCHILA QUE PESA TANTO.


Y, no me refiero a las mochilas de los niños que van llenas de libros y que acarrean sobre sus hombros como una dura condena, incluso cuando ya no tienen libros y sólo usan el Ipad.
Me refiero a esa mochila que todos, o casi todos, según nuestro carácter, decidimos cargar sobre nuestras espaldas. Esa que llenamos con penas, remordimientos, inseguridades, cosas que no hicimos y quisimos… Esa mochila pesa muchísimo y más, cuando las espaldas que la cargan son las de un niño. Uno de tan sólo once años.
Ayer, el mediano suspendió un examen de matemáticas. Un control. Lo había estudiado y se lo sabía pero, no entendió bien el enunciado y se equivocó en algún cálculo.
Estaba muy disgustado. No sólo por haber suspendido sino también porque, según él, “nos había decepcionado”
“¡Madre mía!”, pensé yo.
“Por suspender un examen no nos decepcionas”, le dije.
Y pensé para mis adentros, “este niño va a sufrir mucho en la vida como todo se lo tome de esa manera.”
Así que, le dije: “lo que tienes que hacer es desahogarte ahora sí quieres pero, luego, coger fuerzas y carrerilla y, con mucho espíritu y sobre todo, creyendo mucho en ti, ir a por todas y aprobar la recuperación con un diez.”
Con todo y con eso, cuando llegamos a casa, me dijo: “Quítame el móvil. Castígame.”
Pero, ¡nada más lejos de lo que pensaba hacer!, le contesté: “Ya te estás castigando tú suficientemente. Ahora, siéntate, estudia y ¡a por todas!”
 felicidad-viajar-mensajes positivos
Por un lado, me alegra saber que tengo un hijo tan responsable y tan preocupado por sus estudios. Pero, por otro lado, me entristece reconocer lo mucho que va a sufrir en la vida como siga tomándose todo tan en serio y tan a pecho. Pero, es innato en su carácter. Y eso, es muy dificil de corregir.
Yo, intentaré con todos mis fuerzas, mitigarle el dolor con miles de besos y abrazos pero, sobre todo, quiero hacerle comprender que el dolor, no sirve para nada. Que hay que aprender de los errores, corregirlos y ¡pa’lante! Pero sufriendo lo único que consigues es ser infeliz. No se consigue nada más. Fustigarse no sirve para nada.
Es cierto que todos llevamos dentro un pequeño masoca que no nos deja ver en algunos momentos y que nos ayuda a regodearnos en el dolor. Pero para eso está una madre, un padre, un amigo, un marido, una esposa, una amiga, un hermano… siempre hay alguién que puede ayudarte y decirte: Abre los ojos. No sufras. Corrige. Mejora. Ve a por todas. No vuelva a darte con la misma piedra. Pero para atrás, ¡ni para coger carrerilla!.

6 comentarios:

  1. Lo hiciste fenomenal , un aplauso para ti.
    Mi mediano es todo lo contrario a lo que has descrito, es muy autoindulgente, así que me toca darle caña. Pero con la mayor me pasa lo mismo que a ti, se exige mucho y me da pena lo que va a sufrir.
    Un beso

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    1. Bueno, ya sabes, el sentido común ese que es el menos común de todos los sentidos y por el que, debemos guiarnos. Aunque a veces no nos funione mucho. Mi hija mayor también es súper exigente pero, no se si el pavo o el cumplir años, va poco a poco relajándola. ¡Cruzo los dedos! Besos grandes.

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  2. Pues sí Lola, ánimos siempre ante lo que se tuerce, por que como yo les digo a los míos todo tiene arreglo excepto la muerte , con lo cual a mirar p´alante ...lo que pasa que luego cada uno tenemos nuestro carácter y miramos de diferente manera, pero teniendo apoyo todo es más fácil.

    Mil besos

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    1. Bueno, no es tanto que se tuerza como que debe aprender a darle la importancia que tiene a cada cosa. Aunque, si bien es cierto, eso es algo que debemos aprender todos. ¡Yo la primera! Pero si lo aprenden ya de pequeños, de mayores les resultará más fácil no caer en ese error. O, ¡eso espero! Besos grandes Encarni.

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  3. El gran problema es que bebe aprenderlo el solito, como madres podemos y bebemos decirle como son las cosas, pero será el que que tropezando acabe por darse cuenta, tu sobrevolando tus cuarenta ya has tropezado el suficiente nº de veces y tu mochila va tan llena como para saber algo así, pero él necesita sus propias tropezones, caídas y heridas, y como madres por más que lo intentemos no seremos capaces de evitarselas, solo intentar mitigar los daños.
    Besos
    Raquel

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    1. Es verdad. Además tampoco debemos evitárselos porque, antes o después debes darte el golpe y, mejor antes que después. Como madres, acompañarles y ayudarles a mejorar para hacerles ver qué camino es mejor coger pero ¡deben ser ellos los que anden ese camino y los que lo elijan! ¡Sin duda! Muchos besos Raquel.

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