jueves, 29 de octubre de 2015

EL APLOMO DE LOS CUARENTA.


Estaba yo aquí frente al ordenador, culpándome de ser una pésima bloguera por no haber escrito post desde el lunes y pensando que, os iba a contar a falta de nada mejor, que esta mañana en la revisión anual, mi ginecóloga me ha dicho que tengo las mamas muy jóvenes. A lo que yo he replicado, porque tenemos confianza y nos unen tres episiotomías, que será lo único que me queda joven en mi cuerpo… Cosa que tampoco es cierta. Desde mi cerebro hasta las uñas de los pies pasando por supuesto por las mamas, están en buen estado y jóvenes. Porque lo que tengo más joven de todo es ¡el espíritu!



Y en éstas estaba yo cuando me ha llamado una querida amiga, también cuarentañera ella, para contarme que está nerviosa perdida porque mañana tiene una entrevista de trabajo.
Para un trabajo que ella sabe hacer con la gorra. Vamos, que no tiene problema en realizar su labor profesional con exquisita exactitud. Y lo digo con conocimiento de causa porque he trabajado con ella.
Ella me ha llamado para que la escuchara y la diera ánimos. Se sentía nerviosa e insegura.
Y yo, como no podía ser de otra manera, le he echado mi charla de “el aplomo de los cuarenta”.
Somos mujeres de cuarenta años. Mujeres que hemos trabajado desde comienzo de los veinte. Que tenemos una larga trayectoria profesional. Que hemos sido buenas profesionales. Ahora, reconvertidas en buenas madres. Mujeres que ya sabemos, perfectamente y sin fisuras, lo que queremos. Mujeres que, si algún día creímos aquel cuento de “la realización personal”, ya lo tenemos más que superado.  Mujeres que para sentirnos realizadas nos sobra con un buen masaje, una buena manicura y un mejor bolso de marca. Mujeres que sólo buscamos, al igual que los hombres, un buen sueldo que nos permita vivir mejor. Y ese “vivir mejor” significa un buen colegio para nuestros hijos, una buena casa, unas buenas vacaciones en familia y por supuesto y por qué no, unos zapatos altos de tacón que si son de marca, mejor.
Todo esto nos lleva a tener un aplomo, una seguridad, que con veinte no teníamos. Y que hace que, si no sabemos hacer algo, sin problemas lo decimos, nos enseñan y lo aprendemos al minuto.  Un aplomo que nos permite realizar nuestro trabajo con confianza. Con seguridad. Sin complejos. Sin esa intranquilidad de los veinte.
Somos mujeres de cuarenta años. Que sabemos soportar la responsabilidad y la tensión mejor que muchas de veinte o de treinta. Porque la gestionamos mejor. Porque estamos por encima de ella. Porque ya llevamos mucho vivido a nuestras espaldas. Pero que seguimos queriendo aprender cosas nuevas. Que tenemos inquietudes. Nuevas expectativas. Porque, aunque llevamos ya un largo recorrido, todavía nos queda otro tanto por caminar. Pero lo andamos con otro paso. Con tacones si hace falta. Pero sin tropezar. Sin titubear. ¡Rectitas para adelante! Sin torcernos ni un paso.
Y ese aplomo, cuesta dinero. Ese aplomo se paga. Ese aplomo tiene ya, de una vez por todas, que valorarse. Es un plus. No resta. Todo lo contrario. Suma en todos los aspectos.
Así que, querida amiga, mañana vas a ir a esa entrevista vestida como siempre vistes tú, divina. Porque ya tu ropa no va a ser tu primera tarjeta de visita. Tu mejor tarjeta de visita será tu aplomo. El aplomo de los cuarenta. Y mirarás a los ojos y cuando te pregunten la chorrada de tus puntos débiles y tus puntos fuertes, le respondes con total rotundidad que puntos débiles ninguno pero que fuertes, muchos, que tienes cuarenta y tantos y que eso te proporciona una sabiduría que ya muchos jóvenes quisieran para ellos. Y que ya no estás para preguntas tontas.
Bueno, eso no se lo digas si quieres el puesto. Tampoco es cosa de pasarnos de chulitas.
Porque somos mujeres de cuarenta que valemos un potosí. Por lo que somos. Por lo conseguido y porque, además, somos humildes.
Pero ¡ay queridos! El día que se nos pase la humildad. Ese día, ¡qué tiemble el mundo! ¡Que lo mueven los tacones de las mujeres de cuarenta!

viernes, 23 de octubre de 2015

NO ENTIENDO NADA.


Voy a intentar escribir un post sesudo. De esos que terminas de leer y piensas, “¡qué inteligencia la de esta chica!” No sé si lo conseguiré. No porque no sea inteligente (¡qué os habéis pensado!) sino porque creo que no soy sesuda. Pero voy a intentarlo. Voy a intentar explicar mi postura a este respecto y al otro.


Hoy escuchando el programa de Carlos Herrera, "Herrera en la Cope" de vuelta a casa tras dejar a los niños en el cole, he podido oír explicarse a la “nueva” socialista Irene Lozano, anterior diputada por UPyD.
Tras las preguntas de los periodistas, ella ha intentado justificar su reciente adhesión al grupo socialista y el por qué de esa adhesión tras sus fuertes críticas a ese partido por corrupto cuando estaba en las filas del otro grupo parlamentario.
Como buena política, no ha explicado nada coherente. Ha echado balones fuera. Por supuesto, el otro siempre lo hace peor. Y, para todo lo suyo, una justificación la mar de sesuda y coherente. Bajo su punto de vista, claro.
Más de lo mismo.
El caso que hablando sobre la corrupción, ella decía que todo lo hecho hasta hora, es decir, que el político que robe, lo tendrá que devolver y tendrá penas de cárcel (creo que esas eran las novedades…) también había que preparar una ley para prevenirla. Para evitar que se llegue a producir el robo, el choriceo, el ladronicio. Poner las medidas que sean necesarias para que los políticos no sean tentados a robar.
Y yo, que a todo político que habla independientemente del partido político y del lado de la cama en el que duerma, nunca les he oído ésto que voy a decir, me pregunto: ¿no vienen ustedes, queridos políticos nuestros, enseñaditos de casa? ¿No les explicaron sus padres cuando eran pequeñitos que no se coge lo que no es tuyo? ¿Qué se respeta la propiedad ajena? ¿De verdad necesitan leyes que les digan que no se roba? ¿De verdad?
A lo mejor, entonces, también necesitan leyes que les digan que no se pega, que no se muerde, que se come con cuchillo y tenedor, que no se mete uno el dedo en la nariz, que se come con la boca cerrada, que se saluda al entrar y salir de un sitio, que se utilizan las palabras mágicas “por favor” y “gracias”, que hay que lavarse las manos antes de comer y después de hacer pis y caca…
¿De verdad? ¿De verdad son ustedes tan básicos? ¿Tan faltos de educación? 
¿Tan malo es el poder que siempre corrompe o es que, son ustedes, chorizos de nacimiento?
Me pasa lo mismo con la horripilante crisis de los refugiados. Todos los medios se preguntan cómo la Comunidad Económica Europea puede estar permitiendo estos hechos. Y tienen razón. Pero, voy más allá. ¿Nadie se pregunta que opina el presidente/dictador/bestiaparda de Siria? ¿O el gobierno Sirio? ¿O la mujer del presidente/dictador/bestiaparda de Siria que era muy admirada por su gran estilo y elegancia? ¿No se les cae la cara de vergüenza ante su ineptitud para cuidar de sus conciudadanos? ¿No se les cae la cara de horror viendo como huyen de su pais y como se convierten sus compatriotas en un problema para todo un continente por su culpa? ¿No lloran amargamente viendo cómo mueren sus niños ahogados en el Mar Mediterráneo, de nuevo, por su culpa?
Europa no lo está haciendo bien. Su lentitud para resolver este horrible problema que está afectando a tantos niños y de los que vemos imágenes tremendas todos los días en los telediarios, ha quedado patente y manifiesta pero, ¿nadie le culpa a él?
¿Por qué? ¿Por qué nadie le hace responsable de este horror? ¿Por qué nunca se le culpa primeramente a él? Porque, por guapo desde luego, no creo que sea.
Me da la sensación de que este “señor” también necesita que le hagan leyes para enseñarle que no se mata, que se cuida del prójimo, que se le respeta… Que gobernar un país no "sólo" significa quedarse con su riqueza mientras su población muere de hambre o en la guerra.
En fin… Que no entiendo nada...
Así que, escuchando y viendo las noticias, siempre tengo la sensación de que me falta información porque si no, no llego a entender nada. Mi sentido común funciona diferente. No digo yo que bien. Digo clara y patentemente, diferente. 


lunes, 19 de octubre de 2015

SER O NO SER UNA MANTENIDA.


Hoy es sábado. Son las once y media de la mañana y estoy escribiendo metida en la cama.
Me he levantado temprano porque mi marido ha salido de viaje. Por trabajo.
Me he vuelto a meter en la cama, con el pequeño, nada más despedirle. Él, al ratito, se ha levantado para ponerse a ver vídeos del dichoso Vegetta en la tele y yo me he cogido la prensa y me he puesto a leerla dentro de la cama. ¡Un auténtico placer! Luego me he levantado para desayunar pero ¡me he vuelto a meter en la cama!
He estado viendo un ratito Facebook e Instagram. En esta red social, he comenzado a seguir a Espido Freire que ha tenido el detalle de darle al me gusta a alguna de mis fotos. ¡Me ha hecho mucha ilusión! Ya se que suena tonto y que incluso puede ser que no sea ella directamente (aunque no lo creo) pero, me hace sentir cerca de una escritora. ¡Lo mismo hasta se me pega algo! ;D
He vuelto a salir de la cama para hacer las de los niños pero, he vuelto al lugar más placentero del mundo, ¡mi cama!
Y he comenzado a escribiros el post que tenía pensado para hoy, lunes, sobre la entrevista de Bertín Osborne a la periodista Mariló Montero con la que creo que lo único que comparto, tras escucharla, es el nombre, la condición sexual y el gusto por Carlos Herrera.
Ella, en esa entrevista en la que los titulares los dio más Bertín que ella, (ella sólo estaba para posturitas e impertinencias que dejaban patente que desconocía que su papel era el de entrevistada no entrevistadora) dijo, con la boca muy llena, que nunca había sido una mantenida. Que siempre había trabajado y que su madre la había educado para ello y contra eso.
Lo reconozco. Me jodieron esas palabras.  Me hizo sentir incomoda sentada en el mismo sillón que mi marido.
“¿Soy yo una mantenida?” pensé.
“¿Pensará mi marido que soy una mantenida?, seguí pensando.
“¿Pensarán mis padres que mal me educaron porque ahora soy una mantenida?”, me torturé.
No, Mariló, no soy una mantenida. Trabajo todo lo que puedo y más. Y trabajo además en equipo con mi marido. Y el trabajo más duro que tengo y que me exige mayor dedicación y sacrificio, es gratis. No remunerado. Sin sueldo.
Sí es cierto que, de momento y en esta época, no en pasadas, no tengo un sueldo fijo con el que colaboro a la economía familiar por mis otros trabajos. Pero lo intento. Me muevo. Lo busco.
También es bien cierto que vivo muy bien y feliz. No puedo quejarme de nada.
No quiero caer en victimismos y tampoco quiero achacar todo tu éxito a tu exmarido ni a la suerte. No voy a ser tan mala juzgando a otra mujer como tú. Pero también es muy cierto que tampoco a las demás nos permiten errores tan grandes como los tuyos en nuestros puestos de trabajo. Ni tanta tontería.
No eres más feminista ni apoyas más a la mujer con esas chorradas del sexo inteligente o como lo llames. Una mujer no es más mujer porque se acueste con un hombre muy inteligente que le sepa tocar muy bien el clítoris.
Nos haces un flaco favor cuando se te llena la boca al decir que “nunca has sido una mantenida”
Porque seremos más mujeres cuando dejemos de echarnos mierda las unas a las otras y cuando superemos todos esos prejuicios tan pasados de moda.
Cuando busquemos y encontremos la fórmula para compaginar todo aquello que nos hace mujeres, grandes mujeres, y que son nuestra capacidad de sacrificio, nuestra capacidad de reproducción y nuestra inteligencia sin que vaya en detrimento de nuestra profesionalidad. También grande cuando nos permiten demostrarla.
Tú capacidad de reproducción ha quedado demostrada y muy bien, por cierto. Ahora te falta demostrar tu capacidad de sacrifico y por encima de toda, la inteligencia. 
Tu profesionalidad también creo que queda en entredicho muchas veces pero me temo que de eso la única culpable eres tú.
Y yo mientras tanto, sigo metidita en la cama escribiendo un sábado por la mañana a las doce y cuarto de la mañana mientras mi pobre marido, proveedor del sustento familiar con el sudor de su frente, se cruza el charco y el continente americano para seguir alimentando a la mantenida de su mujer y a toda su prole.
Como decía mi abuelo que ya habría cumplido los cien años pero que tenía la mente mucho más abierta que tú y desde luego, mucho más sentido del humor, ¡cuántas gambas me tengo que comer para traer un plato de lentejas a casa!
¡Ay Mariló! Cada vez que abres la boca, sube el pan.

viernes, 16 de octubre de 2015

MUJERES 3.0: EMPRENDEDORAS DIGITALES Y CONCILIACIÓN.


Gracias a Madresfera, ayer pude disfrutar de una charla coloquio en InternetAcademi, la mayor escuela online de formación en el sector digital, sobre “InnovAction Mujeres 3.0” en el que se exponían, además de una interesantísimas conclusiones de un estudio sobre los usos de Internet por parte de las mujeres, las ponencias de dos emprendedoras con casos de éxito como son Isabel Llorens, CEO de Rusticae y Mónica de la Fuente, CEO de Madresfera.
Además de comentar para qué, cuándo y dónde utilizan las mujeres internet en una brillante presentación que corrió a cargo de Rodrigo Miranda, director de InternetAcademi, las otras dos ponentes nos contaron cómo emprendieron digitalmente y en qué momento se encuentran sus proyectos. Fue tremendamente interesante disfrutar de su experiencia.
Una vez concluidas las presentaciones de todos, comenzó el coloquio ya que, la charla, también incluía un tercer tema que era la conciliación.
Todo está relacionado. Según el estudio que presentaron, son las mujeres, en un 50.3% de los alumnos de InternetAcademi, las más interesadas en formarse en materia digital siendo sus principales motivaciones actualizar conocimientos en un 26%, reciclarse ante su voluntad de cambiar de puesto de trabajo en un 18%, montar un negocio propio en un 11% y, finalmente encontrar trabajo en un 10%.
Que duda cabe que la crisis nos ha afectado a todos y que todos, hombres y mujeres, nos estamos reciclando y ampliando conocimientos para potenciar nuestro curriculum y encontrar trabajo por cuenta ajena o emprender por nuestra propia cuenta.
vía El Club de las Malas Madres
Pero, ¿por qué son más las mujeres? No tiene una sola respuesta esta pregunta pero, claramente, la maternidad ha afectado más a las mujeres que a los hombres. Por eso mismo, porque hablamos de maternidad y no de paternidad o natalidad que, como apuntaron en el coloquio, sería mucho más justo y englobaría a ambos sexos para que se aceptara socialmente que, tener hijos, no es sólo problema de la madre.
Pero, hasta que eso ocurra y se acepte que los niños no se crían solos, las mujeres seguimos pagando los platos rotos y buscando la forma de poder conciliar. Por eso nos formamos sobre todo en el terreno digital para poder, de alguna manera, buscarnos la vida con un blog como éste (que sería la pera si fuera bueno y consiguiera monetizar), o montando una tienda online o llevándole las RRSS a alguna empresa pequeña como Comunity Managers, por poner algunos ejemplos.
Tanto Rusticae como Madresfera han sido buenas ideas que han conseguido que sus creadoras se puedan ganar la vida con sus exitosos proyectos y a la vez, criar a sus hijos si así lo han deseado tal y como confesó Mónica de Madresfera.
Queda mucho por hacer con el tema de la conciliación. Sobre todo y como siempre comento, hay que cambiar muchas mentalidades. Incluidas las de muchas mujeres que por no caer en victimismos o en cuotas absurdas, con los que también estoy en desacuerdo, olvidan que, hasta que eso ocurra, hasta que se racionalicen los horarios para todos, hasta que se acepte que el padre también puede usar su baja por paternidad, hasta que existan directivos  y directivas serios y comprometidos, hasta que deje de existir el calentamiento de silla... Hasta que todo eso ocurra, lamentablemente, las mujeres seguimos necesitando ayuda, protección o como le quieran llamar.
Yo ya no llegaré a poder disfrutar de la conciliación. Pero no estoy dispuesta a que mi hija tenga que sacrificar una carrera profesional porque quiera ser madre. Y no sólo parirlos sino también cuidarles, atenderles y disfrutar de ellos. Y no quiero tampoco que tenga que renunciar a una vocación para formarse en algo que no le guste tanto pero al menos, le sirva para ganar algo de dinero y criar a sus hijos. No. Me niego.
Claro, que lo mismo también debió pensar mi madre y mirad cómo está su hija… Así que, claramente, debemos darnos mas prisa. Cambiemos ya. Renovemos nuestras mentes padres y madres, hombres y mujeres del siglo XXI. Que el tiempo pasa muy deprisa y la niña ya tiene trece años y seguro que también tenéis hijas que no queréis que sufran esta discriminación.
¿Qué vas a hacer tú para conciliar? ¿Qué vas a hacer como empresario o como empleado? ¿Qué vas a hacer como empresaria o empleada? ¿Qué vas a hacer como mujer? Y más importante todavía, ¿qué vas a hacer como hombre? ¿Te vas a comprometer de una vez por todas? Por tí. Por tus hijas.

martes, 13 de octubre de 2015

"REGRESIÓN"


Este puente nos hemos ido mi marido y yo solitos. Hemos escapado de los niños que se han quedado felices con los abuelos. Siempre os digo que es bueno tanto para ellos, como para nosotros. Todos cambiamos de aires. Ellos hacen lo que quieren. Comen lo que quieren. Y nadie les grita ni les mete prisa ni les obliga a hacer nada que no les apetezca. Y nosotros igual. Además también tenemos tiempo para hablar sin que nadie nos interrumpa. O para disfrutar del silencio. Y ¡cómo no! del cine.
Y eso hicimos el domingo por la tarde. Fuimos al cine. A una peli de mayores. Estábamos entre “La visita” o “Regresión” y por la hora de la sesión, elegimos esta última. 
 
La película trata sobre los incidentes ocurridos en los ochenta en Estados Unidos sobre sectas satánicas y como, en algunos casos, se utilizó la regresión como método para hacer recordar a las víctimas lo vivido.
Está protagonizada por Emma Watson y Ethan Hawke, actor que siempre me ha encantado y que en esta película me ha sorprendido lo “cascado” que le he encontrado, pese a sobrevolar sólo los cuarenta. Creo que ha sido por el pelo teñido de manera tan antinatural y que pudiera ser la razón de semejante color, darle dureza al personaje. No se…
Como todos sabéis la película está dirigida por Alejandro Amenábar, director que me gusta bastante y del que suelo ver todo aquello que dirige. Menos Ágora que he empezado varias veces y que no consigo acabar. Casi siempre porque me duermo. Terrible (el que yo me duermo, me refiero).
La película me ha gustado y es totalmente recomendable.
Sin embargo, reconozco que empieza muy fuerte y termina pelín floja. Vamos, que te quedas con ganas de más o con, al menos, un final más sorprendente. Seguramente no tan real pero sí más impactante.
Y luego, siempre me pregunto y también me respondo yo solita, ¿por qué no utilizar al menos un actor o actriz español? Entiendo que de esta manera, te abres al mercado norteamericano pero, ¿no hay cabida para ni tan siquiera, un actor o actriz español?
Ya se que hay veces que no se lo merecen, y menos hoy después de la verborrea de ayer de nuestro “querido” Willy Toledo, pero alguno o alguna habrá que  no sea tan politiquero y se merezca una pequeña oportunidad.
A mi me gusta mucho el cine español. Y lo veo. Y lo disfruto. Reconozco que tienen su derecho como cualquier ciudadano a expresar sus ideas políticas. Sólo pido que lo hagan en foros aparte del cine. Es mejor para todos. Para ellos y para nosotros. Igual que siempre reclaman la separación entre su vida pública y privada, con lo que también estoy de acuerdo, deberían aprender a separar sus ideas políticas de su contribución al cine español. Porque no es sólo suyo. Es de todos.
Para próximas escapadas, si es que las hay, nos hemos apuntado “La playa de los ahogados” que tiene una pinta buenísima y “El desconocido” que también debe ser muy recomendable. Si lo consigo, el escaparme y verlas digo, os lo cuento. No os preocupéis. Que seguro que no dormís esta noche pensando que las veo y no os las cuento. Pillines. ;D

jueves, 8 de octubre de 2015

MUJER AL VOLANTE... CUIDADITO ¡QUÉ MUERDO!


El otro día, estaba con la niña en la gasolinera. Lógicamente y como podréis imaginar por vuestras mentes privilegiadas, iba a echar gasolina. Había cola. Y una chica que estaba detrás de mí me adelantó por la derecho y a mi altura me dijo, “me pongo aquí porque están protestado los de detrás que estamos haciendo mucha cola.”

No la dije nada. Sólo la sonreí para demostrar mi conformidad y compresión.
En ese momento, detrás de mí, se puso un todoterreno conducido por un hombre y acompañado por una mujer.
Hice la intención de echar marcha atrás varias veces pero el tío, ni se movió.
Total, que se queda vacío el sitio de mi izquierda e intento echar marcha atrás de nuevo para colocar el coche. Pero, nada.
No sólo no echa para atrás si no que, enseguida, echa hacia delante.
Total, que en mis prisas por quitarme de en medio y viendo que el gilipollas no se movía, echo para adelante con la mala fortuna que había un bordillo y me lo como tal cual.
Me bajé del coche y le espeté:”¡eres un desgraciado! Estás viendo que estoy intentado moverme y no eres capaz de echarte para detrás.”
A lo que el imbecil me contesta: “¡Qué culpa tengo yo que no sepas conducir!¡Aprende a conducir!”
Ahí me tocó los ovarios a dos manos porque sólo le faltó lo de “que eres mujer y no sabes conducir.”
¡Casi me lo como! Le contesté cual posesa que él lo que debía de aprender era a convivir y por supuesto, le dije de todo menos bonito.
Hasta tal punto llegó la cosa que un chiquito joven que se había bajado del coche esperando también la cola (o no se si por salir en mi defensa en caso que fuera necesario), me hizo el típico gesto con la mano de “relax, relax” y ya me callé.
No quise seguir dando el espectáculo primero por la niña que estaba metida en el coche e imagino que flipando y segundo, porque encima pierdes la razón.
Así que me callé obedientemente aunque por lo bajinis seguía jurando en hebreo.
Lo bueno de la humanidad es que de este tipo de anormales con coche grande y cabeza pequeña (y el pene minúsculo. Lo siento, si no lo digo, reviento), son los menos.
Luego vino un amable camionero rumano que cogió la pieza que había perdido (y ni me había enterado) y me la colocó en su sitio. También me dijo que debía de tener cuidado y mirar, a lo que le contesté que la culpa no había sido mía sino del descerebrado ese.
No soporto a este tipo de personas. Los que van por la vida como si todo les perteneciera y tú haces uso de todo porque ellos te dejan. La calle, la carretera, la dependienta, el camarero… lo que sea. Ellos van avasallando y tú tienes dos opciones, ignorarles, lo más inteligente o, como en mi caso, cargarte en ellos y decírselo clarito a la cara.
Entiendo que esta segunda opción no es la más inteligente pero soy así de burra. Ya me lo dice mi marido muchas veces: “no te pelees con nadie. Tú tranquila. Y deja de hacer tantos amiguitos.”  E incluso, aquel día, intentó, el pobre, hacedme razonar y me preguntó mientras se lo contaba toda indignada: "¿Qué quieres, echar gasolina o tener razón?" 
"¡Comerme al imbecil ese con patatas y meterle una patada en el culo y dejarle el zapato dentro!", grité.
¡Qué se le va a hacer! ¡Se me irá aplacando el caracter con la edad! ¡Un día de éstos lo mismo hasta le hago caso y me quedo calladita! Me haré seguro un poco de daño al morderme la lengua pero ¡qué le vamos a hacer!

martes, 6 de octubre de 2015

APARATOLOGÍA SÍ O NO...¡NO SE QUÉ HACER!

He conseguido perder casi seis kilos. Estoy bastante contenta y satisfecha. Mi miedo es volverlos a recuperar. Mi intención por supuesto es mantenerme. Ahora me encuentro muy bien. Me siento bien física y síquicamente. Nunca he sido una persona con peso de más. Nunca he necesitado perder peso. Únicamente estuve a régimen durante los embarazos de los dos últimos por diabetes gestacional. Y lo pasé francamente mal. Me gusta comer. Y me chifla el dulce. El hecho de que me quitaran radicalmente estas dos cosas, sobre todo la segunda, hizo que se me pusiera semejante mala leche que, una amiga muy amiga, me recomendara incluso que visitara a un sicólogo. ¡Me comía a mi padre por las patas!
Reconozco que para mí sería imposible estar toda la vida a régimen. Pero también es bien cierto que, una vez cumplidos los cuarenta, si no te cuidas, vas aumentado de peso y de cintura como ¡por arte de magia! A la que respiras, un kilo. Y la báscula va aumentado el peso y tú sin tener la sensación de haber comido más. Más bien todo lo contrario.
Porque, si decido pegarme un atracón, pues ¡bienvenidos esos kilos de más! Pero encima de no comer, ir engordando ¡sienta como una patada en el culo! 
Total, que visto que la dichosa báscula me mostraba cada vez más peso, y eso que me pesaba de higos a brevas, decidí poner remedio al tema. Acudí a una nutricionista y con todo el dolor de mi corazón, retiré de mi dieta las galletas (que me chiflan), las palmeras de chocolate (a las que adoro y pondría un piso), el aceite de oliva en exceso... y di la bienvenida a la escasez de comida en el plato y a las carreritas de media hora porque no soy capaz de aguantar más. 
Pero conseguí el objetivo y he perdido el peso que quería perder. Ahora me recomiendan, además de por supuesto un régimen de mantenimiento, que utilice una máquina de radiofrecuencia que "mejora la circulación y la reafirmación cutánea, disminuye las retenciones de líquidos y la grasa localizada." Y, ¡no se qué hacer! 



Por un lado me apuntaría sin pensarlo. A mi todo lo que sea que me soben y que se haga en un centro de belleza, me encanta. Me gusta hasta que me depilen. Pero por otro lado, estos tratamientos son caros y si me gasto el dinero, me gustaría que de alguna forma, pudieran "asegurarme" que van a cumplir con los beneficios que dicen. No quiero salir con la tripa dura como la de una nadadora de natación sincronizada pero tampoco igual que la tengo ahora mismo o con una leve mejoría. Y también se que, por sí sola, la maquinita no obra milagros. Vamos que si me tiro en plancha dentro de la pastelería cual posesa, por mucho que me enchufen a la máquina, la lorcilla seguirá donde yo la he puesto. Y ¡algún capricho me quiero dar! ¡Que llevo un tiempo que hasta huelo la merienda de los niños para disfrutar un poquito!
Y no quiero exagerar para no desanimar a nadie. Que tampoco me ha costado tanto. Pero mi problema es que adoro el dulce y está claro que, el azúcar, hay que retirarlo de la dieta sí o sí. Y eso duele. Y mucho.
Y aquí ando. Deshojando la margarita. Es lo que tiene sobrevolar los cuarenta. Ahora necesitamos más cuidados y aparatos que nos ayuden en nuestros objetivos. O en el único objetivo que es sentirse sana y sentirse bien. Ahora, no sólo utilizo la Thermomix para cocinar, ahora, casi que me la paso por el cuerpo y consigo mejores beneficios.

jueves, 1 de octubre de 2015

CAP. 6: COSAS PARA NO RECORDAR.

La verdad es que hay pocas cosas para olvidar. Todo el viaje fue una pasada y lo disfrutamos de lo lindo como os habéis podido hacer una idea.

Sin embargo, sí que existen pequeños detalles, como en todos los países, que no te terminan de convencer o que, seguramente, se podrían hacer mejor.

Primeramente, no hemos comido bien. Y nos gusta la comida americana, que conste. Y de hecho, hemos intentado visitar lugares propiamente americanos y de comida americana pero ¡ni por esas! Hemos comido de perritos en la calle. Los famosos perritos Nathan y bueno, ¡pues un perrito más! Nada para tirar cohetes. En Fridays. En la típica cafetería con tortitas a lo bruto y muy regulares. O una en la que son especialistas en cheese cake pero en sandwich de lo único que son especialistas es de llenarlos a lo bruto... El único sitio que nos convenció más fue el Shake&Shack. Las hamburguesas estaban bastante ricas y también las tienes vegetarianas. Y sobre todo, lo que más más me gustó fueron unos camiones de éstos que hay por todas partes que venden zumos. ¡Increíbles! Casi todos los días me tomé uno y a cada cual más rico. 







Segundo, me cansa muchísimo el pésimo trato al turista por parte de casi todo el mundo. Comprendo que tienen que estar hasta el moñete pero ¡qué se le va a hacer! ¡También nos dejamos nuestro dinero allí y merecemos que nos traten como a personas y no como a borregos! ¡Y se gastan una mala leche! Da igual que sea el policía de turno que el que coloca las mochilas para pasar por el arco de seguridad cuando te subes al ferry de la Estatua de la Libertad. Ser amable es gratis. Ser educado también. Y si tienes ganas de ladrar pues, ¡trabaja en una perrera! Que sí, que sí, que también sabemos que hay gente para echarle de comer a parte pero, con todo y con eso, ser tan borde de primeras y porque sí es totalmente innecesario.

Tercero, ¿es realmente necesario parar en una aduana por llamarse José García a un niño de once años que viaja con sus padres y hermanos? ¿De verdad se parece al traficante de turno que se llame José García? Que paren a su padre ya nos lo tomamos a coña pero ¡qué paren al niño! ¡Venga hombre! 

Y cuarto, un horror andar por la calle y a cada paso que un buen hombre intente venderte los tickets de los autobuses turísticos o la subida al Empire State. Que casi hay más vendedores de esos en las aceras que peatones.

Podría seguir con más cosas, seguro. Con los peatones que se saltan los semáforos y los coches que no paran aunque se los lleven por delante. Con el famoso frío que ya os comenté. Con lo viejo que está el Metro.... Pero son nimiedades. 

Así que ¡hasta aquí dio de sí nuestro viaje a Nueva York! Seguramente os podría seguir dando la murga. Sobretodo con fotos chulas y gente especial que luego han ido apareciendo al ir descargando fotos. Pero me controlaré...

Es un viaje magnífico que os animo a realizar con vuestros hijos. Merece la pena sí o sí. Es uno de esos lugares en la tierra, como ya he dicho muchas veces, en los que te sientes realmente en el centro de la tierra. En donde todo ocurre. Donde cada segundo es especial. Donde cada paso es increíble. Y para ellos, para sus cabecitas, es un sueño hecho realidad.