miércoles, 6 de julio de 2016

PASARELA DE VERANO

Así es como he titulado esta foto en Instagram. Pasarela de Verano. Pero podría haberla titulado de mil maneras diferentes. 



El lugar de mi infancia.
Adoro las dunas.
Camino hacia delante.
Con la vista puesta en el infinito. Y más allá.
Carrera de escarabajos.
Recuerdos.
...
Recuerdos y más recuerdos. 

Ahora que estoy en un momento de relax y después de este año tan, no sé cómo denominarlo, ¿ajetreado?. Ahora que estoy en mi momento de felicidad. En mi paraíso. En el lugar al que vuelvo año tras año, desde que nací, para recomponer mi cabeza. Para equilibrar mi mente. Mi vida. En el lugar en el que soy feliz. Plenamente feliz. Ahora de nuevo decido escribiros. Para deciros que no me olvido del blog. Que no me olvido de daros la tabarra. 

Pero que voy a trompicones. Un poco más lenta. Menos inspirada. 

Porque la vida es eso que fluye independientemente de lo que a ti te pase. Es esa pasarela que estará allí. Independientemente de lo que a ti te pase. Esas dunas por las que he corrido descalza como una loca cuando era pequeña. Por las que me he tirado haciendo la croqueta. En las que he ganado (y perdido) las mejores y más emocionantes carreras de escarabajos que podáis imaginar. 

Las dunas, seguirán allí independientemente de lo que me pase.

¡Cómo es la vida! Me dan un asco tremendo cualquier tipo de insecto. Hasta las moscas y los mosquitos. Pero veo uno de esos escarabajos con los que tanto jugué en mi infancia, en esas dunas, y lo cojo sin problema. Y no lo beso ¡de puritito churro!

Que la vida sigue y el blog también. Pero como la vida, el blog tiene sus picos y sus valles. Y ahora, estoy en un valle.

Y no, no me he tomado más mojitos de la cuenta. De hecho, no me he tomado ninguno. Aunque no me importaría. Pero me he sentado a ver el mar. A escucharle. Y me he puesto metafísica. Que casi es peor que estar un poco chispa porque me falta ese puntito alegre que proporciona el alcohol y que, a mi normalmente me sobra, pero hoy no.

Ahora sólo pido que la vida fluya. Y que venga y vaya igual que las olas. Pero que moje la orilla. Que me moje los pies. Y que me mantenga siempre viva. 

Y si puede ser, al blog, también.

viernes, 3 de junio de 2016

LA JEFA.


No, no estoy hablando de mí. Ni de mi madre tampoco...
La Jefa es un restaurante de Madrid situado en la calle Recoletos, 14 donde disfruté el otro día de una comida con unos amigos a los que quiero mucho.

La Jefa es un local muy bonito. Con una decoración increíble. De estos locales en los que, no sólo la comida es importante si no que, se pone empeño hasta en que el cuarto de baño sea un lugar al que te apetece ir. Y que no sólo sea por necesidad… ;D
La comida también estaba muy rica. Cosa importante porque íbamos a comer y no a hacer pis (aunque mi querido amigo tenía esa necesidad imperiosa según llegaba… ¡Me va a matar por contarlo pero así le hago rabiar un rato!) Y eso que no pude comer lo que quería porque, al muy plasta del meón, se le puso que teníamos que comer los tres “lo que quiera la Jefa” que es, ni más ni menos, que unos seis mini platos más el postre para que pruebes las distintas exquisiteces que preparan.
Estuvo muy rico todo pero, tendré que “sacrificarme” y volver otro día para probar la ensalada de quinoa cevichada que, a fin de cuentas, era lo que quería comer.
Con todo y con eso, es un sitio para probar en Madrid. Además la zona no puede ser mejor y eso que, al lado, están construyendo-rehabilitando un edificio que, el día de mañana, albergará unos estupendos “pisitos” por los que los mortales babearemos y sólo los ricos podrán disfrutar. ¡Lo de siempre, vamos! Pero que, por ahora, lo que generan además de envidia es polvo, camiones corta-calles y ruido.
Aunque ya veis que voy siempre retrasada contándooslo que sepáis que sigo sacrificándome por vosotros y no dejaré de visitar Casa Decor o la Feria del Libro con el Movimiento Maruja (al que tendremos que cambiarle de nombre por el Movimiento Autónoma) o más restaurantes chulos de comida rica. Luego ya si eso, os lo voy contando. En huequitos como el de hoy en el que, además de este restaurantes, os iba a escribir sobre un musical que fuimos a ver en familia y que resulta que ya no está en cartelera en Madrid. ¡Qué fuerte! ¡Sí que voy retrasada!
Pero la vida de mierdiautónoma es lo que tiene. Los lujos y placeres están destinados para otros… Entre la maternidad y el ganarme el pan, los “gustirrinines” como escribir el blog todas las semanas al menos tres veces, está reservado para marujas felices como yo anteriormente.
¡Ains! ¡No se puede tener todo!

miércoles, 18 de mayo de 2016

RETOMAR LAS BUENAS COSTUMBRES.


Como es el daros la tabarra, por ejemplo. Siento haber tardado tanto en escribiros pero ahora soy autónoma y me gano el pan con el sudor de mi frente. Y no se si gano mucho pan pero, sudar, lo que se dice, sudar, ¡sudo un rato!
Así que, es verdad que ahora no dispongo de tanto tiempo para escribiros. Lo que no quita para que tenga un montón de cosas que contaros. Y voy a empezar por los dos libros que me he leído últimamente.
Los que me sigáis por Instagram (@sobrevolando_los_40) sí que estáis al tanto, más o menos, de mis últimas lecturas y correrías pero el resto, vivís en la más absoluta “cuarentañera ignorancia”.  Pero, no os preocupéis, no sufráis, no os rasguéis las vestiduras que ahora mismo os lo cuento.
Los dos libros que me he leído han sido: “La flor y nata” de Mamen Sánchez y  El desorden que dejas” de Carlos Montero. Dos libros muy distintos. Dos libros que se leen en un fin de semana. Uno escrito por mujer. El otro escrito por hombre. Los dos buenos. Los dos entretenidos. Los dos, diferentes.


“La flor y nata” de Mamen Sánchez es una comedia romántica en la que no falta la buena vida, una chica guapa, profesional y con suerte y, un chico guapo, soltero y rico. Este libro es como esas películas que pones un sábado por la tarde para no pensar y que te mantiene con una sonrisa en la cara la hora y media que dura. Es de esos libros (o películas) de vidas que son irreales al menos para el 90% de la población mundial y que, seguramente, no soportaríamos por empalagosas y perfectas pero que nos alegran durante el tiempo que dura la película y el libro. 
Me faltan dos libros de esta autora por leerme, “Gafas de sol para días de lluvia” y “Juegos de Damas” que sin duda, estarán en mi lista de los libros que voy a leer este verano. 

“El desorden que dejas” de Carlos Montero por el contrario, es un libro más inquietante. La trama se desarrolla en Galicia. Entre La Coruña y un pequeño pueblo de Orense. Allí una profesora de instituto sustituta intenta resolver el suicidio de su antecesora pero se topará con la cruda realidad de una sociedad que oculta sus debilidades y que, aunque moderna en muchos aspectos, todavía sigue anclada al antiguo servilismo de los pueblos. Esta novela recibió un merecido Premio Primavera de Novela 2016.
De momento, os dejo con estas dos “perlitas” para que empecéis de nuevo a cogerle el gustillo a mi tabarrita. Espero no dejaros solos y desamparados tanto tiempo. Retomaré las buenas costumbres y seré más organizada. Porque para mí, escribiros, contaros lo que hago, lo que leo, lo que visito, lo que disfruto, es un auténtico placer y, desde luego, una estupenda válvula de escape. Y no es que necesite yo salir corriendo de nada pero, ¡ya sabéis! Protestar es de humanos y escapar, ¡lo mismo!

lunes, 25 de abril de 2016

NUESTRO PARTICULAR HOMENAJE A DON QUIJOTE DE LA MANCHA


Ya sabéis que a mi marido le ha dado por el buceo. Os lo he dicho chorrocientas veces. Y eso hace que nos movamos cual titiriteros por los diferentes sitios donde él o los niños, bucean.

El último ha sido el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera “un espacio natural protegido y uno de los grandes humedales de importancia” situado en Ciudad Real, Castilla-La Mancha. Donde nace el río Guadiana. Y donde se encuentra la Cueva de Montesinos, “donde se da cuenta de la grande aventura de la cueva de Montesino, que está en el corazón de La Mancha, a quien dio felice cima el valeroso don Quijote de la Mancha.”

La verdad es que no llevábamos muchas expectativas puestas en este viaje. De hecho, estuvimos a punto los niños y yo de quedarnos en Madrid. Pero, al final nos animamos y fue ¡todo un acierto!
Fue un viaje rápido. Sólo nos quedamos a dormir la noche del viernes y, ¡menos mal! porque el hostal no es que fuera malo, era horrible. No por sucio pero sí por feo y viejo. Lo único digno de mención fue el desayuno del que no tengo foto. Pero vamos, que estuvo bien pero tampoco para tirar cohetes y mucho menos, fotografiarlo. Así que, al hostal ni lo nombro.
Sin embargo, fue una gran sorpresa la Cueva de Montesinos, situada en Ossa de Montiel (Albacete) en la que se desarrollan los capítulos del XXII al XXIV de la segunda parte del famoso libro Don Quijote de la Mancha del que ahora se celebra el IV Centenario del fallecimiento de su autor, Don Miguel de Cervantes.
Allí llegamos los niños y yo y nos apuntamos, como no podía ser de otra manera, a la visita guiada. El precio de la visita es de 6€ los adultos y 4€ los niños y dura, alrededor de una hora.
Primero te enseñan la vegetación autóctona que rodea la entrada a la cueva, "llena de cambroneras y cabrahigos" y que, según nos explicaron, no es una cueva si no, una sima, "cavidad natural producida por un hundimiento del terreno".
El guía fue estupendo y nos mostró, con mucha cordialidad y un trato exquisito hacia los niños, tanto los murciélagos que habitan la cueva, como las lágrimas que mencionaba el Quijote e incluso, la figura de Dulcinea, el río que circula más abajo y que te impide ver "el palacio de cristal" que también vio el famoso hidalgo mientras estuvo en la cueva. ¡Un gran placer que sí os recomiendo!
 «Luengos tiempos ha, valeroso caballero don Quijote de la Mancha, que los que estamos en estas soledades encantados esperamos verte, para que des noticia al mundo de lo que encierra y cubre la profunda cueva por donde has entrado, llamada la cueva de Montesinos: hazaña solo guardada para ser acometida de tu invencible corazón y de tu ánimo estupendo. Ven conmigo, señor clarísimo, que te quiero mostrar las maravillas que este transparente alcázar solapa, de quien yo soy alcaide y guarda mayor perpetua, porque soy el mismo Montesinos, de quien la cueva toma nombre»
Al salir de allí, nos dirigimos directamente a conocer las Lagunas, no sin antes tomarnos un aperitivito contemplando ese maravilloso paisaje. 
"Solamente faltan Ruidera y sus hijas y sobrinas, las cuales llorando, por compasión que debió de tener Merlín dellas, las convirtió en otras tantas lagunas, que ahora en el mundo de los vivos y en la provincia de la Mancha las llaman las lagunas de Ruidera; las siete son de los reyes de España, y las dos sobrinas, de los caballeros de una orden santísima que llaman de San Juan. Guadiana, vuestro escudero, plañendo asimesmo vuestra desgracia, fue convertido en un río llamado de su mesmo nombre, el cual cuando llegó a la superficie de la tierra y vio el sol del otro cielo, fue tanto el pesar que sintió de ver que os dejaba, que se sumergió en las entrañas de la tierra; pero, como no es posible dejar de acudir a su natural corriente, de cuando en cuando sale y se muestra donde el sol y las gentes le vean."
Sin duda, una excursión muy, muy recomendable a dos horas y media de Madrid. Y más ahora que estamos en plena repercusión mediática del Quijote y en plena conmemoración. Por todos lados se habla de Cervantes y Shakespeare. ¡Y Sobrevolando no iba a ser menos!
Volvimos a Ruidera y decidimos comer en el Mesón de Juan. Mesón de comida típica manchega. Este sí, totalmente recomendable. Comemos rico y a muy buen precio. Y probamos las gachas manchegas que estaban riquísimas.
Y ¡se acabó el viaje con niños! Pero no nuestro particular homenaje al hidalgo porque me gustaría visitar el Toboso a ver si nos encontramos con Dulcinea. Y Campo de Criptana para disfrutar de los molinos de viento… Y ¡tantas cosas por ver y conocer que no nos da la vida!

domingo, 17 de abril de 2016

III CARRERA CONTRA EL CÁNCER


Y, ¡ahí estaba yo! Cumpliendo otro objetivo. Asumiendo otro reto. Correr diez kilómetros y cruzar la meta en la lucha contra el cáncer.
La verdad es que, si hace un año, alguien me dice que voy a correr diez kilómetros, me rio a carcajadas. Vamos, incluso me parto si alguien me dice que voy a correr para coger el autobús.
Nunca me gustó correr. Era un complejo adolescente. Por aquello de que dos partes de mi cuerpo muy específicas, votaban más de lo que a mi me gustaba. Claro, no llevaba el sujetador-coraza que llevo ahora y que me ha costado ¡un huevo! Bien pagado por otro lado. Porque ahora no me preocupa que voten. Ahora me preocupa que se descuelguen más de lo que ya lo están...
Bueno, que me lio. Que he corrido por primera vez diez kilómetros en una hora y tres minutos. No es que sea un tiempo increíble pero para mi, la leche. Más que suficiente. Incluso, nunca pensé en tardar eso. Y en el caso de que hubiera tardado más, igualmente hubiera entrado como el de la película Carros de Fuego. Porque para mi el logro no es correrlos que también. Es siquiera, intentarlo. Estar ahí. Animarme a levantarme un domingo a las siete y cuarto de la mañana, ponerme unas mallas y unas zapatillas y salir a correr por plena Castellana en Madrid.
Con chorrocientas mil personas más.

Ha sido la pera. Estoy muy orgullosa de mi misma por haberlo conseguido. Pero también ha sido increíble correr y pisar un asfalto que, con el coche, habré pisado un millón de veces pero que, en cuarenta y tantos años de vida, no había pisado nunca con mis propios pezuños.

La causa era buena. Luchar contra el cáncer. Más que luchar, apoyar a aquellas personas que sí luchan contra él. Con entereza. Con valentía. Con ganas. Sin venirse abajo. Con coraje. Todas esas personas son ejemplo de superación para todos. Para aquellos que nos quejamos de la vida por quejarnos pero sin razones de peso. Por flojos y cobardes. Mientras que otros luchan con fuerza. Sin quejarse. Calladitos. Día a día. Contra esa asquerosa enfermedad y contra todas sus “consecuencias”.  
Ahora me duele el trasero. Mañana seguro me dolerá todo el cuerpo. Pero es un dolor bueno. Es el dolor de cumplir un objetivo.
Dice mi horóscopo que “el cambio está ya en marcha.” Y lo acepto. Lo asumo. Y no me pienso resistir. Y si ese cambio comienza corriendo. ¡Bendito cambio! Y espero que continúe.
No me quejo de mi vida. No tengo razón ninguna. Llevo la vida que quiero. Feliz. Pero, al igual que corres, la vida se mueve y si no te metes en la rueda, si sólo estás por fuera mirando como rueda, como en los “caballitos”, mientras el resto te saluda, no llevas una vida plena.
Hay que montarse en los “caballitos”. Y correr con ellos. Y subirte a la rueda. Y creo que ese es el cambio que estoy haciendo yo ahora. Y es un cambio que, en todos los sentidos, está siendo para bien.
Y comienza decidiéndome un día por correr y ¡vete tú a saber cómo terminará!

lunes, 11 de abril de 2016

MUJER #UNFILTERED


O lo que es lo mismo, mujer sin filtros… Que nos ponemos de un anglosajón para todo…
Llevo tiempo para contároslo. El pasado 3 de marzo (fijaros si llevo tiempo) estuve en la presentación de un estudio realizado por Ipsos en el que se hablaba del nuevo perfil de mujer emergente. Ipsos es una empresa de investigación de mercados que son expertos en “analizar el potencial de mercado e interpretar las tendencias para el desarrollo y la construcción de marcas.” Podéis leer el estudio completo aquí.

Los resultados de este estudio en el que, la metodología de trabajo ha sido a través de diarios secretos en los que las mujeres objeto del estudio, daban su opinión respecto al trabajo, la maternidad y la belleza son las siguientes:
·       La mujer de ahora se acepta a sí misma con sus defectos y sus virtudes dando la mejor versión de sí misma.
·       Es egocéntrica y egoísta. Ella es importante y su felicidad también.
·       Se construye a sí misma y no se compara con nadie.
·       Son mujeres que optan por otro estilo de vida y dicen no a la maternidad.
·       No son perfectas. No llegan a todo y no pretenden llegar a todo.
Y estas mujeres quieren que las marcas (o quien corresponda) se dirija a ellas de la siguiente manera:
·       Háblame como persona. Ni como madre ni como mujer.
·       No me hagas sentir culpable.
·       No me impongas tus criterios.
·       Me rio de mis defectos.
·       Me gustan los mensajes de superación.
·       Convivo con mis contradicciones.
Fue una charla muy agradable en la que los responsables del estudio nos presentaron sus conclusiones y además, Laura Baena del Club de Malas Madres, también nos presentó no sólo el Club para aquellas que no lo conocieran, si no también su forma de pensar respecto a la maternidad en particular y a la mujer de hoy en general.
Y, ¿qué opino yo? Pues que la bollería del restaurante Perrachica (donde se celebró el evento) está estupenda. Que efectivamente me quiero, me gusto y acepto mis defectos pero de momento, me falta el punto “egoísta” de anteponerme a mis hijos, por ejemplo. E incluso, creo que tampoco me antepongo a mi marido en todo… He dicho, en todo.
Por supuesto, queda manifiestamente claro con tres churumbeles que, la maternidad, sí ha sido importante e imprescindible para mí. Si bien, respeto mucho a aquellas mujeres que prefieren no tener hijos por la razón que sea. E incluso, lo he dicho muchas veces, prefiero esa forma de pensar a aquellas (y aquellos que los hijos son responsabilidad de dos) que tienen hijos porque toca pero los atiende la filipina de turno porque para ellos, la prioridad es el trabajo. No estoy hablando de personas que no tienen más remedio que trabajar como locos para sacarles adelante. No. Todos sabemos de qué tipo de personas hablo porque todos tenemos alguien alrededor que peca de esta forma de actuar.
El caso es que, sin irme por las ramas, que la mujer emergente y sin filtros, no creo que sea una cosa tan actual. Creo que la mujer y el hombre, cada día tienen más claro aquello que quieren y lo que no. Y por supuesto, tienen claro cómo son. Para bien y para mal. Y si además, sobrevuelas los cuarenta, todavía tienes más cristalino aquello que esperas de la vida. La edad, por una vez y sin que sirva de precedente, es un punto a favor en cuanto a tener las cosas claras se refiere. Las mías, transparentes. Demasiado diría yo...

sábado, 2 de abril de 2016

¡CARTAGENA!


Quien dice viernes, dice sábado… No hay por qué ser tan exigentes…
Pues como os contaba, estuvimos en Cartagena con los niños. Nos hospedamos en el NHCartagena que está muy bien situado cerca de los dos museos, el teatro y el puerto y además conseguimos sin tener que discutir y pedirlo de rodillas, dos habitaciones comunicadas. En ese sentido, desde luego que, como en España, en ningún sitio.
Cogimos sólo las habitaciones porque el desayuno se me antojaba pelín caro para lo que, al final, desayunan los niños y además, estoy siempre con las prisas para no llegar tarde. Además, como el hotel está tan céntrico, hay mil sitios alrededor donde poder desayunar a un módico precio y rico, rico. ¡Incluido un Vips!


Llegamos la tarde del Viernes de Dolores y para celebrar mi santo (y porque no quedaba más remedio), salimos a cenar. Elegimos un restaurante que nos daba buena pinta y que tenía terraza para poder disfrutar de la procesión de Semana Santa. ¡Cual gran fue nuestra sorpresa cuando nos pidieron 7 euros por silla! Es decir, que si queríamos cenar en la terraza para disfrutar de la procesión tenías, no sólo que pagar la cena (normal) si no también la silla. Ingenua de mí pensé que, una vez vieran que no íbamos a tomar cinco refrescos y unos panchitos, no nos cobrarían los 35 euracos por las sillas, ¡pero no! ¡nos los cobraron! ¡Con dos y un palito! Que digo yo que si pretendían que cenáramos de pie. Lo más triste es que había gente que no se sentaba por el precio de la silla y tenían la terraza medio vacía. ¡Qué poco comercial! ¿no?
Todavía a día de hoy, no logro entender la historia ni el punto de vista de los dueños de los restaurantes de esa calle ya que era una práctica no sólo del restaurante en el que cenamos si no ¡de todos! ¡La pera! ¡Esta España nuestra que no deja de sorprendernos!
La procesión nos salió cara pero fue bonita. Yo la disfruté muchísimo porque me encantan, la verdad.

Al día siguiente, visitamos el Museo Nacional de Arqueología Subacuática. Un museo muy interesante y bonito emplazado en un espectacular edificio en el puerto de Cartagena diseñado por el premio nacional de arquitectura Guillermo Vázquez Consuegra y, en el que disfrutamos de diferentes pecios del Patrimonio Cultural Subacuático de la época de los fenicios, los romanos y también una muestra de las monedas de la fragata “Nuestra Señora de las Mercedes”. De manera muy instructiva para los niños, te muestran con diferentes "juegos" la metodología de excavación y restauración de los pecios.
Nos hubiera gustado también poder visitar el Museo Naval con una sala dedicada en especial a Isaac Peral y los submarinos. Pero tendrá que ser para otra visita porque no nos dio tiempo por el horario.
Después de comer en un restaurante que no recomiendo no porque no comiéramos bien pero porque fueron lentos más que el caballo de los malos y, de alguna manera, poco sinceros porque si sabes que nos vas a servir tarde y nos vas a tener una hora y pico esperando al primer plato, prefiero que no nos sientes y nos digas que no tienes mesa. Son formas de pensar y manías. Me fastidia enormemente esperar para comer. Si puedes bien y si no, me voy. Y además, caro.
Bueno, después de esa comida rica pero larga, larga, visitamos el Teatro Romano construido en el siglo I a.C
La entrada al Teatro Romano debe hacerse sí o sí por el Museo del Teatro Romano. Un edificio diseñado por Rafael Moneo que conduce a los visitantes desde la Plaza del Ayuntamiento hasta el interior del monumento. La entrada cuesta 6 euros (reducida por familia numerosa, 5€). Por supuesto, es un monumento que sí o sí hay que visitar. Y no defrauda. A los niños les encantó. 

La tarde la rematamos con unos churros con chocolate en la cafetería Valor al ladito de la entrada al Museo y con un paseo por las calles de Cartagena muy, muy concurridas.
Al parecer, Cartagena ha sufrido una transformación en los últimos tiempos para bien, desde luego porque, a mi me pareció una ciudad preciosa y sobre todas las cosas, me encantó esta escultura conocida como "El Zulo" del escultor madrileño Victor Ochoa que me impactó enormemente por sus más de 4 metros de alto y 5 de ancho. ¡Gigante!

Al día siguiente, recogimos al padre en el puerto tras su curso de buceo y comprobamos que, al igual que nosotros los domingos por las mañanas tenemos clases de golf, los niños en Cartagena disfrutan de su cercanía con el mar con clases de vela. ¡Daba gusto verles!

Volveremos seguro a Cartagena para poder visitar el Museo Naval y más cosas que se nos quedaron por ver como el Castillo de la Concepción, o el Museo-Refugio de la Guardia Civil o la Casa de la Fortuna.
Además, aunque hizo tiempo agradable, seguro que durante abril y mayo es también una época estupenda para visitar una ciudad con tanta historia y con tanto sabor como Cartagena, Ciudad de Tesoros.

miércoles, 30 de marzo de 2016

De vuelta y a vueltas con el cine.


Pues después del parón semanasantero durante el cual he disfrutado de todo un poquito, desde un viaje con niños a Cartagena hasta una gripe que me ha metido en cama después de unos veinte años sin poder conmigo, aquí estoy de nuevo para volver a daros la plasta y a contaros cosas banales y sencillas que nos hagan pasar un ratito agradable.
Tengo pensado poneros al día de varios temas que pasan por ese viaje con niños a Cartagena que os contaré con detalle el viernes, por un evento al que me invitaron y que se llamaba “Mujeres sin filtros” en el que se nos contaba el perfil de la mujer actual y, por varias películas vistas tanto en el cine como en casa.
Y hoy, como buen miércoles día del espectador en los cines (al menos, antiguamente), os hablaré de dos películas: Truman, ganadora del Goya a la mejor película 2016 y que compré en DVD y, Batman vs. Superman: el amanecer de la justicia que vimos en el cine durante estas vacaciones.
Empecemos por Truman.
Truman es un perro precioso que vive con su dueño (Ricardo Darín) que está enfermo sin remedio porque él mismo ha decidido no seguir “aplicándoselo”, que vive en Madrid y al que le visita su amigo del alma (Javier Cámara) que vive en Canadá para intentar hacerle cambiar de opinión sobre el fin de su tratamiento pero que, sin conseguirlo, le acompaña en el amargo trago de ir dejando todas las cosas de su vida organizadas y despidiéndose de las personas a las que quiere.
Es una película dirigida por Cesc Gay y que yo estaba deseando ver.
Y me gustó bastante. Sólo a mí también he de confesar porque mi madre y mi hija que la veían conmigo, coincidieron en que era muy, muy lenta.
Y, como digo, me gustó. Bastante. Pero con un pero. Que ya sabéis que soy porculera y picajosa. No entendí el kiki. El polvete entre el personaje de Javier Cámara y el personaje de mi tocaya Dolores Fonzi que hace de prima que cuida de Ricardo Darín.
No lo entendí porque no viene a cuento. Tomás (Javier Cámara) está felizmente casado en Canadá y la prima, no se sabe. No aporta nada a la trama de la película. Tiene lugar casi al final. Cuando todo el bacalao está partido. Hubiese dado igual que echaran el polvete que no. No cambia nada del guion.
Tampoco es un polvazo. Me explico: Javier Cámara me encanta pero su cuerpo (ni su culo) es el de Brad Pitt, lamentablemente. Y la postura es un misionero rancio. Ni salto del tigre. Ni amor apasionado. Ni romántico. Ni velas. Ni nada. Nada.
Entonces, ¿a cuento de qué?¿Es esa teoría de que una película española siempre tiene que tener sexo para triunfar? Me niego a pensar que es por eso.
¿Alguno habéis visto la película? ¿Me podríais explicar el por qué de esa escena? ¿Tuvisteis la misma sensación que yo?
Y luego, una peli algo más familiar, “Batman vs. Spiderman: El amanecer de la justicia”
Batman v Superman: El amanecer de la justiciaPues eso. Batman interpretado por un madurito Ben Affleck con un dorso excesivamente desarrollado para mi gusto frente a Superman interpretado por un jovencito y guapo actor desconocido (para mi) Henry Cavill que se pelean por malos entendidos y por no pararse hablar un momentito, olvidándose de verdad de quién es el malo de la película, un melenudo (y feo) Jesse Enselberg.
Vamos, que si queremos lo podemos trasladar a nuestro circo político en el que Batman interpretado por el madurito Rajoy pero sin musculitos lucha por pactar con el guapete SúperSánchez que hace oídos sordos mientras se deja enbaucar por un melenudo Pablo Iglesias. Sólo me falta el papel de Albert Rivera que, transvestido, bien podría ser la guapa Amy Adams en el papel de Lois Lane enamorada hasta las trancas de SúperSánchez al que ayuda a encontrar de nuevo, el buen camino.
Veremos si nuestro “Amanecer de la justicia” tiene tanto éxito (o no) como la película de la Warner Bros.
En el mientras tanto, os dejo con vuestros pensamientos y quehaceres y os emplazo al viernes donde os contaré el viaje a Cartagena con los churumbeles. Bye.

lunes, 14 de marzo de 2016

¡NO QUEPO EN MI DE ORGULLO!

Hace más o menos un año, tras comprobar al ponerme el traje para una boda como me había convertido en chorizo con el consiguiente cachondeo familiar, decidí que iba a perder esos cinco (o seis) kilos puñeteros que me había cogido en los últimos años y que no quería conmigo ni un minuto más.

Para ello, me puse a régimen con una nutricionista que, por supuesto, me recomendó ejercicio o "ejernicio" como le llamaba mi hija cuando era pequeñita y adorable y no una pavoncia adolescente.

Llevo siete años en Pilates pero, claramente, eso endereza mi espalda, medio endurece mis músculos y estira la tabla de planchar (por lo de dura digo) que es mi cuerpo. No me llamaron el día que repartieron la paciencia pero claramente, tampoco asistí el día que decidieron quién sería elástico y quién no.

Total, que una que es muy inteligente se da cuenta que cuando la nutricionista dice "ejercicio" se refiere a que queme calorías y que sude. Tal cual.

A mi espíritu no me falta y optimismo tampoco. Así que, decidí correr. No para tener sed. Ni para huir de nada ni de nadie. Para quemar los kilos. Para superarme. 

Y, un buen día, empecé. Poquito a poquito. Cada mes un poquito más. Iba que echaba el higadillo por la boca. Me ponía música pero, al minuto de empezar, ya estaba para que me diera algo. Pero seguí.

Poquito a poquito.

Llegó el verano y con una loca de la colina, seguimos corriendo poquito a poquito. Y me compré unas zapatillas de las buenas y bien fosforitas. Y unos pantalones cortos. Y un top. Sí, un top. ¡La pera!

Y después septiembre. Y me vio una vecina al trote cochinero y le conté que había empezado a correr y que ya conseguía ir de plaza a plaza. Unos tres, cuatro kilómetros como mucho.

Y se animó a correr conmigo. Y me enseñó a correr. Y pasamos al parque y, dándole al palique con ella y más amigas suyas, conseguimos llegar a los cinco kilómetros.

Poquito a poquito.

Y seguimos corriendo después de Navidad para bajar los polvorones. Y seguimos dándole a la lengua mientras corríamos. Y llegamos a siete kilómetros.

Total, que va mi vecina y me dice, "el trece de marzo hay una carrera en Aranjuez de ocho kilómetros. ¿Nos apuntamos?" Y yo en mi línea, "¡pues claro!"

Y me compró unas mallas grises y un cortavientos naranja fosforito, también. ¡Con esos colores no te pierdes aunque quieras!


Y ayer domingo, trece de marzo, poquito a poquito, corrimos ocho kilómetros. ¡Con dos! Con ese número tan erótico que me tocó en el dorsal dándome suerte. Y yo volví a engordar pero ¡de orgullo!

Si alguien me dice hace un año que yo voy a correr ocho kilómetros por gusto, le pongo cara de "¡a ti se te va la olla!" Y si, además, me dice que lo voy a disfrutar, los ojos se me hubieran salido de las órbitas y la carcajada se habría oído en todo Madrid. 

Pero, lo hice. Y ahora que estoy bastante chulita y subidita, me comprometo a correr otra carrera que hay en junio de diez kilómetros. Que yo cuando me pongo, me pongo. Y cuando me remango, me remango. 

Y que se preparen los de Nueva York...

sábado, 12 de marzo de 2016

COMIENZA LA TEMPORADA 2016 DEL MOVIMIENTO MARUJA.

¡Qué ya lo echabais de menos, eh! Pues tranquilos todos que ya estamos aquí. Nos ha costado ponernos de acuerdo con las fechas que las "marujas" están liadas y estresadas pero, hemos querido encontrar un huequito para poneros en marcha y disfrutad como sólo sabe hacerlo el ¡Movimiento Maruja!

Últimamente, estamos bastante identificadas con las exposiciones temporales que prepara el Museo Thyssen. Y esta última, no podía ser menos: Realistas de Madrid. Así se titula la exposición en la que se pueden admirar obras del gran Antonio López, María Moreno, Isabel Quintanilla, Francisco López, Amalia Avia y Julio López.

A mi, particularmente, me encantó. Me gusta muchísimo el realismo y Antonio López me chifla.  A los otros pintores no les conocía pero realmente me gustaron mucho las mujeres y Julio López en sus esculturas. Sobre todas ellas, la de "El Alcalde" que parece que va a echar a andar a la que te das la vuelta. O la de su hermano, Francisco López, "Nina sentada" que produce una serenidad increíble.

Pero me estoy adelantando. Porque no os creáis que no desayunamos. ¡Faltaría más! Desayunamos en la gloria y dándole al palique, como no podía ser de otra manera, en el restaurante de moda Ultramarinos Quintín. 

Quintín está situado en la calle Jorge Juan, 17 calle magnífica de Madrid donde además de encontrarse en un entorno envidiable y muy cerca de El Retiro, el Museo Arqueológico, la Biblioteca Nacional, la calle Serrano conocida como la Milla de Oro por sus tiendas de lujo, puedes encontrar muchos de los mejores restaurantes de la villa y corte.

Fuimos comedidas en el desayuno pero si quieres tienes hasta, ¡huevos fritos! que yo me hubiese comido tranquilamente. Pero la operación bikini manda y me tuve que conformar con la barrita de pan integral y tomate. Igualmente, estaba deliciosa y la disfruté muchísimo.


Quintín es también un restaurante excelente para comidas y cenas pero tienes que coger mesa con antelación porque es uno de los restaurantes de moda de Madrid y está siempre hasta la bandera. El lugar lo merece por su decoración colonial y su excelente comida y servicio.

Tenemos previsto que el próximo Movimiento Maruja sea más castizo y esperemos que con mejor tiempo. Aunque visto lo visto, con este tiempo loco, lo mismo llega primavera o verano y estamos con la bufanda y las orejeras.

Ahora os dejo con fotos de las obras que más nos gustaron. De verdad, si podéis visitad la exposición. Y si podéis también, id a mediodía porque tuvimos que verla sólo en una hora y medio pegándote para ver las obras por la mala educación de la gente. Había muchísima y algunas deciden que sólo ellas pueden verlas bien. Se acercan de tal manera a la obra que el resto no tiene más remedio que ver su horrendo cogote distorsionando tanta belleza. ¡En fin! ¡Es lo que hay! ¡Por desgracia!

Disfrutad.

"Gran Vía, 1 de agosto, 7.30 de la mañana" de Antonio López

"El Alcalde" de Julio López

"La habitación de costura" de Isabel Quintanilla
"Nina sentada" de Francisco López. Foto vía www.europapress.es

miércoles, 9 de marzo de 2016

"SPOSES AND OTHER SIGNIFICANTS"


¡Qué titulito, eh!
Pues es así como nos llaman a “las esposas y otros acompañantes” en el evento de empresa por el que fuimos mi marido y yo a París.
Es una historia que quería haberos contado antes pero, no hay mal que por bien no venga, y que mejor día para contarlo que el famoso Día de la Mujer (lo de trabajadora me lo evito que me toca las narices).
Yo creo que ya os he hablado más de una vez de que no me gusta la celebración de este día con la coletilla de “trabajadora” porque ya me diréis qué mujer no trabaja. Dentro o fuera de casa. En el campo o en la ciudad. Joven o mayor. Todas trabajamos y mucho más que los hombres.
Ahora sólo queda que nos lo reconozcan. Y no con flores (qué también que soy hermana de florista). Con el mismo salario que ellos. Con las mismas oportunidades que ellos. Con los mismos deberes y obligaciones. Ni más ni menos.
Y tiene gracia que os hable de lo de “mujer florero” en este día. Aunque lo publique mañana miércoles. Os lo cuento hoy, 8 de mayo.
Eso es lo que hice (y muy bien) en París. Fui “mujer florero”. Fui “spose”. Y no me preocupa. Lo hago con gusto. Acompaño a mi marido contenta. Y si me invitan a París, más. Si me invitan a donde sea al nivel que me invitan, soy “mujer florero” profesional. Sin complejos.
Y si además, para rematar el evento, trajeron a Keith Urban (mi primo del extranjero) a que nos cante, ¡pues mujer florero orgullosa y feliz!
¡Qué simpático el muchacho! ¡Qué bien canta! ¡Qué bien dadas las mechas! ¡Qué cercano! ¡Qué bueno está!
No tuvo problema en subir a alguna “loca” al escenario con él. Ni reírse con todos. Ni siquiera se molestó cuando, a voz en grito, le preguntaron que dónde estaba su mujer. Contestó educado y agradecido. 



Fue un inmenso placer. Así que esta “spose” se lo pasó bomba y bailó lo que pudo. Que si hay que “trabajar” de florero se trabaja. Que soy mujer. Mujer con mayúsculas. Mujer orgullosa. Mujer y madre. Mujer y esposa. Mujer y… trabajadora.
P.d.: hoy miércoles estamos de Movimiento Maruja (manitas aplaudiendo) Así que, no os lo perdías que en breve os cuento.

miércoles, 2 de marzo de 2016

PARÍS NO PUEDE PERMITIRSE ESTAS IMÁGENES.


Ni París, ni ningún otro sitio. Aunque sea el pueblo más recóndito del lugar más alejado del planeta.
No debemos aceptar estas imágenes como normales. No debemos asumirlas. Ni justificarlas. Ni sufrirlas.
Porque no son normales. No son justas. No son aceptables.
Son terribles. Descorazonadoras. Frustrantes.
Todavía recuerdo cuando era adolescente e iba en el Metro de Madrid y podías ver a esas mujeres con niños que ahora sabemos que estaban drogados pero antes, en mi cabeza sin amueblar, pensábamos que dormían demasiado, pidiendo. Mendigando.
También recuerdo con mis hijos pequeños y ya con una ley en Madrid que prohibía la mendicidad con niños como, en un Mcdonald de Alicante, perdí el apetito cuando unos niños se acercaron mendigando dinero y comida.
Y, también se prohibió al poco tiempo.
Pero, el otro día, al llegar a París y descubrir esto, se me cayó el mundo de nuevo a los pies. Hicimos sólo unas pocas fotos por pudor y por respeto. Pero, quería mostraros lo duro de estas imágenes.


Es terrible. Familias enteras con bebés y niños muy pequeños envueltos en mantas, tirados mendigando por las calles de París.
París. El colmo del glamour. El centro del lujo. La capital del amor.
Y ahora, cubierto por mantas que tapan pequeños cuerpos.
No se trata sólo de no verlo. No quiero decir que, ojos que no ven, corazón que no siente. Lo que quiero, lo que me gustaría, lo que creo que debería hacer un mundo civilizado, es proteger sea como sea a los más pequeños. Ellos son vulnerables. Ellos no deben sufrir ni la maldad, ni la injusticia, ni el frío, ni el hambre porque son todavía muy pequeños. Deberíamos protegerles de alguna manera.
Y la solución no es sólo darles monedas. Ni mantas. Que también.
La solución, desde mi ignorante punto de vista, es atacar el problema de raíz. Porque, presiento que muchos de esas familias que estaban en la calle eran refugiados.
¿No puede Europa ponerse de acuerdo de una vez por todas para, si no solucionar, sí paliar el problema de estas familias?
¿No puede parar nadie la guerra en Siria?
¿No puede acabar nadie con la incultura y la falta de recursos que lleva a la gente a cometer actos atroces que al final, terminan pagando no sólo las víctimas, si no también otras muchas personas que son tratadas injustamente por la desconfianza generada y justificada?
¿No existe ningún ministerio que por el momento, acoja a esas familias que mendigan por las calles de París?
¿No existe en París una ley que prohíba la mendicidad con niños no para que los turistas no les veamos, si no para que esos niños sean protegidos y sacados de las calles?
Los adultos somos adultos y seguro que nos merecemos todo lo que nos pasa. Pero los niños no deben pagar por nuestros errores. Ellos no.