miércoles, 30 de marzo de 2016

De vuelta y a vueltas con el cine.


Pues después del parón semanasantero durante el cual he disfrutado de todo un poquito, desde un viaje con niños a Cartagena hasta una gripe que me ha metido en cama después de unos veinte años sin poder conmigo, aquí estoy de nuevo para volver a daros la plasta y a contaros cosas banales y sencillas que nos hagan pasar un ratito agradable.
Tengo pensado poneros al día de varios temas que pasan por ese viaje con niños a Cartagena que os contaré con detalle el viernes, por un evento al que me invitaron y que se llamaba “Mujeres sin filtros” en el que se nos contaba el perfil de la mujer actual y, por varias películas vistas tanto en el cine como en casa.
Y hoy, como buen miércoles día del espectador en los cines (al menos, antiguamente), os hablaré de dos películas: Truman, ganadora del Goya a la mejor película 2016 y que compré en DVD y, Batman vs. Superman: el amanecer de la justicia que vimos en el cine durante estas vacaciones.
Empecemos por Truman.
Truman es un perro precioso que vive con su dueño (Ricardo Darín) que está enfermo sin remedio porque él mismo ha decidido no seguir “aplicándoselo”, que vive en Madrid y al que le visita su amigo del alma (Javier Cámara) que vive en Canadá para intentar hacerle cambiar de opinión sobre el fin de su tratamiento pero que, sin conseguirlo, le acompaña en el amargo trago de ir dejando todas las cosas de su vida organizadas y despidiéndose de las personas a las que quiere.
Es una película dirigida por Cesc Gay y que yo estaba deseando ver.
Y me gustó bastante. Sólo a mí también he de confesar porque mi madre y mi hija que la veían conmigo, coincidieron en que era muy, muy lenta.
Y, como digo, me gustó. Bastante. Pero con un pero. Que ya sabéis que soy porculera y picajosa. No entendí el kiki. El polvete entre el personaje de Javier Cámara y el personaje de mi tocaya Dolores Fonzi que hace de prima que cuida de Ricardo Darín.
No lo entendí porque no viene a cuento. Tomás (Javier Cámara) está felizmente casado en Canadá y la prima, no se sabe. No aporta nada a la trama de la película. Tiene lugar casi al final. Cuando todo el bacalao está partido. Hubiese dado igual que echaran el polvete que no. No cambia nada del guion.
Tampoco es un polvazo. Me explico: Javier Cámara me encanta pero su cuerpo (ni su culo) es el de Brad Pitt, lamentablemente. Y la postura es un misionero rancio. Ni salto del tigre. Ni amor apasionado. Ni romántico. Ni velas. Ni nada. Nada.
Entonces, ¿a cuento de qué?¿Es esa teoría de que una película española siempre tiene que tener sexo para triunfar? Me niego a pensar que es por eso.
¿Alguno habéis visto la película? ¿Me podríais explicar el por qué de esa escena? ¿Tuvisteis la misma sensación que yo?
Y luego, una peli algo más familiar, “Batman vs. Spiderman: El amanecer de la justicia”
Batman v Superman: El amanecer de la justiciaPues eso. Batman interpretado por un madurito Ben Affleck con un dorso excesivamente desarrollado para mi gusto frente a Superman interpretado por un jovencito y guapo actor desconocido (para mi) Henry Cavill que se pelean por malos entendidos y por no pararse hablar un momentito, olvidándose de verdad de quién es el malo de la película, un melenudo (y feo) Jesse Enselberg.
Vamos, que si queremos lo podemos trasladar a nuestro circo político en el que Batman interpretado por el madurito Rajoy pero sin musculitos lucha por pactar con el guapete SúperSánchez que hace oídos sordos mientras se deja enbaucar por un melenudo Pablo Iglesias. Sólo me falta el papel de Albert Rivera que, transvestido, bien podría ser la guapa Amy Adams en el papel de Lois Lane enamorada hasta las trancas de SúperSánchez al que ayuda a encontrar de nuevo, el buen camino.
Veremos si nuestro “Amanecer de la justicia” tiene tanto éxito (o no) como la película de la Warner Bros.
En el mientras tanto, os dejo con vuestros pensamientos y quehaceres y os emplazo al viernes donde os contaré el viaje a Cartagena con los churumbeles. Bye.

lunes, 14 de marzo de 2016

¡NO QUEPO EN MI DE ORGULLO!

Hace más o menos un año, tras comprobar al ponerme el traje para una boda como me había convertido en chorizo con el consiguiente cachondeo familiar, decidí que iba a perder esos cinco (o seis) kilos puñeteros que me había cogido en los últimos años y que no quería conmigo ni un minuto más.

Para ello, me puse a régimen con una nutricionista que, por supuesto, me recomendó ejercicio o "ejernicio" como le llamaba mi hija cuando era pequeñita y adorable y no una pavoncia adolescente.

Llevo siete años en Pilates pero, claramente, eso endereza mi espalda, medio endurece mis músculos y estira la tabla de planchar (por lo de dura digo) que es mi cuerpo. No me llamaron el día que repartieron la paciencia pero claramente, tampoco asistí el día que decidieron quién sería elástico y quién no.

Total, que una que es muy inteligente se da cuenta que cuando la nutricionista dice "ejercicio" se refiere a que queme calorías y que sude. Tal cual.

A mi espíritu no me falta y optimismo tampoco. Así que, decidí correr. No para tener sed. Ni para huir de nada ni de nadie. Para quemar los kilos. Para superarme. 

Y, un buen día, empecé. Poquito a poquito. Cada mes un poquito más. Iba que echaba el higadillo por la boca. Me ponía música pero, al minuto de empezar, ya estaba para que me diera algo. Pero seguí.

Poquito a poquito.

Llegó el verano y con una loca de la colina, seguimos corriendo poquito a poquito. Y me compré unas zapatillas de las buenas y bien fosforitas. Y unos pantalones cortos. Y un top. Sí, un top. ¡La pera!

Y después septiembre. Y me vio una vecina al trote cochinero y le conté que había empezado a correr y que ya conseguía ir de plaza a plaza. Unos tres, cuatro kilómetros como mucho.

Y se animó a correr conmigo. Y me enseñó a correr. Y pasamos al parque y, dándole al palique con ella y más amigas suyas, conseguimos llegar a los cinco kilómetros.

Poquito a poquito.

Y seguimos corriendo después de Navidad para bajar los polvorones. Y seguimos dándole a la lengua mientras corríamos. Y llegamos a siete kilómetros.

Total, que va mi vecina y me dice, "el trece de marzo hay una carrera en Aranjuez de ocho kilómetros. ¿Nos apuntamos?" Y yo en mi línea, "¡pues claro!"

Y me compró unas mallas grises y un cortavientos naranja fosforito, también. ¡Con esos colores no te pierdes aunque quieras!


Y ayer domingo, trece de marzo, poquito a poquito, corrimos ocho kilómetros. ¡Con dos! Con ese número tan erótico que me tocó en el dorsal dándome suerte. Y yo volví a engordar pero ¡de orgullo!

Si alguien me dice hace un año que yo voy a correr ocho kilómetros por gusto, le pongo cara de "¡a ti se te va la olla!" Y si, además, me dice que lo voy a disfrutar, los ojos se me hubieran salido de las órbitas y la carcajada se habría oído en todo Madrid. 

Pero, lo hice. Y ahora que estoy bastante chulita y subidita, me comprometo a correr otra carrera que hay en junio de diez kilómetros. Que yo cuando me pongo, me pongo. Y cuando me remango, me remango. 

Y que se preparen los de Nueva York...

sábado, 12 de marzo de 2016

COMIENZA LA TEMPORADA 2016 DEL MOVIMIENTO MARUJA.

¡Qué ya lo echabais de menos, eh! Pues tranquilos todos que ya estamos aquí. Nos ha costado ponernos de acuerdo con las fechas que las "marujas" están liadas y estresadas pero, hemos querido encontrar un huequito para poneros en marcha y disfrutad como sólo sabe hacerlo el ¡Movimiento Maruja!

Últimamente, estamos bastante identificadas con las exposiciones temporales que prepara el Museo Thyssen. Y esta última, no podía ser menos: Realistas de Madrid. Así se titula la exposición en la que se pueden admirar obras del gran Antonio López, María Moreno, Isabel Quintanilla, Francisco López, Amalia Avia y Julio López.

A mi, particularmente, me encantó. Me gusta muchísimo el realismo y Antonio López me chifla.  A los otros pintores no les conocía pero realmente me gustaron mucho las mujeres y Julio López en sus esculturas. Sobre todas ellas, la de "El Alcalde" que parece que va a echar a andar a la que te das la vuelta. O la de su hermano, Francisco López, "Nina sentada" que produce una serenidad increíble.

Pero me estoy adelantando. Porque no os creáis que no desayunamos. ¡Faltaría más! Desayunamos en la gloria y dándole al palique, como no podía ser de otra manera, en el restaurante de moda Ultramarinos Quintín. 

Quintín está situado en la calle Jorge Juan, 17 calle magnífica de Madrid donde además de encontrarse en un entorno envidiable y muy cerca de El Retiro, el Museo Arqueológico, la Biblioteca Nacional, la calle Serrano conocida como la Milla de Oro por sus tiendas de lujo, puedes encontrar muchos de los mejores restaurantes de la villa y corte.

Fuimos comedidas en el desayuno pero si quieres tienes hasta, ¡huevos fritos! que yo me hubiese comido tranquilamente. Pero la operación bikini manda y me tuve que conformar con la barrita de pan integral y tomate. Igualmente, estaba deliciosa y la disfruté muchísimo.


Quintín es también un restaurante excelente para comidas y cenas pero tienes que coger mesa con antelación porque es uno de los restaurantes de moda de Madrid y está siempre hasta la bandera. El lugar lo merece por su decoración colonial y su excelente comida y servicio.

Tenemos previsto que el próximo Movimiento Maruja sea más castizo y esperemos que con mejor tiempo. Aunque visto lo visto, con este tiempo loco, lo mismo llega primavera o verano y estamos con la bufanda y las orejeras.

Ahora os dejo con fotos de las obras que más nos gustaron. De verdad, si podéis visitad la exposición. Y si podéis también, id a mediodía porque tuvimos que verla sólo en una hora y medio pegándote para ver las obras por la mala educación de la gente. Había muchísima y algunas deciden que sólo ellas pueden verlas bien. Se acercan de tal manera a la obra que el resto no tiene más remedio que ver su horrendo cogote distorsionando tanta belleza. ¡En fin! ¡Es lo que hay! ¡Por desgracia!

Disfrutad.

"Gran Vía, 1 de agosto, 7.30 de la mañana" de Antonio López

"El Alcalde" de Julio López

"La habitación de costura" de Isabel Quintanilla
"Nina sentada" de Francisco López. Foto vía www.europapress.es

miércoles, 9 de marzo de 2016

"SPOSES AND OTHER SIGNIFICANTS"


¡Qué titulito, eh!
Pues es así como nos llaman a “las esposas y otros acompañantes” en el evento de empresa por el que fuimos mi marido y yo a París.
Es una historia que quería haberos contado antes pero, no hay mal que por bien no venga, y que mejor día para contarlo que el famoso Día de la Mujer (lo de trabajadora me lo evito que me toca las narices).
Yo creo que ya os he hablado más de una vez de que no me gusta la celebración de este día con la coletilla de “trabajadora” porque ya me diréis qué mujer no trabaja. Dentro o fuera de casa. En el campo o en la ciudad. Joven o mayor. Todas trabajamos y mucho más que los hombres.
Ahora sólo queda que nos lo reconozcan. Y no con flores (qué también que soy hermana de florista). Con el mismo salario que ellos. Con las mismas oportunidades que ellos. Con los mismos deberes y obligaciones. Ni más ni menos.
Y tiene gracia que os hable de lo de “mujer florero” en este día. Aunque lo publique mañana miércoles. Os lo cuento hoy, 8 de mayo.
Eso es lo que hice (y muy bien) en París. Fui “mujer florero”. Fui “spose”. Y no me preocupa. Lo hago con gusto. Acompaño a mi marido contenta. Y si me invitan a París, más. Si me invitan a donde sea al nivel que me invitan, soy “mujer florero” profesional. Sin complejos.
Y si además, para rematar el evento, trajeron a Keith Urban (mi primo del extranjero) a que nos cante, ¡pues mujer florero orgullosa y feliz!
¡Qué simpático el muchacho! ¡Qué bien canta! ¡Qué bien dadas las mechas! ¡Qué cercano! ¡Qué bueno está!
No tuvo problema en subir a alguna “loca” al escenario con él. Ni reírse con todos. Ni siquiera se molestó cuando, a voz en grito, le preguntaron que dónde estaba su mujer. Contestó educado y agradecido. 



Fue un inmenso placer. Así que esta “spose” se lo pasó bomba y bailó lo que pudo. Que si hay que “trabajar” de florero se trabaja. Que soy mujer. Mujer con mayúsculas. Mujer orgullosa. Mujer y madre. Mujer y esposa. Mujer y… trabajadora.
P.d.: hoy miércoles estamos de Movimiento Maruja (manitas aplaudiendo) Así que, no os lo perdías que en breve os cuento.

miércoles, 2 de marzo de 2016

PARÍS NO PUEDE PERMITIRSE ESTAS IMÁGENES.


Ni París, ni ningún otro sitio. Aunque sea el pueblo más recóndito del lugar más alejado del planeta.
No debemos aceptar estas imágenes como normales. No debemos asumirlas. Ni justificarlas. Ni sufrirlas.
Porque no son normales. No son justas. No son aceptables.
Son terribles. Descorazonadoras. Frustrantes.
Todavía recuerdo cuando era adolescente e iba en el Metro de Madrid y podías ver a esas mujeres con niños que ahora sabemos que estaban drogados pero antes, en mi cabeza sin amueblar, pensábamos que dormían demasiado, pidiendo. Mendigando.
También recuerdo con mis hijos pequeños y ya con una ley en Madrid que prohibía la mendicidad con niños como, en un Mcdonald de Alicante, perdí el apetito cuando unos niños se acercaron mendigando dinero y comida.
Y, también se prohibió al poco tiempo.
Pero, el otro día, al llegar a París y descubrir esto, se me cayó el mundo de nuevo a los pies. Hicimos sólo unas pocas fotos por pudor y por respeto. Pero, quería mostraros lo duro de estas imágenes.


Es terrible. Familias enteras con bebés y niños muy pequeños envueltos en mantas, tirados mendigando por las calles de París.
París. El colmo del glamour. El centro del lujo. La capital del amor.
Y ahora, cubierto por mantas que tapan pequeños cuerpos.
No se trata sólo de no verlo. No quiero decir que, ojos que no ven, corazón que no siente. Lo que quiero, lo que me gustaría, lo que creo que debería hacer un mundo civilizado, es proteger sea como sea a los más pequeños. Ellos son vulnerables. Ellos no deben sufrir ni la maldad, ni la injusticia, ni el frío, ni el hambre porque son todavía muy pequeños. Deberíamos protegerles de alguna manera.
Y la solución no es sólo darles monedas. Ni mantas. Que también.
La solución, desde mi ignorante punto de vista, es atacar el problema de raíz. Porque, presiento que muchos de esas familias que estaban en la calle eran refugiados.
¿No puede Europa ponerse de acuerdo de una vez por todas para, si no solucionar, sí paliar el problema de estas familias?
¿No puede parar nadie la guerra en Siria?
¿No puede acabar nadie con la incultura y la falta de recursos que lleva a la gente a cometer actos atroces que al final, terminan pagando no sólo las víctimas, si no también otras muchas personas que son tratadas injustamente por la desconfianza generada y justificada?
¿No existe ningún ministerio que por el momento, acoja a esas familias que mendigan por las calles de París?
¿No existe en París una ley que prohíba la mendicidad con niños no para que los turistas no les veamos, si no para que esos niños sean protegidos y sacados de las calles?
Los adultos somos adultos y seguro que nos merecemos todo lo que nos pasa. Pero los niños no deben pagar por nuestros errores. Ellos no.